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La amatista del prelado. -Entre los millares de aragoneses y forasteros que estos días pululen por l a plaza del P i l a r serán m u y contados los que sepan que para iniciar el vasto y bello cuadrilátero, antesala de la Basílica, hubieron de reunirse cierta vez, e a una m i s m a diestra venerable, l a amatista del prelado y el pico del bracero. E n tiempos, los aledaños del P i l a r eran u n dédalo de callejuelas angostas. P o r ellas a n d u v o D Francisco el de los Toras entregado a locuras de juventud, alguna de las cuales obligóle a huir de Z a r a g o z a de noche y c o n s i g i lo para no caer en manos d t los corchetes. Antes aún, l a hoy plaza anchurosa fué una cadena de pequeños montículos, que le robaban a l templo espacio y perspectiva. P a r a ampliar la C a s a de la V i r g e n y para adecentar y embellecer sus accesos, fué preciso llevar a cabo unos desmontes. P e r o n o h a bía dinero con que terminar la obra. E r a por el año 1760. E l prelado que por aquel entonces regía la archidiócesis césaraugustana había hecho firme propósito de arrasar covachas y m o n tículos, que eran vecindad m u y poco digna del l u g a r sagrado. M a s sus prédicas y exhortaciones estrellábanse contra la penuria ambiente H o m b r e de temple recio y de carácter expeditivo, el arzobispo Pérez írazel resolvió c o n fiar el éxito de su empresa al soberano predi- MONUMENTO A AGUSTINA D E ARAGÓN, OIíRA DE BKN LLJUKK Desde anteayer, cuando, a l crepúsculo, se cantara la salve, primer acto solemne de las fiestas, hasta hoy, y a anochecido, cuando el último farol del Rosario vuelva a l a Catedral, una muchedumbre heteróclita pululará en el amplio y helio cuadrilátero. Antes del alba, a l a misa de Infantes; a m e d i a mañana, a las fastuosas solemnidades l i túrgicas; al caer l a tarde, a tomar puesto para presenciar l a procesión del 12 y el r o s a r i o del 13, y ver pasar a l a V i r g e n querida y saludar su paso con las más pintorescas m a nifestaciones del fervor ingenuo. Y a cualquier hora, a estar cerca del t e m p l o a no perder de vista su silueta; a sentirse bajo el ala de l a V i r g e n chiquita, madre que escucha sonriente tedas las confidencias y alivia todos los pesares. S o n en su majroría, gentes humildes de l a provincia y de l a región, que aparecen en Z a ragoza el día 11, y desaparecen el 13 por l a noche, en desbandada súbita. C a r a s nuevas, vitolas extrañas p a r a las palomitas de todos, que desde ios aleros y las c o r nisas del templo contemplarán el abigarrado gentío c o n los ojos mansos llenos de estupor. Y luego, bocinazos de automóvil, rodar de cohes. chasquido de cohetes, estrépito v o c i n glero de las campanas, marchas militares... M a l o s malos Has p a r a las palomas, acostumbradas a l a paz silente de los jardines, en d o n de juegan con los niños a quitarles de l a boc. i los rubios granos de maíz. MONUMENTO A LOS SITIOS, OBRA D E OCF. ROC