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otras diferencia P o r m sin pen ar en otras condicionen, pendimos cu J tortor Irigoyen utra vez, la chinda, puesto en U primer magistratura de pal? y con tal motivo recordamos la c cctui prep, irada juTa recibir al infante de España don Fernando de Bayicrn cuando estuvo en Unenos A i r e U ciudad más importante de cuantas u- an el idioma español. Acabábame de realirar una espléndida y emocionante excursión al través de Chite le recorrimos de Norte a S u r estuvimos en A r i c a Iguique. AtrtoíajjaStd; nos alomamos a la r e p o n salitrera; visitamos V a l paraíso, Santiago, iundts eapléndidos y poblaciones tan interesantes comn Kancagjia, San Fernando, Curicó. Unión, OsornO, parándonos en on, Valdivia, pa- ando ¡urgo a Puerto Montt, recorriendo los canales patagón! coi, hasta dar en Punta Arenas, frente a T i e r r a del I uego. en la población naciente. llamada ahora Magallanes, y disfrutando especticulri y emociones hondo e imborrables. Cumplida nuestra m i kiór: de inaugurar d monumento dedicado al intnurta! nauta, y despuc de haber recorrido el Estrecho, nos apretamos, y a en la capital d e j a República A r g e n t i n a i saludar al precidente. E l infante D Fernando, acompañado por el embajador, señor marqués de Amposu y mí modesta persona, fuimos recibido: aín pompa de ninguna clase, según nuestro gusto y también el del personaje a quien w ofrecía tal atención. E l infante da constantemente prueba de sencillez, y tuve mucha ocasiones de comprobarlo en aquel viaje, que traigo a la memoria con frecuenc i a pues no cabe demostrar insensibilidad deipuéí de! o ¡meses empleados en la contemplación de parajes, costumbres y escena! en realidad dignos de recuerdo y estudio. E n la salutación del infante D F e r nando al doctor Irigoyen fué tema general d de España. E l recuerdo de su hiitoria, la magnitud de su grandeza, sonaren con frecuencia en la conversación, r fué aquella mañana cuando principiaron tos rendimientos que procuré demostrar después refiriéndome a quien se encuentra al frente del hermoso país que baña el río de l a Plata. Irigoyen, de origen vasco, no estuvo nunca en España, y sin embargo, a cuanto: 1 hemos oido expresarse nos parece que en m i palabras, en su pensamiento y en su corazón hay resonancias electivas del suelo híspano. E l ve a España, parece contemplarla, dedicándole atenciones extremosas, delicadezas íntimas. Dirigiéndose al infante D Femando, tuvo tasgo i y pareceres que no aprenden n i estudian, pues brotan del fondo del alma como expresión de convencimieníes arraigados. Quien ha presidido dos veces la nación hermosa, llamada papel síngurlsimo en cuanto usan la l n g u a d e 5i r su grandeza a nrepresentareprescindirCerrante no puede, i quiere, del r verdo del terreno dondr nacieron sus abuelos. Acaso, según dije en otra ocasión, no desea aparecer como intérprete de opiniones ajenas. Tiene propias, las características de su condición, mostrándose en ellas tal cual es. Espíritu recto, sin otras flexibilidades que las ordenadas por el deber; firme con la firmeza del convencimient o alma la suya iluminada por mandatos efectivamente superiores, tal vea se considera aplicando di t r a i c i o n e s emanadas de quien todo lo puede y rige con fobcrana voluntad el universo entero. Por eso las palabras del doctor Irigoyen se escuchan siempre respetuosamente; expresan un sentido íntimo, fin alteraciones causadas por U pación, y por eso también nosotros escuchamos al primer magistrado argentino con el contento natural y a la vez periuadidoa de oír a quira era mensajero de la v c h d sin mezcla de! o dictado por; conveniencias o momentáneas, y pasajeras inclinadones EL P R E S I D E N T E D E L A REPÚBLICA ARGENTIXA DON n i P O L M O IRICOVEN, QUE INSTITUYO E N SU PAÍS, CON CARÁCTER OFICIAL, L A FIESTA D E LA A A PARA CELEBRARLA E N ESTE MISMO DÍA EVOCADOR D E L 12 T F. OCTUBRE, ANUALMENTE docta! A oua coocurre España, descubridora del nuevo continente, acompañada por b u otras naciones de América, donde b r i lla la grandeza conseguida con su esfuerzo, pero a l a cual llevamos los gérmenes de sus actuales poderlos. L o a esplendores presentes no conducen al olvido de las grandezas iniciales, repitiendo una vez más que las empresas acometidas por loa españoles no fueron de pura ambición, sino empleadas por idealismos avasalladores, gracias a los cuales descubrimos, conquistamos, exploraE n ese sentido tomamos nosotros cuan- mos, civilizamos inmensas tierras, conterato K dice al llegar la fecha de boy. P o r lo pladaí ahora por nosotros eos admiración mismo, aplaudimos el rasgo del doctor I r i- y coa orgullo Ratificamos entonces la persuasión de que goyen, y a la sazón declaramos, ademas, que J KLAJÍCOfi R O D R Í G U E Z l a orden estableciendo para, la República K U d una. fiesta, de carictaT. Argentina como fiesta el ra de octubre; no prevenía de actitud impremeditada; nació del fondo del corazón, y asi se comprenden los términos calurosos del decreto. N o es su prosa formularia; tiene expresiones vivas d d convencimiento, y obre todo, parecen sus cláusulas acentos de madres dispuestas a aspirarse en afanes espirituales, con lo cual no merman, al revés, las rouuilctnt, mlwotie de cada nación pata gloria de la vieja puesta al cabo occidental de Europa.