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MAQUINARIA p a r a la FABRICACIÓN de LADRILLOS MACIZOS y RUEGOS Detalles y presupuestos: AIÍMXRANTE, magníficos juguetes Madrid. 15. de! grao Sorteo organizado por ios Fabricantes del 34 7 F E R N A N D E Z Y GONZÁLEZ EL PASTELERO DE MADRIGAL 373 y su prudencia hasta ei recelo; porque prefiere pecar de previsora a pecar de confiada; porque el solo temor de que un pensamiento ambicioso, causado por una gran propuesta, haga traidor a un ciudadano tal como Giacomo Barbarigo, basta para que este ciudadano sea vigilado, y la suspicaz vigilancia de Venecia es ya una gran desgracia. ¿Y no es una traición, monseñor, preparar un golpe semejante a un hombre como Barbarigo, cuando se sabe o debe saberse de qué sombría manera se defiende V e necia de las asechanzas que se le tienden? N o se no 9 conoce, no; y esto me causa alegría; porque cuando menos se nos conozca, con menos seguridad se podrá conspirar contra nosotros. Habéis sido torpes, además; ¿qué importa que Barbarigo, excitado por la ambición de ver a su hija Reina de Portugal, hubiese procurado que Venecia incurriese en la locura de levantar un ejército y enviar una armada sobre Lisboa? Esto hubiera producido una catástrofe a Barbarigo, porque Barbarigo habría contrariado la política de Venecia, y se habría declarado traidor. Afortunadamente, yo, que represento aquí al Consejo de los Diez, y por consecuencia a Venecia, soy el único que conoce este negocio, que quedará sepultada en el más profundo secreto; porque el secreto es vuestra única salvación, señores; vais a entregarme el rescripto del Papa por el que se anula el matrimonio contraído en África entre Gabriel de E s pinosa y doña María de Souza, para que yo lo destruya. -U n decreto del Soberano Pontífice no puede revocarse, monseñor; moralmente hablando, ese matrimonio está ya disuelto. -Pues bien- -dijo Aben- Shariar- desde ahora, Señores, pertenecéis a la República de Venecia; vosotros no habéis querido que este asunto se arregle secretamente, sin otra persona mediadora que y o yo, por mi propia seguridad, por mi conciencia, por mi lealtad, no puedo menos de poner en conocimiento del Consejo de los Diez lo que sucede y de reduciros a prisión; llamad, pues, al mayordomo de E l e na Conti. E l cardenal, en silencio sombrío, pero firme, agitó la campanilla. Poco después se presentó el mayordomo. -Estos señores y yo- -dijo Alben- Shariar- -necesitamos salir sin ser vistos de nadie. -Seguidme, pues, monseñor- -dijo el mayordomo, que temblaba al verse delante de un alto funcionario de la República, aunque no sabía que aquel funcionario era senador del Consejo de los Diez. VE. -ECIA. Jenaro de Montalto y fray Miguel de los Santos, que comprendieron que toda protesta y toda resistencia eran inútiles, sigueron a Aben- Shariar. que seguía a su vez al mayordomo. Por galerías y escaleras excusadas llegaron a l fin al postigo, que el
 // Cambio Nodo4-Sevilla