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P r ó x i m a convocatoria para administrativos, m e c a n ó g r a f o s y periciales. Para p r e p a r a c i ó n en sus clases o por correo, programas y c o n t e s t a c i o nes el I N S T I T U T O K E T S P R E C I A D O S 23. M A D R I D Tenemos internado. Tres, ú l t i m a s oposiciones obtuvimos 47 plazas. ñ. A D U C H A S Preparatoria En ex ingeniero militar. Profesorado c o m p e t e n t í s i m o las c o n v o c a t o r i a s de 1928 y 1929 ha obtenido excelentes resultados, ingresando la casi esta A c a d e m i a y en la primera de ellas g a n ó la plaza n. 1, con D Manuel S á n c h e z S i s t e m a de p r e p a r a c i ó n perfecto. Todos los s á b a d o s se hacen e x á m e n e s iguales a los de la dos p o r sacerdote y a t e n d i d o s por el director para resolver las dudas. E n prueba de exclusivamente ss? a eli rIeB tjiras uen zla Deza, D c o r F S á r e de de jefes y oficiales del E j é r c i t o totalidad de los alumnos p r e s e n t a d o s por S u á r e z preparado en un solo curso. Academia General Militar. Estudios vigilasu perfecta e n s e ñ a n z a esta Academia c o m p r o m e t i é n d o s e con los que no ingresaran en dicho tiempo a darles gratis toda la p r e p a r a c i ó n durante el curso siguiente. Excelente i n t e r n a d o E n 3 5 de octubre c o m e n z a r á n el curso dos nuevos grupos de alumnos. Pidan reglamentos. Z A R A G O Z A paseo de a Independencia, 9. Z A R A G O Z A ingreso en un curso SfPTfi sea i y Ose fe RllflflS Bachillerato Universitario. 23 alumnos aprobados curso pasado; dos, premio extraordinario en Ciencias y L e- T pr al 7 y 8 por 100, sobre casas en Madrid, en primera o en segunda, d e t r á s del Banco. S E R R A L L E R Sagasta, 17, de una a dos y de tres a ocho. Internos y externos. Nicasio Gallego, 2, hotel. i usaos tras P r e p a r a c i ó n especial para enero. Honorarios m ó d i c o s P r e p a r a c i ó n para enero y j u n i o I n t e r n a d o P E Z 18 (moderno) t e l é f o n o 11318, M a d r i d sernaase fisessi IBOSSO- tara fécSsaio ere Mmy v sés EWB s L O T E R Í A N. 5. S A N B E R N A R D O is. m HI L O T E R Í A Billetes p a r a I r o s s ríe s. a d i e t a n t e a provincias- y e x t r a n j e r o No man fa c o s a i r a reesnas %I SHuJ MADRID, le Navidad, a l O O pesetas (í O O O p é s e l a s billete) r 3 S 2 F E R N A N D E Z Y GONZÁLEZ EL PASTELERO D E MADRIGAL 383 -E l señor César Malatesta ha cometido, indudablemente, una imprudencia; pero y a no es tiempo de repararla. -Tenéis razón, señor Pietro Mastta- -dijo E l e na- porque esto me prueba que el cardenal de M o n talto y fray Miguel de los Santos, y, además de éstos, mi mayordomo Giuseppe Basili, están en estos momentos en las prisiones del Estado; ¿venís a prenderme a mí también, señor Pietro Mastta? Sea en buen hora; os seguiré contenta, porque estoy segura de que no tardaréis vos mucho en ocupar, como yo, un calabozo secreto en la cárcel de la i n quisición de Venecia. -Os irritáis contra mí, Elena, y me suponéis i n tenciones que no he tenido ni puedo tener; y he venido aquí acompañando a mi amigo Malatesta, para acompañaros con él a la iglesia de San Marcos, y salvar, usando de mi autoridad, todas las dificultades que se opusieran a vuestro casamiento instantáneo, sin llenar las formalidades prescritas en el Concilio de Trento. -Parece increíble- -dijo con sarcasmo Elena- -que conozcáis tan bien nuestra religión; yo creo que os habéis convertido de veras, señor Pietro Mastta. ¿Quién os ha dicho, señora- -dl o profundamente Aben- Shariar- que yo no haya sido siempre cristiano? ¿Y quién os ha dicho a vos que obliguéis a César Malatesta a ser mi esposo? -Nadie me obliga- -dijo César. -De cuan diferente manera me hablabas esta mañana, César. Después de habernos separado has contraído sin duda amistad con monseñor Pietro Mastta. -E n todo caso, y como amáis con toda vuestra alma, señora, al señor César Malatesta, debéis agradecerme el que yo haya influido en vuestro próximo casamiento. -Pues no os lo agradezco, monseñor, porque este casamiento no lo hacéis ni por César Malatesta, ni por Elena K a r u k lo hacéis por vos, o lo que es lo mismo, por vuestra cuñada la africana, la hermosa sultana Sayda M i r i a n Aben- Shariar hizo un gesto de despecho y de rabia, que absorbió con placer Elena. ¿C ó m o habéis podido olvidaros, monseñor, de 0 lo que tan bien sabéis; esto es, de que Venecia es una red de asechanza, cuyos hilos se multiplican y se anudan entre sí? ¿Cómo habéis podido olvidaros de que yo soy hija adoptiva de la República, de que pertenezco a ella en cuerpo v en alma, siendo uno de los instrumentos secretos de su poder? Pues qué, ¿no sabéis, monseñor, que la República tiene también agentes entre las damas venecianas, y que acaso estos hermosos agentes son los m á s útiles al Estado? ¿Sabéis acaso si era un secreto para el Consejo de los Diez la estancia en Venecia y en mi casa del cardenal Jenaro de Montalto y del religioso portugués fray Miguel de los Santos? ¿Sabéis acaso si al llamar yo a esas dos personas no era yo, sino el Estado, quien las llamaba? ¿Sabéis si al prenderlas en mi casa, porque vos los habéis preso sin duda, habéis incurrido en delito de traición contra la República, obrando por vos mismo en un asunto tan grave sin conocimiento del Consejo de los Diez? ¡Q u e venís a facilitar mi casamiento con César Malatesta! ¿Sabéis si yo, que había escuchado con placer el asentimiento de César a casarse conmigo, porque le amo y quiero casarme con él, ahora que sé que no ha cedido a m i inflencia, sino a l a vuestra, querré casarme con él? ¿Sabéis si al salir de aquí, porque vais a salir, monseñor, ser é i s preso por la República, como vos habéis preso en mi casa a mis huéspedes y a un criado mío? Apenas había acabado de decir estas palabras E l e na, se oyeron golpes en la puerta del palacio. -Venecia llama a mi puerta- -dijo Elena- y llama por vos, monseñor. Aben- Shariar no contestó una palabra; su semblante adquirió una expresión terrible; se fué en derechura a una ventana y la abrió. ¡Detente, César- -exclamó Elena- si no quieres que te crean cómplice suyo! Malatesta tiró de l a espada y se lanzó hacia AbenShariar. Pero éste había salvado ya la balaustrada, había desaparecido, y se había deslizado rápidamente, apoyándose en las labores góticas del muro, y se encontraba fuera del palacio, sobre el borde del canal, que corría a uno de sus costados. Instantáneamente, tres bultos, espada en mano, cayeron sobre el corsario; uno de ellos rodó herido üe
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