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Á B C D O M I N G O 13 D E O C T U B R E D E 1929. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 25. fesores, desfilaron ante el sepulcro del inmortal navegante, dejando flores. Sus altezas y el general Primo de Rivera fueron despedidos en la puerta del templo por el cardenal arzobispo y el Cabildo catedral. Al subir a los automóviles, el público volvió a ovacionarlos. Como estaba anunciado, a las doce en punto, comenzó en el teatro de la Exposición el acto en honor del Día de la Raza. El amplio local estuvo rebosante de público, predominando el bello sexo. En el escenario, sencilla y vistosamente adornado, tomó asiento la presidencia de la fiesta literaria. Presidió S. A. el infante don Carlos, quien tuvo a su derecha al presidente del Gobierno, general Primo de Rivera; embajador de Cuba, Sr. García Kohly; director de la Exposición Iberoamericana, Sr. Cruz Conde; gobernador civil de la provincia, Sr. Mora Arenas, y presidente de la Diputación, Sr. Parias. A la izquierda tomaron asiento S. E. Rma. cardenal Dr. Ilundain, embajador de la República argentina, Sr. García Mancilla; gobernador militar, alcalde de la ciudad y don José María Pemán. En un palco presenciaban el acto la infanta doña Luisa y sus augustos hijos. Discurso del embajador de Cuba Lafiestaliteraria en el Teatro de la Exposición El Sr. García Kohly comienza su disertación con un bello canto al hispanoamericanismo. Vosotros españoles y nosotros americanos- -continúa- -debemos saludar con la misma emoción el emblema que llevó al otro continente el soplo de la civilización. Afirma el orador que los países americanos se presentan hoy a España con el mismo respeto y veneración del hijo emancipado ante el padre. Esta efeméride que hoy celebramos, no tiene tan sólo un carácter lírico, sino que impone deberes e implica enseñanzas que sería insensato no encauzar debidamente. Luego hace referencia el orador a la falsa interpretación de nuestra acción civilizadora en América. Yo he de contribuir- -dice el orador- -con mi esfuerzo a reparar la verdad histórica. Si hubo en medio de la grandeza epopéyica extralimitación de algún orden, fué hija de los tiempos, no defecto privativo de los descubridores españoles. En el momento del descubrimiento de E L SR. GARCÍA K O H L Y América, Europa se encuentra en pleno auge. E n Roma lleva el cetro de la cristiandad un español, el Papa Gorgio. Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, con la unión de sus coronas, dan cima a la unidad política de España. Guiados por el genio de Cisneros ponen asedio a Granada, el último baluarte sarraceno, llegando a clavar en ella el estandarte de Castilla y la cruz de Cristo. Cristóbal Colón, está a punto de ir a Francia, cuando el gesto de Isabel le contiene. Este es el momento español, cuando se descubre un nuevo Continente. E l nombre de España se pronuncia con veneración en Ñapóles, Oran, Flandes, América, y es entonces cuando Carlos V puede afirmar que el sol no se pone en sus dominios. Y más tarde Felipe II, desde una celda de El Escorial gobierna el mundo. Y en la pintura es Zurbarán y en las letras Lope y Cervantes los exponentes de la grandeza española que caminan tras el ideal de la raza en un delirio de mágicas concepciones. (El canto a España, que ha sido un bellísimo párafo, arranca una frenética ovación del selecto público. Pasa luego el Sr. García Kohly a estudiar la situación de Francia, con Francisco I, y la de la Gran Bretaña, con los Tudor. Dice que en aquella hora histórica, era práctica establecida, entregar ciudades ven- cidas al saqueo, ahogar en sangre, la hoguera religiosa que brotó de Europa, al conjuro, de calvinistas, luteranos, mahometanos, etc. Eran las prácticas establecidas de los tiempos. ¿Por qué, entonces, decir que Cortés, Pizarro y Valdivia, cometieron actos reprobables, cuando ni siquiera llegaron a los que los franceses cometieron en Ñapóles, los ingleses contra los católicos y los italianos contra sus mismos compatriotas? (Grandes aplausos. ¿Quién como Enrique V I I I ordenó la ejecución de setenta mil personas? ¿Quién como en Inglaterra ahogó en sangre, con caracteres tan trágicos la conciencia católica? Abominemos de esta injusticia, que pretende atribuir a un pueblo lo que era la práctica admitida de los tiempos. Hay que estimar en su verdadero sentido, la concepción humanitaria del descubrimiento. Hay dos clases de colonizadores. Una, la de los que se creen hechos de una arcilla superior y cuidan severamente de no mezclarse con el indígena. Otra, la de los colonizadores que se transfunde, infiltrando generosamente su sangre, en el pueblo colonizado. De ésta, fueron los españoles. (Ovación. A este respecto, cita el orador una disposición de los Reyes Católicos, que dice así: Es voluntad nuestra, que se casen hombres blancos con mujeres indias, y hombres indios con mujeres blancas.