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J. ya xvcijia, xa íiuirfs apiftiuie y lonui- cantes en el verano de la vetusta ciudad se embalsamaron con la perfumada lozanía de nuestra azucena eucaristica en el retiro espiritual de un monasterio excelso. Fué el de Santo Tomás, donde la Reina gozó y lloró. Gozó los deliquios de una conquista sublime y lloró la pérdida irreparable de su primogénito vastago, bajo aquellas naves sepultado. Alegría sana y dolor punzante, los contrastes de la vida, que enseñan la verdad del camino que conduce a Aquella, vida de arriba, que es la vida verdadera, que expresó otra azucena de la tierra de los santos: Teresa de Jesús. CAPILLA DONDE ISABEL I JURO COMO PRINCESA LOS PRIVILEGIOS D E LA CIUDAD D E AVILA TRONO D E LA CATÓLICA REINA E N E L MONASTERIO D E SANTO TOMAS, D E AVILA L a Reina santa se recogió espiritualmente bajo las naves del monasterio en un trono de afiligranada talla, búcaro gentil en el que se fué extinguiendo materialmente la azucena en el ambiente piadoso en que el aroma de su alma se elevó hasta Dios. Y que Dios la atendía solícito como a flor elegida, flor de santidad, lo dicen testimonios innúmeros. No. sólo el de E l laurel de Zubia que el ejonplar sacerdote D. Mariano Guerras trae como tema de su articulo en El Diario de Avila excitándonos a escribir éste. E n la capilla de Mosén Rubí, de la EL CRISTO T E LAS, BATALLAS, OUE SF V E ciudad de los santos, existe la veneranda NERA E N E L CONVENTO D E MCSEN SUBÍ imagen de un Santo Cristo. Hacíala llevar la Reina en todas las fuerzas y batallas y dice la crónica del convento de Dominicas de Aldeanueva que a su continuo y milagroso patrocinio debió sus mejores conquistas Como la imagen del Cristo de la Vega, de Toledo, quedó con el brazo descolgado al jurar, también ésta, que la Reina llamó el Santísimo Cristo de las Batallas, aparece con la boca entreabierta desde que, según la tradición, pronunció, al invocarle en una memorable jornada bélica, las palabras: N o es necesario otro socorro estando Y o aquí. Santa tenía que ser la Reina que tanto consiguió de Dios y estuvo en comunicación con E l porque supo templar su espíritu en la robusta fe de las mansiones cristianas de la tierra de los santos. Santa, como Teresa de Cepeda y Ahumada, su conterránea, que también se comunicó con Dios en la misma tierra privilegiada. Justificado está que las mujeres españolas y americanas la quieran llamar Santa Isabel de Castilla. Y que la tierra de los santos se engría al ver aumentada su gloriosa pléyade con uno más. J. M A Y O R A L FERNANDEZ (Fotos M a y o r a l E n c i n a r
 // Cambio Nodo4-Sevilla