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riega el Tajo, se pasea solo y del bullicio lejos, con Garcilaso, su amigo; ora escuchando sus versos, ora en largas conferencias de gran sigilo y misterio. Allá en Palacio embebido embeleso, De fortuna en la alta cumbre; quedabao en mudo semblante, pálido rojo el grande, joven, rico, bueno; convulso, agitado el pecho, ae virtud, saber, belleza, y bebiendo con los ojos, dechado, pasmo y modelo; llenos de vida y de fuego, el más galán en la corte, de la Emperatriz hermosa en las justas el más diestro, los más leves movimientos; el más afable en su casa, en acatarla, en servirla el más docto en el consejo, y en acertar sus deseos, brilla el marqués de Lombay aunque tímido y turbado, cual rutilante lucero, diestro y hábil por extremo. al lado de Carlos Quinto, Abatido y consternado domador del universo. se le miraba en el templo, Mas entre tantos aplausos como quien está en batalla y en tan elevado asiento, con gigantes del infierno, donde el orbe le sonríe y pide al Omnipotente y donde le halaga el cielo, para tal combate esfuerzo; algo falta a su ventura, y después de orar un rato, o alguna mano de hierro y aun de verter llanto acerbo, del corazón se la arranca dijérase que encontraba, y se la saca del pecho. de misericordia lleno, Melancólico el semblante, al Señor a quien auxilio y los labios entreabiertos, demandaba en tanto aprieto. y las siniestras miradas, Y con su amigo en las selvas y el mudo desasosiego, era tan locuaz y tierno, ya en los saraos de la corte, tan. expresivo unas veces, ya en los festines risueños, otras tan callado y serio, ya en la caza bulliciosa, como el que o cuenta delirios ya en solitarios paseos, locos proyectos, ya en el salón, ya en la plaza, y habla de reconvenciones o escucha ya en la justa, ya en el templo, y oye inflexibles consejos. en la mesa, en el despacho, En estado miserable en la vigilia, en el sueño, su espíritu estaba puesto, un alma rota descubren y era infeliz en las dichas, por un fijo pensamiento, luchando consigo mesmo, y un corazón que devora entre pasiones, virtudes, el cáncer de un gran secreto. obligaciones, deseos, infernales sugestiones En vano sondar procuran y celestiales preceptos; los malignos palaciegos, siendo campo de batalla con astucia cortesana, su mente y su roto pecho, aquel abismo encubierto. do luchaban frente a frente Tan solamente columbran ángeles malos y buenos. que los ocultos tormentos La más lozana azucena, del marqués se dulcifican gala del jardín, el cuello para ser mayores luego; dobla marc hita, si esconde o cuando en Palacio asiste roedor gusano en su seno. al servicio honroso, atento, Y la más gallarda encina de la Emperatriz augusta, que alza su pompa a los cielos, de las hermosas modelo; si el corazón se le s? ca o cuando busca, devoto, rómpese al soplo del viento, con el fervor más ingenuo, así con un alma enferma arrodillado en la iglesia, no puede haber, sano cuerpo, en Dios amparo y consuelo; ni salud que no se postre o- cuando por los jardines, con un corazón deshecho. que al pie de la gran Toledo ORO VIEJO EL SOLEMNE DESENGAÑO Al cabo maligna fiebre y fantásticos reflejos convierte la sangre en fuego, -en rap acejos de oro, por las robustas arterias, molduras y terciopelos; por el juvenil cerebro Garcilaso, vigilante, del de Lombay, que, postrado, un tenue rumor oyendo, yace doliente en su lecho se alzaba con mudos pasos, deoroy seda, que es ya, ¡oh, mundo! y a un lado del aposento duro potro de tormentos; levantaba, no sin susto, Como jefe de Palacio, un rico tapiz flamenco, tiene su vivienda dentro, y en fa pared descubría con ostentación servido angosto postigo abierto. de pajes y de escuderos. Vago bulto silencioso Mas la pena más amarga, por él asomaba luego, y el más hondo desconsuelo, con manto y capuz sin formas, y la ansiedad más ítorrenda, aparición, sombra, ensueño, y el cuidado más acerbo, sobrenatural producto reinan en las ricas salas, de algún conjuro. Con lentos entre amigos y entre deudos; pasos, sin rumor, al lado cunden en Palacio todo, llegaba del rico lecho, y consternan a Toledo. y en el doliente clavaba Pues Reyes, príncipes, grandes, ojos cual brasas de fuego; hidalgos y caballeros, y una mano, que en la sombra y hasta el vulgo humilde, miran vislumbres de hielo, con asombro y desconsuelo por la calurosa frente en el peligro de muerte del aletargado enfermo a tan gallardo mancebo, pasaba, gemidos hondos a tan alto personaje, ahogando con duro esfuerzo. de virtud a tal portento. Y al instante, y por el mismo Y no hay semblante sin llanto, postigo oculto y estrecho ni sin angustias hay pecho, desaparecía, dejando ni labio que no pregunte como embalsamado el viento. con inquietud y con miedo. Ser dijérase un encanto, y que había cobrado cuerpo alguno de los delirios Garcilaso de la Vega de la mente del enfermo. (sin que ni el hambre ni el sueño en su ansiosa vigilancia La senda el tapiz borraba, tengan el menor imperio) el muro otra vez cubriendo, ni una hora, ni un instante y tornaba Garcilaso deja el lado del enfermo, a ocupar mudo su puesto. y de él los ojos no aparta, El doctor Juan Villalobos, sentado junto a su lecho: de aquella Corte galeno, al personaje consagra ojos de llanto arrasados, toda su ciencia y su esmero; I pero de continuo atentos a que nadie, nadie escuche y- en el pronóstico duda, sus fantásticos conceptos, y cauto no quiere hacerlo las voces rotas que acaso hasta que síntomas note del delirio en el acceso más favorables que adversos. suelen dar funesta lumbre, Dé la juventud al cabo revelando hondos misterios. triunfó la fuerza, y el cielo Y cuando allá, a medianoche, miró con benignos ojos rendidos ya por el sueño la angustia de todo un pueblo. yacían los servidores, Y apuró el doctor su ciencia reinando feral silencio, y tornó a lucir risueño y en letargo sumergido el rayo de la esperanza también miraba al enfermo, de los aterrados pechos. en el estado terrible D. octo o sagaz Villalobos, en que qasi es muerte el sueño, prescribe como remedio a la luz trémula, opaca, que busque fuera de España del lejano candelero, nuevos aires, climas nuevos. que abultaba obscuras sombras D U Q U E D E RIVAS en las cortinas del lecho, (Dibujo de Perrer. dando vislumbres escasas db aa