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Viaje a l r e d e d o r d e mi jardín EL NOVELISTA DESTERRADO Q U E LA COSTA AZUL COLONIZÓ rados f r u t o s P o c o después, u n ingeniero de la A r m a d a t r a j o del Japón también, semillas de k a k i cuyas ramas o f r e n d a n s u fruto amarillo, c o m o farolillos v e n e c i a n o s que hubiera c o l g a d o y encendido en ellas la mano del hombre. Y luego, por curioso estímulo o c o n t a g i o ante los bosques noveles, se i m p o r t a d e M a l t a el mandarinero, el eucalipto de A u s t r a lia, en sus numerosas variedades, y l a p a l mera de A r g e l i a y de Túnez, como trofeo de las expansiones coloniales... Creóse así eí boscaje prodigioso que encanta los ojos c o n su verdor perenne y r i m a c o n eí aire el murmurio evocador de la edad helénica. F a l taba, sin embargo, el mayor e n c a n t o q u e hoy t i e n e l a C o s t a Azul. Conocía yo unas líneas de A l f o n s o K a r r posiblemente o l v i d a das de todos, entre las páginas de u n v i e j o s e m a n a r i o donde el espiritual novelista escribió la reseña periodística de unas regatas festivales celebradas en 1878, ante su ú l t i m a m o r a d a la maison closé e n S a n Rafael, en el departamento del V a r en una deliciosa ensenada c e r cana a N i z a C o m e n zaba así este r e l a t o H e sido a f o r t u n a d o en l a elección de mis retiros. E n 1833 desc u b r í E t r e t a t en 1840 descubrí S a i n te- Adresse, donde no había más que tres c a sas y donde, después, reinas han elevado p a lacios; en N i z a no h i ce más que crear y dejar á quienes me s i g u i e r o n una de las principales, l a p r i n c i pal, acaso, dé las i n d u s t r i a s del país- -el comercio de flores d u rante el i n v i e r n o- L u e g o descubre S a n Rafael, y se enorgullece de haber creado una de las más bellas residencias invernales y estivales, primaverales y otoñales, que ha de poseer F r a n c i a ¿N o había en todo esto u n desbordamiento de l a vanidad, e n t r e infantil y f e m e n i n a característica de este ingenio sutil, de esta fantasía luminosa, de esta imaginación apasionada, de esta voluntad fogosa? Había yo olvidado el relato Hace doscientos años- -nos dice C h a i nas- los jardines de Ollioules y de Hyéres poseían algunas flores- -claveles y v i o l e t a s en su mayoría- ape. nas cuidadas, casi silvestres, degeneradas y m e z q u i n a s U n azar completó la o b r a d e los a r b o r i c u l t o r e s y silvicultores, c r e a n d o el prodigioso, e l e n cantado jardín de la Costa A z u l S i el G o bierno de L u i s N a p o león no hubiera desterrado en N i z a al novelista A l f o n s o K a r r es posible que no exisA L F O N S O K A R R R E T R A T O POR CAROLTJS D U R A N tiera el jardín provenzal, o, al menos, que su formación se h u del novelista. E s t o s p a s a d q s días lo trajo a to y explotación de aquel suelo fértil. U n biera retardado muchos años, y, desde luemi memoria u n curiosísimo estudio de la co- farmacéutico de l a A r m a d a retirado en sa go, que hubiera llegado mucho más tarde lonización- -de la industrialización, dijéramos aldea catal, importó el níspero del Japón, o no hubiera llegado aún su industrializamejor- -de la Costa A z u l escrito en un dia- de grandes hojas siempre verdes y doción y el reparto del río de oro que reprerio francés por A Chainas. A c a s o sea ejemsenta la venta de las flores en l a Costa A z u l plar que en nuestra región de Levante y Apenas instalado, en 18 1, A l f o n s o K a r r en nuestra Andalucía, donde tantos lugares se dedicó a embellecer su morada de N i z a propicios pudieran convertirse en estaciones Espíritu panteístá, amador de l a Naturaleza, invernales, sej n que hace u n siglo apenas, delicado apetecedor y gustador de los colono ya la Costa A z u l sino la Provenza e n res y de los perfumes, rodeó de flores su tera, que las gentes creen resurrección p r o casita, sembrándolas y cuidándolas con sus videncial del paraíso bíblico o del jardín propias manos. Y escribió, a la vez, su dede las Hespérides, prodigiosa donación de licioso Viaje alrededor de mi jardín... Así la Naturaleza, era u n país, árido y seco, fué creando en sus vecinos la afición a las donde apenas había más que algunos enveflores y adiestrándolos en su cuidado, en el jecidos olivares, algunas viñas y algunos perfeccionamiento del cultivo, en la selecalmendros de hojas grises, restos de l a coción de semillas, de tierras y abonos; en la lonización romana. Rutina, Ignorancia y fecundación artificial y e n las artes misterioPereza se llamaban las ninfas que inspirasas de l a hibridación. E n 1859, cuando lleban a los campesinos pobladores de aquellas garon hasta N i z a los rieles del ferrocarril, campiñas y de las laderas de las montañas. A l f o n s o K a r r tuvo la idea de festejar el suU n a tradición venerable autorizaba a los ceso enviando flores a sus amigas de París. vecinos de Tolón a recorrer en ciertas fies- E r a pleno invierno, y l a ofrenda floral protas los olivares de la región y a comerse dujo en l a capital asombro y admiración. las aceitunas que se desprendieran de los Las damas de la Corte, las comedíanlas, olivos, zarandeándolos. N o mejor defendicantarínas y danzarinas; cuantas mujeres dos estaban los viñedos y los almendros. H a s t a 1836 no se inicia el embeltecimien- E N T R A D A A L A C A S A D E A L F O N S O K A R R del monde y del demimonde tenían u n título