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MADRID- SEVILLA 18 O C T U B R E 1929. SUELTO DE NUMERO 10 C T S REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES CERCANA A TETUAN, ABC SEVILLA DIARIO DO. N. ILUSTRA- AÑO V 1 GÉ 8.365) B ü OLIVE, SIMOQUINTO Y ANUNCIOS: MUÑOZ INTERPRETACIONES El arte de la risa E s sobremanera singular l a importancia que la caricatura (los monos) ha adquirido en la Prensa moderna. Todos los periódicos del mundo han terminado por ceder al impeno de esa necesidad, y lo mismo los grandes diarios que los pequeños, los de las capitales como los de las provincias, los de la derecha v los de la izquierda, tienen que ofrecer a su público, juntamente con los artículos de fondo los ensayos literarios o las cotizaciones de Bolsa, un cotidiano disparate. E l d i bujo burlesco, la historieta chistosa son ya tan insubstituibles en el periodismo como las mismas noticias de los acontecimientos universales. E l caricaturista es uno de los n i ños mimados, por indispensable, de nuestra civilización. Aquí se podría replicar que en todos los momentos de la Historia se ha repetido el caso, y podría incluso recurrirse al testimonio de los dibujos y las pinturas que aparecen en el fondo de las cavernas, en donde, en efecto, los hirsutos cazadores de bisontes y renos entretenían a veces sus ocios en representar figuras grotescas. E l placer de reír será probablemente en el hombre tan antiguo como el dolor de llorar, y el arte da la mueca picaresca equivaldrá, según eso, a una piadosa compensación; la Naturaleza, en vista de que el hombre tiene harto forzosamente que hacer muecas lamentables cuando sufre y cuando se muere, le ha otorgado el derecho a la risa y la burla, esa mueca insurrecta por medio de la cual los pobres humanos podemos, por último, vengarnos de la especie de pedante y triste autoridad que gobierna el mundo. Y eso que, bien considerado, j n o está en la propia Naturaleza i n cluido el espíritu chistoso y burlesco? ¿N o se complace acaso la Naturaleza, y frecuentemente, en crear formas incomparables de caricatura? Existen animales tan grotescos, que no puede creerse que hayan podido crearse m á s que con el único propósito de despertar la risa. Y no hablemos de ciertos hombres. Pero el tema es demasiado extenso v nos llevaría a grandes divagaciones si nos dejásemos arrastrar por él. Refiriéndonos ahora a nuestro país, podremos observar que, si en España no está muy desarrollado el arte de la caricatura, por lo menos se intenta que prospere y se perfeccione. U n diario madrileño de gran circulación acaba de abrir un concurso de historietas humorísticas, con premios considerables, y otras publicaciones suelen menudear estos concursos, que alcanzan resultados diversos. E l español tiene la costumbre de considerarse a sí mismo como un ser chistoso, vivo y lleno de gracia; no hay duda de que no se equivoca al atribuirse semejantes virtudes; pero con el don de la gracia y de la viveza ocurre lo que con todas las cosas: que es necesario someterlas a la prueba y al aprendizaje de la cultura, hacerlas pasar a través de la civilización, ilustrarlas y refinadas. E n España abundan las primeías materias de rica calidad que permanecen en estado de promesa. ¿Quién sabe a qué grados de excelencia podrían llegar los españoles en el arte humorista si se acostumbrasen a pensar que una caricatura no es la simple broma que se inventa porque sí y a la ligera, sino que es la consecuencia de un fino talento, de una apretada cultura, de una densa y trabajada civilización? E l chiste es un idioma- universal, que las personas de todo el mundo comprenden. Sin embargo, se observa que cada pueblo tiene su manera de risa. Cuando menos, cada país siente una mayor afición por determinadas formas de risa, y a veces la broma que regocija grandemente a un escandinavo le deja a un marsellés completamente frío. Esto se ha visto entre nosotros hace poco tiempo. E l diario de gran circulación qué antes citábamos empezó a reproducir cotidianamente una serie de historietas de un caricaturista yanqui muy celebrado. Las historietas esas tienen en los Estados Unidos un público grandísimo y entusiasta. Trasladadas a Buenos Aires, donde desde hace años viene reproduciéndolas La Nación, han conseguido tanto o más éxito que en Norteamérica. E l personaje principal de las historietas ha tomado en Buenos Aires el nombre de Trifón, y es tanta su celebridad, producen tal gracia sus aventuras domésticas, que se ha convertido en un tipo popular; en los Carnavales siempre hay máscaras que se visten de Trifón, y ha llegado a escribirse una comedia con Trifón Opez como protagonista. Pues estas mismas historietas, én otros sitios tan celebradas y buscadas, en Madrid han debido de producir poquísima impresión, a juzgar por la rapidez con que el diario se ha apresurado a