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A B C. D O M I N G O 13 D E O C T U B R E D E 1929. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 24. Seguidamente organizóse la comitiva, que se dirigió: al altar mayor, ocupando cada cual sus, respectivos asientos: a la derecha, Leh el presbiterio alto y bajo dosel, Su Eminencia, y a la izquierda, el Cabildo Catedral y los beneficiados; en el presbiterio bajo, a la derecha, ocupando sendos sitiales, SS. AA. -RR: y a Ja izquierda, el general Primo, de Rivera y elemento oficial. Discurso del infante En medio de un silencio solemne, el infante D. Carlos leyó el siguiente discurso: Excelentísimo señor. Reverendísimo y eminentísimo señor Honrosísima misión es la que me ha confiado S, M el Rey, al ordenarme que ostente su alta representación en esta ceremonia y es muy grande mi satisfacción al cumplirlo así, no sólo por el alto honor que ello supone, sino también por tratarse de un homenaje al excelentísimo señor presidente del Consejo de ministros y al eminentísimo e ilustrísimo señor cardenal arzobispo de Sevilla, ilustres personalidades, a las que me unen lazos de profunda veneración- y cariñosos respetos a la una y de gran afecto, compañerismo y agradecimiento a la otra. E l título de la condecoración que voy a imponeros, evocando el nombre de aquella Reina, grande en todos sus aspectos, y que fué sobre todo la que con sus iniciativas y aprestos dio al mundo este otro mundo que hoy vemos aquí tan dignamente representado por nuestros hermanos de America; el marco incomparable de Sevilla, tan unido a los primeros viajes de nuestros descubridores, la fecha de hoy; en que celebramos la Fiesta de la Raza, y el momento de esta Exposición, que ha servido y sirve para estrechar los lazos. de afecto e interés con los pueblos que de nosotros nacieron, son una serie de coincidencias felices, que se reúnen en este acto y que hacen nacer la ilusión y la esperanza de nuevos días de gloria, grandeza y ventura para nuestra querida Patria y sus hermanas de allende los mares. Yo pido a Dios que asi sea y felicito de todo corazón al general Primo de Rivera, por la recompensa que S. M el Rey le ha concedido, al tener la fortuna de haber coronado la obra de esta Exposición, que indudablemente lia de ser de gran trascendencia para la vida del país, sumando así un motivo más para el profundo agradecimiento que España debe al caudillo que, coronándose de gloria en las costas de A l hucemas, nos dio prestigio ante el mundo y devolvió la paz- y la tranquilidad a tantos hogares. M i afectuosísima felicitación también a nuestro querido y respetado cardenal arzobispo, que con su inagotable celo en el desempeño del sagrado ministerio, ha sabido fomentar un ambiente de fervor y de fe, que patentemente quedó demostrado en el inolvidable Congreso Mariano, que tan admirablemente supo organizar, reuniendo aquí a los representantes espirituales de toda América y que ha impulsado a los sevillanos a iniciar la idea de pedir para él la merced que S. M el Rey le ha otorgado. Saludo y doy las más expresivas gracias a los representantes de, Portugal y América, a las autoridades y a todos los que nos han honrado con su presencia, dando el merecido realce a esta ceremonia, y termino haciendo, votos por la prosperidad de España y del Rey. Terminada la lectura, el general Primo de Rivera prestó el siguiente juramento: Juro vivir, y morir en nuestra sagrada religión católica, apostólica romana; defender el misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen Maria; no emplearme directa ni indirectamente en nada contrario a la acendrada lealtad que debo al Rey legítimo de las Españas, D. Alfonso XIII, defender sus derechos y los de la nación, consignados en la Constitución de la monarquía, proteger a los leales y cuidar del auxilio de los pobres enfermos y desvalidos, singularmente de los individuos de la Ordei que hoy me admite en su seno. Acto seguido el Infante impuso al marqués de Estella el collar de Isabel la Católica. Ambos se dieron después los dos abrazos de ritual. Con la misma fórmula le fu impuesto después a Su Eminencia el cardenal Ilundain, cuyo anillo pastoral besó ti Infante, terminando la ceremonia con la, siguientes palabras de Su Alteza: Habéis sido recibidos en la Real Ordea Americana de Isabel la Católica, en premio de vuestra acendrada fidelidad y mérito, y llevareis siempre sus insignias como un público y permanente recuerdo de lo que dsbeis a Dios, al Rey, que tan altamente nos ha honrado, y a la Orden que acaba de duros este nuevo lustre. Salve y responso Después se trasladó la comtiva a la cabilla de Nuestra Señora de la Antigua, adornada de flores y resplandeciente de luz, donde se cantó una Salve, acompañada por la capilla musical de la Catedral, y a continuación se dirigieron todos al mausoleo le Cristóbal Coíón, ante el cual el arcipreste D. Nicolás Morgades entonó un soleime responso, terminado el cual las niñas y niños de las escuelas públicas, con sus banderas respectivas, y acompañados de los pro- AS i r e s s i f a n l o s raiefores s u r t i d o s e n n o v e t l a t l e s cíe O T O Ñ O- INVIERNO precios iradas b a r a t o i s Adíe. que óralos R EL G A L O S GRAN tocios l o s v i e r n e s VIA,