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Teatro RA el fTuio más apropiacJo para emprenideí la vuelta al re o, que Díiora se llarna- renlr e- y para combalir sin coniempracK) nes lo qus un faudable alSn de eíactilixi denon na sindrome (más prec mente. síndrome de la- renirée- cusí se le daba antaño el nornbre rnespecffico d 6 pereza. Porque un ¡arda mi madrel es la Torrnulaciíjn mñs esponiánea y directa def tropel de desagrados que se recuperan al volver. No es que se haya dejado una Arcadia, a es una playa lo qua ce ha dejado; pero lo parece apenas se sume uno en el primer atasco por Torrejón. y se va obligado a pensaren lo que aguarda Entre otras cosas, ir al teatro plazca o repela la oferta. Por eso, me he propuesto entrar por to agradable y tádl, para Ir graduando fa cuantía del esluetzo Un estreno de Alonso Mitlán garantiza escaso trabap meníal, alicienieíj contemplativos y risotada frecuente, que puede parar en carcajada Idjubiéiitl año pasado rompí fa temporada con su funcfón Cuéntalo tú. que tienes ÍMS grsc s. y me salió muy bien. Era prudente, pues, repeÜT can el mismo autor y parle de los principales intérpretes. He tenido menos fortuna: el Ululo mismo resulla de un esfuei 20 m flojo. Etlo no quiere dedr que escaseen los pretextos para reír, ni que la satisfacctón visual sea menor: feta íia aum iado. Pero el autor ha pensado las cosas con más laxitud, se l a conformado con menos, y hace entrar la risa dernasiadas veces por las placetas de los pies. No faltan, claro, fas réplicas ingeniosas, que exciten desde oirás regiones menos surefias, pero abundan más las meras cosquillas, iunto con refereiícías a personajes y sucesos actuales, que denuncian lo cono del intento. ¡Anda mi maúref repite la t 6 nnula de tratar, en sendos actos, tres aspectos de una misma cuesttón diferentemente ambientada. Y Juarjo Millán- ío señala con autoridad López Sancho comentando en ABC el estreno- no se equruoca al acudir a (emi víVos. y aún muy 12 E Por FERNAMDO LÁZARO CARRETER entra una si ve y fácil sátira de gunillismo La vieja es aquí una s íVarona, LJH Muran, adulada mientras t ¡ene la ifave del dinero fa ibliar. pero expelida apenas lo aílf a. La gracia del retabiiíb se confia a su trans ormacion, ya desposeída del parné, en una ChavaliHa minrtaldera y estridente, V en la capacidad de la notable actriz, para bailotear por la escena, a sus aAos Otra vez, recursos ílsicos para hacer reir, aunque esta vez. de modo nada grato, SÍ se es sensible Como remate. Anal la Gadé ujriijjdieuy yii tMuíi apuitíUbíí; cctfi un desiuml ante vestido blanco, para que nadie olvide que tamben los tiene, y que Sigue tan Anaila. p e a los arxlrajos que ha del ldo exhibir por engáñelas del arte, Mo me parece aven! uraoo afimar que Alonso Millán posee, desde hace al os, el talento m teatral que luce en nuestros escenarios- Teatral no signiíica literario, ni sutil, ni refinado; pero sf capaz de prender el público a la escena y tenerlo sujeto a ella de pnncipio a fin, con invenciones graciosas, réplrcas inteligentes y situaciones que. a veces, rozan lo temerano, pero en que suelen vencer la gracia y la audaciaTengo, sin embargo, la impres ón de que ha ido destensando poco a poco ese alentó, y cediendo ante estímulos menos exigentes, sumándose a la trivialidad que hoy anega el mundo del espectáculo. Me atrevería a pedirle- pero ¿es ya posibfe? que regresara a a i atrás, cuando imjmpiü en la escena huTTKirística con gesto tan resuelto e inconform ¡sta, que escribiera otra vez como si estuviera empezando En iMda mi madref, no faltan ocasiones que lo recuerden, y eso tiasta para presenciar la luncdn con agrado, y aun con regocrio Pero se le cuela demasiada astracán, y confia demasíacTo la eficacia al juego corporal de los intérpretes- gestos, atuendo, lumbagos, ostensión y cosas asi- reduciendo el propiamenla teatral de la palabra: es camino que c- oEw) uco con peligro hacia s carpaoel- nigh! -ciub. ¡ANDA MI MADRE! I vivos, en la sociedad presente, para denundarlos, o. simplemente, mostrar su faz risible, que es un modo de obligar a veríos. En este caso, el de los viejos que mdestan, a los cuales se aplica o intenta aplicar el ideal consumííila da í d y tirar. Los actos presentan sucesivamente la situación en Tres casase indigenie, para empezar por lo bajo; de medkj pelo la Siguiente, y de un imDécíi déla jet- la última. En la primera, ía vieja- porque en el Mufíoz Seca sólo sobran viejasestorba a fa manceba de su hijo, el cual purga pena en AlcaláMeco; en la segunda, a su nuera, y, por lin, a su hrja en la tercera. La pédidg egoísta es siempre Anatla Gadé, y sufren su afán eliminador fres notables actnces cómicas; Gracita Mor es, Margarita García Ortega y Lili Murati, El primer acto es, cc mucho, si mus audaz, con su decorado misérnnxi, SU vestuario de harapos, y su sduciún que bordea el crimen: no anda lejos del hurnor cúrvido que Afonso Millán ha cultivado con bnllantez en tantas ocasiones. Ai iía Gadé no vacila en encajarse un atuendo pavoroso, con ortopedia incluida, para hacer frente a una elicaz Gracíta Morales, tan suya como siempre, pero certera en las réplicas y graciosa de veras. El autor apunta u estupenda aptitud para el saínete cómicti, género en que nadie le aventaja. Ignacia. la senecta que lia porros para la venta al por rrjer or. y Siente orgulEo de los progresos que hace su meta en su carera hacia el tráfico, constituye un estupendo hallazgo. Cambia el panofama en el segundo acto, el de ia clase media según el autor, de todas las ocurrencias suyas que recuerde, ésta me parece la menos tograda AnalfaGadé, obstinada en protjar que puede ser la mujer peor vestida en un escenano, para dar risa as (y no es sistema) hace de mesúcrata con lentülas. alanada con preparar una cena importante La suegra Nazaría lo hecha todo a perder con vetustas torpezas que lodos padecen, invitados incluidos, en un ir y venir de catástrofes circenses, que acaban con María L u- Bemal y Carmen Roldan exhibiendo la majestuosa intimiaad de su lencería, sin que se arredre- quiero decir qu qiiRda en meros calzoncillos- José María Otero, La admirable Margante García Ortega resulta absolutamente desaprovechada por aljneaciiyi y alienación indebidas. Sólo el final, aquel dedo guardado en el fngoríEico, recuerda al autor de empefios más felfees B tercer acto se levanta sobre la caída anterior, no mucho pero sf algo. Ya saie Anana vesiida de Analia, aunque hacieJtdtj dtí estrella del Hola, con lo cual
 // Cambio Nodo4-Sevilla