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EL EDIFICIO D E L A TELEFÓNICA DOMINANDO LOS TEJADOS D E L CENTRO D E MADRID mes de! peso de mi cuerpo, y teniendo en cuenta la multiplicación de la velocidad de todo cuerpo lanzado al espacio, tardaré en llegar al suelo... ¿A ver, a ver? Si los setenta y cinco kilogramos recorren en un segundo los dos primeros metros y su velocidad se acelera uniformemente a razón de un cincuenta por ciento... ¡Diablo! He aquí los inconvenientes de elegir rascacielos para estos cálculos... ¿H e dicho rascacielos? LA AVENIDA DE PI Y MARGALL. DE LA PRENSA. A Pero... ¿acaso hay rascacielos en Madrid? vista, Congreso y Hospital, que tiene en. su No nos hagamos ilusiones, y sírvanos de centro, como paisaje, el Parque de Madrid. consuelo el saber que este es un país más Contemplemos el lado contrario, la Latina, Palacio y Universidad, y en este otro abaalto de techo que aquellos en que las veletas horadan las brumas. Y finalmente, si v i- nico la estación del Norte, que, por cierto, vimos bajo el cielo más maravilloso del está al Oeste, y el Parque del Oeste, que mundo, ¿qué necesidad tenemos de ras- está más al Norte. carle? Avance m á s el busto en el espacio; lan ¡Acabemos! Veamos por última vez el cemos una última ojeada a la lejanía... abanico que forman los distritos de Buena- ¡Adiós, M a d r i d! ¡Hombre! ¡San Francisco el Grande! ¡S í! Aquella es la frialdad de su cúpula. Y el suicida ha experimentado la alegría de identificar un edificio por su remate, alegría que sólo pue 5 den comprender los que han permanecido una hora contemplando la aglomeración de tejados de una ciudad trattandto inútilmente de reconocer algo. Y a la identificación siguen otras al través del bosque de pararrayos veletas, antenas, etcétera; las tor- res cuadrangulares de San Isidro, las dos de empizarradas flechas del ministerio de Estado, la pobreza arquitectónica de la de Gobernación... Más cerca, las severas y desmanteladas terrazas de los edificios oficiales y las alegres azoteas de los particuüares. E n una de ellas, una señora que por su elevada poSOBRE E L FONDO EL ARBOLADO, DESTACÁNDOSE POR SU ALTURA, E L PALACIO sición se cree a hurto de miradas indiscretas, LA IZQUIERDA, ESFUMADO POR aj ¿iiil i REAL T T T r