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A B Í C M A R A E S 1 15 D E O C T U B R E D E 1929. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 31. I FOR- KIACIONES Y NOTICIAS L o esencial es el de- TAURINAS T r e s pares, u n volapié y unos lances del año 5. c o r o- d e la profesión. N o v i l l a d a otoñal. Otras corridas EN SEVILLA ció los cálidos aplausos que le tribtitabpfi. Rever tito capeó a su primero con ceñimiento y arle, que culminaron en el recor- Tres pases, u n volapié y lances del año 5 unos L a novillada del domingo no trajo al público ninguna decepción. Poco bueno se esperaba del festejo- -díganlo, si no, el semivacío de l a grada y l a escasa alegría del concurso- -y poco bueno dio de sí. Claro que el rendimiento artístico del espectáculo, con ser pobrecito, lo hizo algo más grato que el de l a novillada precedente, cuyo solo recuerdo nos sume en el sopor. V j- osg- -era el toro de Alves al que las somDfas 4 g 1 a noche opusieron su veto en la corrida del 6- Manuel del Saco- -sin haber querido arrimársele- -nos lo quitó de delante clavándole medía atravesada, después de tres pinchazos, echándose fuera. L a gente, claro es, se mostró muy contrariada. E n resumen: tres pares de banderillas. Pero Cantimplas no figuraba en el programa como rehiletero... A Pedro Carreño se le aplaudieron, en el segundo novillo, unos lances a l a verónica y de farol y un apretadísimo quite por gaoneras. A veces, este huelveño parece un torero a la antigua: por la frescura con que deja que le rocen los pitones... y porque en él no ha hecho ninguna mella la escuela de Juan el Renovador. Viéndole lancear a mantazos, sin temple n i ritmo, nos sentimos aligerados de un cuarto de siglo. Nuestra gratitud a Carreño... Pedro, después de lograda la ovación t r i butada a aquellos lances, no tuvo más aciertos. Equivocóse al muletear por arriba a aquel toro- -que derrotaba a l t o- hizo, al rectificar, un trasteo deslucido, y cuarteó en las tres primeras arremetidas. A l emprender, más por derecho, el cuarto viaje, en que dejó media tendida, de nuevo derrotó l a res, que a poco le hiere en la cara. P o r fin, descabelló. Frente al quinto no estuvo mejor. E n varias ocasiones se lo echó encima al trastearle, sin definir los terrenos, y alargó el brazo al dejar una estocada caída, de la que salió con apuros. Revcrtito revelóse como estoqueador: buen estilo y maestría, en el tercero; facilidad, en el último de l a tarde; siempre decisión y seguridad en el lance. Su primera estocada, a la que entró- -en la suerte contraria- -recto y calmoso, l a muleta baja y muy reunido- -sin hacer, como los modernos estilistas del vuelapiés, la suerte de la grulla- -le habrían valido por sí sola l a vuelta triunfal al anillo, si el muchacho- -descontento de sí mismo por lo deslucido de su debut- -con simpática modestia, no se hubiese reducido a agradecer desde el ter- Cantimplas en u n v a l i e n t e p a r de banderillas OSELITO. -Yo cuando terminó er ruío une a r m o er primer toro derribando a los, picaores, me dormí y no he visto n a ele l a c o r r í a pero lo i r o e que to er mundo m h a íelicitao por esto. Comencemos estos comentarios ocupándonos ligeramente del trabajo del primer espada, Cantimplas- -que no siempre hemos de hacer las cosas al revés. E l novillero de Córdoba do una nota i brillante banderilleando al cuarto bicho del Sr. Martinho Alves do R i o- -e l más bravo de todos y el de más amplia encornadura- Fueron tres pares al cuarteo, llenos de garbo y torería, llegando a l a cara con desenvoltura y gracia y metiendo los brazos con armónica pausa, después de marcar l a reunión con tanta justeza y valentía que el diestro recibió un pitonazo en el muslo derecho mientras se deleitaba, como buen artista, en la colocación del segundo par. Se le ovacionó merecidamente, con verdadero entusiasmo. E l l o aparte, poco hubo en la labor del muchacho que le haga digno de loa. S i acaso, un par de quites en el novillo de mar r a s uno, por rodillazos, rematado a punta de capote, y otro, abanicando por las afueras- -y su buena colocación en todo momento. Quiso hacer faena grande en aquel su segundo enemigo, que tanto se prestaba a ello, y le faltaron coraje e inspiración. E l trasteo, soso y sin aguante, precedió a una estocada desprendida, entrando con habilidad. Batieron unas palmitas- -eco todavía del clamor que antes alzara el banderiller o- -y Cantimplas pasó a l a enfermía- -para atender, sin duda, a los efectos del varetazo recibido- -de donde volvió minutos después. A l primero de la tarde, cornalón y pode- te final, y movido y con barullo al sexto. Dirigióse a aquél con la muleta plegada en la izquierda, haciéndonos esperar lo que luego no vino, pues la faena, movida siempre, llegó a hacerse desconfiada, cuando el espada, como resultado de su constante codilleo, recibió un pitonazo en el pecho. G r a cias que l a gran estocada borró aquellas deficiencias. E n e! último, de mucha fuerza y más nervio, Manuel García, muleteando por la cara, muy medroso, y dejándose ayudar por su gente, dejóse dominar por el adversario. L a facilidad con que le hizo doblar, de una sola estocada, impidió que el episodio se hiciese más desagradable. Revcrtito tiene condiciones para ser algo en el arte. Pero todavía- -por su bien se lo decimos- -no es nada. E s un aprendiz a quien pueden hacer más daño que los toros- -aunque el carino las induzca- -las alabanzas de sus cantores. Los novillos, de Alves do Rio, terciados y gordos, tuvieron en conjunto mejor estilo que los toros del domingo anterior, a los cuales casi emularon en pujanza. De aquella corrida procedía- -como hemos dicho- -aunque no se lo habían advertido al público, el primero de la L a r d e- -cuya carne ha brindado la Taurina, generosamente, a las casas de Beneficencia- -que se salió suelto de los caballos y no ofreció dificultades en la lidia. Cumplieron en varas el segundo- -que adoleció del defecto a que ntes aludimos- ci tercero- -que tiró muchas crinadas al uapo de Revcriiio- y el quinto, que llegó con mucho nervio al final. E l cuarto fué un buen toro en todos los tercios. E l último, acobardado después de! segundo puyazo, cortó el terreno en banderillas y llegó difícil al final. Sobresalid on, entre ios peones, el Rerre y Roales, y entre los varilargueros Gordoncho, Finito y José Alonso (el Nueve) -Juan María Vázquez. (D i b u j o s de M a r t í n e z de L e ó n EN MADRID L o esencial es e! decoro de la profesión ¿Que por qué el domingo el público- -este público incomparable de Madrid- -fué tan benévolo con los modestos novilleros José A r a gón (Pajarero) y Antonio López Reyes, que hasta llegó a concederles una oreja a cada uno? Pues muy sencillo: Porque esos dos muchachos demostraron a todos que sentían el decoro de la profesión y los espectadores aún recordaban con sonrojo, con indignación, con asco, el vengonzoso espectáculo del día anterior. E l domingo, seis toreritos ignorados, desconocidos, mtry modestos- -cuatro de ellos nuevos en Madrid- -tuvieron que lidiar seis novillotes de Palha broncos, bravos, difíciles, parece corto. EL PICADOR DESPUÉS DE LA CATÁSTROFE. que er caballo que yo traía era más ¡Me
 // Cambio Nodo4-Sevilla