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A B C. J U E V E S 17 D E O C T U B R E D E 19 29. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 31. DE ECOS SOCIEDAD D 1 VERSOS Excursión sentimental V e n conmigo, mujer; quiero, que, esta noche, emprendamos una excursión sentimental por el cotazón mismo de Sevilla. No. Y o sé que tú no eres sevillana y que tus ojos grandes robaron un poco de su verde obscuro a esas aguas del Atlántico, que te trajeron a mí. A la noche, sin embargo, las crenchas de tu pelo- -sólo a la luz del día tienen reflejos de cobre- -pueden pasar por negras, y sobre tus hombros has terciado un mantoncillo ligero y antiguo, en cuyo fondo obscuro se exaltan las rositas encendidas... ¡Qué lástima que yo me haya hecho viejo y no sea ya el que todavía fui, cuando vine a mi última feria de S e v i l l a! U n a de las primeras cosas que hice por entonces, fue marchar hasta la casticísima calle de las Sierpes- -la calle de los casinillos entoldados- -y mercar en casa de Morales un sevillano sombrero de alas anchas. A h o r a iría bien aquel sombrero, que no sé dónde fué a parar, emparejado con tu mantoncillo de flecos largos... ¿Sabes que estoy orgulloso de ti en la propia Sevilla? T u garbo y tu figura provocan la mirada del sevillano transeúnte. U n a mirada, que, a pesar de mi cariño por ti, no me lleva hasta los celos. Aquí se vá todo por los ojos, en miradas que quisieran clavar... Te miran, sí, porque eres bonita; pero te miran, también, porque te saben extranjera. E n el mismo caso y para el pueblo de Madrid- -reminiscencias de un 2 de mayo memorable- -tú y yo seríamos dos franchutes. ¡A saber por lo que nos tomarán aquí! V e n conmigo, mujer. Estamos en medio de la noche de Sevilla y cerca de l a G i r a l da. V a r i o s reflectores, desde las casas vecinas, convergen sus, luces sobre la antigua torre. A mí me parece que la Giralda es como el símbolo de S e v i l l a lo primero que acude a la imaginación, cuando ausente de Sevilla en ella se piensa. Así, iluminada en medio de la noche, diríase el índice de la ciudad, señalando a un cielo incomparable al que se entrevé ahora, todo tachonado de estrellas y con su luna de ensueño; al que se verá mañana, cuando el día lo limpie de obscuridades y lo pinte el sol de un azul sin mácula... V e n conmigo. M i r a el amplio patio que habremos de atravesar. E n su centro se alinean los naranjos, aún con el fruto verde; hasta las casitas que lo circundan suben las plantas trepadoras y cada balcón parece una exclusa que vertiera hacia el suelo flores mezcladas con verdura. P o r el fondo y a su derecha se entra a los jardines del Alcázar; pero nosotros vamos hacia el ensueño por otro arco, por el de la izquierda... E l tránsito es brusco, como en una rápida mutación de escena. Con cuatro pasos diríase que hemos recorrido hacia detrás todo un camino largo, de siglos y de s i glos... Aquí ya no es la Sevilla del Parque, con su Exposición Iberoamericana, ni la Sevilla del paseo de la P a l m e r a aquí es l a Sevilla del Rey D Pedro, con sus l a berintos y sus encrucijadas, sus callecitas en ese, sus santos de hormacina y sus faroles trémulos... ¿Dónde, de un momento a otro, va elevarse una copla, surgieron los esbirros, en ronda, de la Santa Inquisición, o se oirá el chic- chac de acero batido, con- que se cruzan en furia dos espadas? ¡Callecitas a una luz de luna sevillana! Callecitas por las que, apenas cabemos tú y yo emparejados. Y a cada revuelta, de cada recoveco, surge la- sorpresa a los ojos; ahora son los hierros, retorcidos, de una EL SUSTO D E L NOVIO -HOY H E SABIDO UNA COSA TERRIBLE: MI PADRE, EN SUS MOCEDADES, ESTUVO Á PUNTO DE CASARSE CON TU MADRE. ¡A H! ¿Y QUE? ¡QUE HEMOS ESTADO A PUNTO DE SER HERMANOS! reja antigua; luego, la explosión verde de un balconcillo, en el