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Ciudades españolas. SOY BAEZA, LA NOMBRADA para curar el tedio de las castellanas melancólicas era una aparición de María Santísima, quien reveló al moro que en aquel paraje yacía enterrada una efigie suya, y era su mayor deseo la sacara y pusiera en un lugar decoroso. El moro, agradecido, prometió hacerlo así, y, ayudado por su padre el caíd, no tardó en levantar la ermita, donde se veneró mucho la devota imagen de Nuestra Señora de la Yedra, que sostiene al Niño Jesús en los brazos. Bajo su altar brotó un manantial, y muchos enfermos de la tierra encontraron alivio en sus aguas milagrosas. Pero el culto también se resiente de la veleidad humana; toda devoción tiene su auge, su decadencia y su ocaso, y ahora, en la. misma ermita que unos moros conversos levantaron a la V- irgea de la- Yedra, tiene mayor privanzael Cristo, obra de un monje artista, que desde Valencia fué a Baéza, acompañando a San Vicente Ferrer. Estuvo primero este famoso Cristo en la capilla de la Cofradía de la Vera Cruz- -que d treinta reales por su hechura- i o luego fué llevado a La Yedra, donde comenzó a resplandecer con milagros y maravillas -según dice el venerable Francisco de Rus, prior de Bailen- mientras la Al abandonar el tren en la estación de pues no debemos pasar adelante sin escuBaeza- Empalme- -cabecera del ferrocarril char antes la bella tradición que nos refiere de la Alpujarra y otras, vías que conducen el docto Gaspar Salcedo de Aguirre. Señoreaban los moros todavía en la coa Ubeda y Linares- aún estamos lejos de la antigua Baetis, sede episcopal visigótica marca, cuando un hijo del alcaide de Rus, y corte de un reyezuelo, en tiempo de los que había ¡perdido la vista en los azares de moros. Pero un tranvía eléctrico- -que, des- una montería, continuaba tan apasionado pués de atravesar el Guadal ¡mar, asciende por la caza, que salió al campo con sus valientemente hacia la loma- -nos lleva a picadores y perros, para recrearse con el la ciudad, con una velocidad tan moderada, concierto de rudas armonías. que consiente contemplar a placer los inCansado ya, se detuvo en un rincón umteresantes pueblecMos que jalonan la ruta. broso, mientras sus monteros continuaban Canena. con su castillo de cuadradas to- cazando a gran distancia, y sintió que le rres- -hoy Casa Consistorial- que pertene- tiraban de la marlota y que una voz delició a D. Francisco de los Cobos, secretario cada, pero imperiosa, le ordenaba alejarse de Felipe II y ascendiente de los marqueses de aquel sitio. Respondía el triste que era ciego y node Camarasa. Rus, que existía ya en el siglo n de nues- tenía cerca ningún criado que pudiera guiartra Era, según prueba una basa de ala- le. Al punto, tocáronle- suavemente en los. bastro, dedicada por los ruradenses al Cé- párpados, y la misma voz, dulcificando ahosar Septimio Severo, vencedor de los ára- ra su acento, le invita a que abra los ojos, y entonces... vido cerca de sí una señora bes, adiabenos y parthos. Y, por último, La Yedra, con su famoso hermosa en extremo, de cuya hermosura y santuario, levantado en lugar tan apacible majestad quedó admirado; le agradeció la y delicioso en el estío, que con razón hi- merced, y, con mucho respeto y palabras cieron de él su Cercedilla o su San Rafael corteses, ofrecióse a servirla No era ninlos moradores de la antigua corte de Moha- guna hurí escapada del paraíso del falso profeta, ni- tampoco alguna hada andariega rned Aben Tothba. Aprovecharemos el obligado transbordo, de las que creó la fantasía de los juglares J 9 K r mi n I 1 5 TyCrC E L ARCO O PUERTA D E JAÉN, JUNTO A L A CASA D E L POPULO E N CUYA FABRICA SE EMPLEARON CURIOSOS RESTOS ROMANOS
 // Cambio Nodo4-Sevilla