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BARCELONA SUCURSALES X AGENCIAS E N L A S PRINCIPALES CIUDADES D E ESPASA f W b i r a l b r t W V lUftFMIFDOQ IMfMIQTDIAl P C Academia S A N ISIDORO Y S A N M I G U E L Profesorado Ingenieros Industriales, I I I W W I n i H l i b Internado modelo. Infantas, 31, y Marq. de Valdeiglesias, 4. Tel. 12254 y 14812. Academia G a s p a r- V e l á z q u e z No se exige m á s que el Bachillerato ele- I N G E N I E R O S AGRÓNOMOS mental. P í d a n s e reglamentos y resultados de e x á m e n e s a Fernando VI, 19, í e P I NADO- C IA INGENIEROS A G R Ó N O M O S SPAdNa nJsO Sreglamentos gde óestas rcarrerasó alel E N SdeOoctubre, Aa A D E Mda É que i n a u u r la p e p a r a c i n l.o cargo Ingenieros a g r ó n o o la d i r c i del de la Y PERITOS A G R Í C O L A S Antonino MonteromGsa, r cbajo Arenal, e c 25; ó ntell. 52242 misma clase, don ía. y 18795, Madrid. Í il NÍlPIVIPPn i U L W 1 C n U O UtJ, n P 1 Wn Ifl U ll WT P Q 1 LO Academia Jotre, Apodaca, 11. P r e p a r a c i ó n exclusiva. 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Aben- Shariar, Jenaro de Montalto y fray Miguel de los Santos, salieron. E l mayordomo fué a cerrar, pero Aben- Shariar le d i j o -V e n i d vos también; nos hacéis falta. E l mayordomo se puso muy pálido, se marcó en su ojos l a agonía del terror, y salió. Aben- Shariar cerró con llave el postigo, y luego, dirigiéndose a la góndola que le esperaba, hizo entrar en ella al cardenal, al fraile y a l mayordomo. -A las prisiones de la inquisición del Estado- -dijo Aben- Shariar a Nicolino en voz baja. Y se entró en l a litera. Nicolino se deslizó a lo largo del costado de l a góndola, llegó a popa y dijo a Brachioforte, que dormía o parecía dormir: -G u í a a las prisiones del Estado. -t ¡Ah! -exclamó Brachioforte, cuyos labios se contrajeron en una horrible sonrisa- ¡Las prisiones del Estado! Y luego dijo en voz alba, dirigiéndose al gondolero -A r r a n c a y en marcha. E l gondolero impulsó con el remo a la góndola, que se puso en movimiento. CAPITULO VIII L fondo de un canal negro y lóbrego entró l a góndola bajo una bóveda sombría, y al poco espacio chocó con una reja de hierro. Aquella reja se abrió instantáneamente, como si hubiese cedido al choque de la góndola. Pasó ésta, y la reja volvió a cerrarse. L a góndola estaba ya dentro de las prisiones del Estado. S i n embargo, al poco espacio chocó con una segunda reja, que se abrió como la primera, y se cerró en el momento en que pasó la góndola. Dejóse ver una luz turbia que adelantaba y se acercó al borde del cana! que terminaba en un espacio abovedado y negro, a cuyo fondo había una puerta de hierro. Quien llevaba la luz era un hombre rudo y zafio, tipo exacto del sombrío carceíero de las prisiones del Estado de Venecia. B e l a aróndola salieron Aben- Shariar, el cardenal, A aquí el rescripto del Papa que anula el matrimonio contraído en África por el Rey don Sebastián bajo el nombre de Gabriel de Espinosa; he aquí que el Rey don Sebastián puede ser esposo de Estéfana Barbarigo; he aquí que vos podéis llegar á ser padre de l a Reina de Portugal. ¡L a República lo sabe todo! -dijo con u n pavoroso asombro el cardenal Montalto. ¡Oh, sí! dijo Aben- Shariar con un acento en que vibraban a un tiempo l a indignación, el desprecio y la amenaza- L a República sabe hasta de qué manera laten vuestros corazones de miedo, señores, al saber que la República conoce vuestra traición contra ella. ¡Nuestra traición -exclamó de una manera i n descriptible el cardenal Montalto, con u n acento mezclado de indignación y de terror. -S í la traición- -repitió Aben- Shariar- porque los que se introducen misteriosamente en el corazón de un Estado, preparándole un golpe de muerte en medio de la obscuridad y del misterio, son tan traidores como el asesino que se introduce furtivamente en una casa y se acerca al lecho de su dueño, a quien cree dormido, con el puñal levantado. -Permitidme, monseñor, que os diga- -exclamó el cardenal Montalto- -que el rescripto de anulación del matrimonio contraído por el Rey don Sebastián de Portugal en África no es un puñal; no es simplemente otra cosa que una concesión del Papa a una súplica del Rey don Sebastián; una concesión hecha por altas razones políticas... -P a r a tentar la ambición de Giacomo Barbarigo- -dijo Aben- Shariar, interrumpiendo de una manera impetuosa al cardenal- con la sola intención de que Giacomo Barbarigo ponga las fuerzas y el porvenir de Venecia al servicio de su familia; porque fuera de aquí no se nos conoce; porque fuera de aquí, al ver tan respetado por nosotros el nombre de Giacomo Barbarigo, se cree que lo puede aquí todo; y esto es incurrir en un error grosero, porque no se nos conoce; una sola sospecha de traición en Giacomo Barbarigo bastaría para perderle, a pesar de sus largos años de lealtad y de sacrificios por la Patria. Y esas sospechas han recaído ya sobre el noble anciano, porque Venecia lleva su perspicacia
 // Cambio Nodo4-Sevilla