que se abren los geranios más tarde, un rumor continuado de agua, tras la cancela de cierta casa donde está el patio fresco y enlosado... ¡A y chiquilla, chiquilla! ¿Por qué te quiero ahora como no te he querido nunca? V e n préndete bien de mi brazo; estamos solos, en el corazón de Sevilla, y es nuestro el barrio de Santa Cruz. Nuestro. Y o quiero hacerme la ilusión de que he estado aquí dormido años y años, esperando nuestra llegada. ¿N o lo ves? Detente. ¿Qué escuchas? Nada, como no sea el propio latir de tu corazón. Santa Cruz duerme. N o lo despiertes, nena, n i con tu voz ni con tu risa, porque cesaría su mago embrujamiento. Déjalo dormir y avanza, pasito a paso, casi en puntillas, bien prendida a mí, único lazo que te une a la vida en el corazón del barrio muerto... De repente, a una revuelta, la tufarada de un jardín se entra en el alma. Bordeamos los árboles añosos, ascendemos la pina callecita, en donde está la casa que el Rey Alfonso ha regalado a la ciudad, y nos topamos con esa plaza- -cruz de herrajes en el centro- -que está copiada en el país de todo abanico sevillano... Silencio. Y o quisiera emborrarme contigo de este silencio, en esta plaza muda, con su cruz al centro, de la que penden unos faroles. ¿V i v e alguien en esta casa? ¿P o r qué contestas afirmativamente? Y a comprendo tú lo dices porque entrevés un bulto al pie de una reja... Tonta... Es que ante esa reja, y para dar más carácter a la plaza y a la reja misma, han colocado un maniquí, que quiere parecer un galán andaluz. -Gil de Escalante. H a dado a luz, con toda felicidad, un hermoso niño, la señora de L u j a n (D M a riano) juez del distrito del Salvador. H a n salido para Madrid los señores de Topete y Fernández (D Juan) quienes han pasado unos días en Sevilla con sus hermanos el concejal de este Ayuntamiento don Manuel Velasco de Pando y su distinguida esposa. E n el templo de la Magdalena se celebró el martes, por la mañana, la boda de la bellísima señorita María Teresa Parody y J i ménez de Aragón con el joven abogado sevillano D. Félix Sánchez Blanco y Sardo. L a imagen de la V i r g e n del Amparo había sido colocada en el altar mayor de la iglesia, profusamente adornado con plantas y flores. Los novios firmaron el acta matrimonial en la capilla de la Quinta Angustia, pasando después, a los acordes de la marcha ds Tauhausser, interpretada por un sexteto, al altar mayor, donde se celebró la boda que fué bendecida por el cardenal Ilundain y apadrinada por D. Francisca Sardo, de Sánchez Blanco, madre del novio, y D R i cardo Parody Cejas, padre de la contrayente. Actuaron como testigos, por parte de la desposada, D Antonio y D Pedro Jiménez de Aragón, D Joié León de Cámara y don Francisco Felipe Duque, y por el novio, D José Gastalver, el ex fiscal del Supremo D José Liado, D Luis Sánchez Blanco y D. Enrique Tello. E l prelado dirigió a los nuevos esposos una elocuente plática, una vez terminada l a misa de velaciones. Después del casamiento, los novios marcharon a la iglesia de las Concepcionistas, dedicando el ramo de azahares a la I n maculada. P o r último, con los testigos e invitados, pasaron a casa de los señores de Parody, donde se Íes obsequió con delicado refrigerio. E l joven matrimonio ha marchado a la hacienda La Real, desde donde, transcurridos unos días, seguirá a M a d r i d y B a r celona. Deseárnosles toda suerte de venturas en su nuevo estado. Últimamente han regresado a M a d r i d de Biarritz, la señora viuda de M i l l a y doña Clotilde R. de la Sota; de San Juan de L u z los marqueses de Villabrágima y los vizcondes d e A l t a m i r a de San Sebastián, la condesa viuda de C h u r r u c a de Fuenterrabía, los marqueses de Quirós y Camposagrado e hijos y los marqueses de la Frontera, y de Ezcaray, la condesa de Polentinos.
 // Cambio Nodo4-Sevilla