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a -r w w a s e iflvniXO. V r A U E IVI i A MARTÍNEZ BLANCO INGENIERO DE MONTES, DESENGAÑO, 29. PREPARACIÓN EXCLUSIVA MAQVIMARIA PARA TRABAJAR. LA M A D E R A O P A N DES E X I 5 T E W C I A 5 E 1 Para Divertirse con ios Amigos y Tener Mlegrsa en Casa No May Nada Como un AADttlD te tor Jeote SA S OPBOPIQ, 14 BROWN- BOVERI MAQUINARIA ELÉCTRICA Av. Conde Peñalver, 21 y 23. MADRID Vaya usted n oírlo en cualquier establecimiento del ramo. Gran variedad de modelos. Precios para t o d o s los gustos. Informes para el comercio: JUAN A. WILLIAMS Calle Valencia 225, BARCELONA sé traspasa, por no poder atenderlo su dueño. Para tratar, dirigirse al Apartado de Correos número 525. BAZAR ¡0 0 Ei MADRID 380 F E R N A N D E Z Y GONZÁLEZ EL PASTELERO DE MADRIGAL 377 Inmediatamente se presentó Yezid. -V o y a Venecia con este caballero- -dijo AbenSharíar- y probablemente no volveré hasta mañana me importa que al. amanecer entregues esta carta a la persona a quien va dirigida. Adiós. Y entregando la carta a Yezid, salió de la cámara con César Malatesta, atravesaron el puente y bajaron a la góndola, que esperaba por orden de AbenShariar. Una hora después, Aben- Shanar y César Malatesta entraban en el palacio Conti por el postigo que ya conocemos. Pero entonces se dirigieron juntos a las habitaciones de Elena. Cuando entraron, encontraron a ésta hablando, irritada, con los cuatro criados que habían quedado en la casa. -Es imposible que no sepáis lo que ha sucedido; Giuseppe ha desaparecido, y con él los dos huéspedes extranjeros; se me hace traición, y estoy dispuesta a castigaros. Los criados temblaban, porque sabían bien de cuánto era capaz Elena, fin este momento entraban César Malatesta y Aben- Shariar. A l verlos, Elena los abarcó con una profunda mirada, y exclamó, volviéndose a los criados: -Es muy posible, por lo que veo, que no seáis vosotros los autores de la traición que se me ha hecho. Idos. Los criados salieron, y Aben- Shariar y César M a latesta quedaron solos con Elena. ¿Quieres decirme, Malatesta, por qué te acompaña ese hombre? -dijo ésta. -Elena- -dijo Malatesta, acercándose a ella y asiéndola cariñosamente una mano- al que tú llamas ese hombre, es uno de los ciudadanos más ilustres de Venecia. -A quien yo no conozco, que se presenta a mi de una manera extraña, y del cual, en la situación en que me encuentro, tengo derecho a desconfiar. -I Y en qué situación os encontráis, hermosa señora? -dijo con una perfecta galantería AbenShariar. -Antes de responderos, permitidme que os pregunte: J qué derecho, qué razón tenéis para interrogarme? Antes de que Aben- Shariar pudiese contestar, M a- y agustino y Nicolino Razzi, éste último a una seña de Aben- Shariar. -Franquead las rejas a los gondoleros- -dijo AbenShariar, dando algunas monedas de plata al gondolero, que estaba a proa. L a góndola se volvió y salió. Pero antes de pasar de la segunda verja, Brachioforte se inclinó hacia él borde del canal, y dijo en voz baja: -Vigilad a monseñor Pietro Mastta hasta que salga de las prisiones: vigiladle en nombre del E s tado. L a góndola salió, al mismo tiempo que por la puerta de hierro que hemos indicado desaparecían en el interior de las prisiones Jenaro de Montalto, fray Miguel de los Santos, Aben- Shariar. el mayordomo y Nicolino. Algunos minutos después, Aben- Shariar v N i c o l i no salían por otra puerta de las cárceles del Estado. Los otros tres habían quedado encerrados en los calabozos secretos. Aben- Shariar tomó una góndola, entró en ella y dijo a Nicolino: -Vete a San Marcos, v haz que se prepare todo para un casamiento. Nicolino partió. -A l puerto- -dijo Aben- Shariar a los gondoleros. Media hora después la góndola había salido de los canales, y va sobre el mar, se deslizaba entre los innumerables buques que llenaban el concurridísimo puerto de Venecia, impulsada por los remos. AbenShariar indicó al gondolero que remaba una hermosa galera mercante, a cuyo costado atracó la góndola. Aquella galera era! a Bella Genovesa. Cuando entró a bordo Aben- Shariar. le salió al encuentro un marino alto v buen mozo, v ya de alguna edad. Aben- Shariar lanzó a aquel marino una mirada sombría, en la que el marino que había sido objeto de elbi no pudo reparar, porque va había obscurecido. -D ó n d e habéis estado, señor, dos días enteros? -diio el marino, que seguía a Aben- Shariar hacia ei alcázar de popa. Por qué recelas, Yezid? -dijo Aben- Shariar- Crees que he estado en peligro? -En Venecia, señor, hay que temerlo todo; ade-