suprimirlas. Existe un humorismo de especie civilizada y otro de especie primitiva. Se puede también diferenciar el chiste del hombre del Norte y el del hombre del Mediodía. Y contra lo que afirma la fama vulgar, resulta que las gentes de idiomas germánicos suelen ser mejores caricaturistas y m á s grandes humoristas que las gentes que hablan lenguajes latinos. E l alemán y el escandinavo, pero, sobre todo, el inglés, saben rodear la broma más incisiva con un aura de candor o de bonhomía que la hace incomparable. Cuando quieren son profundos y trágicos en sus bromas; cuando se proponen solamente reír, en su risa no hay más que gracia y alegría. A l revés que los latinos, que siempre quieren meter trascendencia, mala intención o un punto de rabia o acritud en sus bromas, y pocas veces aciertan. Las gentes del Norte se diría que logran conservar el tesoro de su humanidad más íntegro, más completo que las gentes del Sur. Los meridionales se apresuran a podar y suprimir algunos elementos esenciales de la vida, imitando en esto a la naturaleza cálida y agostadora que les rodea; la infan cia, por ejemplo, cuenta para ellos muy poco; a un meridional le da como vergüenza el estado de niñez, y se apresura a vestir a los chicos de personas mayores y en tratarlos como hombres; también le da vergüenza el aparecer como candoroso o ingenuo- en cuanto al amor, no sabe hablar de él con malicia delicada y dejando las cosas a medio decir, sino con malicias crudas y procurando que las torpezas se comprendan del todo bien. E n cambio, los septentrionales manejan los recursos del matiz y de la ingenuidad con amplia y singular maestría. E l mundo de la broma tiene para ellos una dilatada extensión. Con los niños hacen chibes, caricaturas, historietas encantadoras, y, tornando a los animales como protagonistas, logran efectos de risa de un grotesco delicioso. Por mi parte, yo, que pongo a la risa en la categoría de las cosas primeras y fundamentales, y, que tanto respeto y estimo a quien me hace reír como un muchacho, celebraría de veras que en España pudiese desarrollarse el arte de la caricatura tal como las necesidades y el tono de la época lo exigen. JÓSE M. S A L A V E R R Í A XALK 1 ES Un jardín que cuenta cuentos Me escriben de Valencia- a propósito de una reforma en un jardín público, y, por tratarse de esa ciudad, interesa el caso a toda la nación, como sucedería si se desmochasen las torres de la Catedral de Burgos o se arrancaran los alicatados del a l cázar alhambrino. N o en balde viene repitiéndose: Para jardines, Valencia- Personas dignas de crédito son esos corresponsales espontáneos, los que comunican la noticia; y recuerdo que algo oí yo sobre el mismo asunto la última vez que estuve allá abajo. Sin embargo, confío en que se equivocan y me engañan los. por lo demás, beneméritos alarmistas. Cierto que de algún tiempo a esta parte las autoridades y los funcionarios que andan en eso de descongestionar la que fué italianizante y morisca población, del más genuino tipismo mediterráneo, no se cansan de derribar árboles, empequeñecer glorietas, desposeerlas de su verja, que tanta jerarquía les daban, o suprimirlas en absoluto. Y o he visto arrancar palmeras de esas bellísimas africanas, seculares, y que braceaban como doloridas, coa sus cien ramas. Y huir a los pájaros, llorando como chicos al quedarse sin el bosuecillo en que se alojaban tradicional. mente. aba pena escucharles: lloraban, repito. Como también daba pena contemplar en el depósito municipal los troncos caídos, unos encima de otros, en una verdadera hecatombre forestal. ¿Qué queréis? P o r el momento, los doctores encargados dé la mejora de la gran capital levantina, están por la cirugía. Pero es que ahora no hay que, ensanchar ninguna calle, ni facilitar el t r á n s i t o raro, incomprensible propósito éste, en un país como el valenciano, histórico, florido, pintoresco, fragante, donde, por tanto, lo que más agradecería el viajero habría de ser que lo abandonasen en el laberinto de evocaciones y voluptuosidades. N o la. entiende así Valencia, como no lo ha entendido Sevilla y cuantas linajudas urbes se contagiaron: del mal de la universalización que ¡as hace competidoras de los nuevos ricos. Y luego se lamentan del desvío de fos turistas. P o r poco que antes pudieran ofrecerles, menos les brindan con las imitaciones y parodias en moda. Casi nada vale una peseta, no cabe duda. Vale muchísimo más, no obstante, que una libra esterlina falsa. r Aquel jardín amenazado tiene un vaior espiritual que supera al de sus plantas, sus bronces y sus labradas piedras. Como en los tesoros que descubren las excavaciones arqueológicas la forma de un joyel importa más que la materia, aunque ésta fuese; oro, plata y piedras preciosas, así, en el P a r terre valenciano se respira tós aroma q
 // Cambio Nodo4-Sevilla