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A B C. D O M I N G O 20 D E O C T U B R E D E 19 29. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 3 DE ECOS SOCIEDAD DIVERSOS Diálogo sin importancia La sevillana- ¿Qué... ¿Se queda usted, definitivamente, en mi tierra... El forastero. ¡Qué más quisiera yo... La sevillana. -Embustero. Eso lo dice usted para congraciarse conmigo. Pero otra le queda por dentro. El forastero. -Por dentro no me queda más que una penilla: la de tenerme que marchar. ¿Por qué piensa usted no esté contento en Sevilla... E l clima es de primavera, la ciudad deliciosa, sus mujeres bonitas... La sevillana. -Deje usted el incensario y confiese la verdad. L a verdad es que usted vive en M a d r i d y que allí están sus costumbres y sus afectos. El forastero. -Usted lo ha dicho: mis costumbres. ¿Ignora usted que, después del deber, no hay nada más aburrido que la costumbre... Aunque nada más fuera por esto, por variar, yo tendría que v i v i r contento en Sevilla. La sevillana. -Bueno: por unos días. Pero han pasado ya. Ahora, seguramente, el aburrimiento ha invadido a usted. Y heí aquí, precisamente, lo que me da r a b i a soy sevillana y no me gustaría que nadie se aburriese en m i tierra. El forastero. -Una pregunta, antes de contestar a usted: ¿por qué las sevillanas salen ustedes tan poco... La sevillana. -Porque somos muy mujercitas de nuestra casa. EJ. forastero. ¡B a h tópicos aparte... Usted sale poco de su casa, no porque no tenga ganas de salir, sino porque tiene un poco de miedo a las murmuraciones de su vecina. ¡Conozco a mis clásicos... La sevillana. ¡A que resulta que va a ser usted más de Sevilla que y o! El forastero. -Soy de una provincia española que, de ambiente, se parece bastante a Sevilla, como se parecen entre sí casi todas las provincias de España. P o r ello le digo a usted que conozco a mis clásicos. Cuando yo me paseo por Sevilla y veo sus amplias avenidas nuevas, su gran Casino de la Exposición, etc. etc. me pregunto: pero: ¿para qué querrán todo esto la mayoría de las sevillanas? ¿Para ser muy mujercitas de su casa, como usted dice? La sevillana. ¡Cuidado... M e parece que se está metiendo conmigo. El forastero. -No. Quisiera, únicamente, dar a usted un buen consejo: déjese usted de convencionalismos, mandados ya retirar, olvide los prejuicios rancios y las viejas prevenciones, y lleve usted la vida tal y como se l a dicte su propio impulso. Bien que sea usted una mujer dispuesta y amante del hogar, que eso le honra; pero sirva usted también de adorno y de contraste a esta ciudad, por la que han pasado los siglos... La sevillana. -Pero si las muchachas de Sevilla no paramos actualmente un solo momento: las fiestas de la Exposición, los tes de H o t e l jueves y domingos... El forastero. ¡N o me hable usted de esos tes de Hotel en día señalado! Tales clases de fiesta, hasta en Madrid, adquieren al instante un aspecto provinciano. Ustedes tienen en Sevilla ambiente y carácter propios, venero para lo que deberían ser sus fiestas; las que usted misma conoce, pero con más gente y no con cuentagotas. Cuentan ustedes con el clima y con la gracia... La sevillana. -Perdone usted. Eso de la gracia sevillana, ¿no será el tópico que antes nombraba. y al que recurre ahora... El forastero. -No. L a gracia existe en Sevilla. N o me refiero a ese andaluz del saínete, el C u r r o M e l o j a al que una leyenda le obliga a ser gracioso a la fuerza. M e r -NO EL HEMOS PODIDO ÍCOBRAR LO Q U E M E ENVÍA MI HERMANO, PORQUE Llj CONOCIMIENTO. ¿TAMBIÉN AL; G I R O? ¡V A Y A P O R D I O S! SÉ C O N O C E Q U E ESO ES HEREDITJ refiero a la gracia espontánea, a ésa frase que hrota fácil y sin premeditación del labio sevillano. E s a gracia, la buena, la de verr dad, asalta al forastero hasta en el último rincón de Sevilla. La sevillana. ¿Ha tropezado usted con ella... El forastero. -Sí; en varias ocasiones. La sevillana. -En el salón. El forastero. -Y al aire libre... L a otra tarde, precisamente, comía yo en una de esas típicas ventas de Sevilla. Comía solo y estaba distraído c o n unas cuartillas, a corregir, que tenía delante. Sin, duda el camarero advirtió aquella distracción y el poco caso que hacía de los comestibles que tenía delante. Debí ofenderlo, sin yo querer, en su amor propio profesional, porque, de pronto, me di cuenta que ponían una fuente delante de mis ojos. L a gracia estuvo en el ademán mejor que en la frase. L a fuente y la mano que la sostenía trazaron en el aire ese medio círculo perfecto en que consiste el pase natural. E l camarero me toreó con la fuente, y cuando me tuvo bien prendido de lo que utilizaba como muleta, depositó ésta- sobre el mantel para decirme: -E l ¡bistelito... -Nada más. Así, como si dijese: ¿E s que pensabas marchar sin haberte dado cuenta de lo que comías? ¡E l bistelito... Ahí tiene usted un pedazo de carne que comí yo con mucho gusto, porque me parecía, al morderlo, morder en el corazón de la propia Sevilla. -Gü de Escalante. Se encuentra pasando una temporada en Sevilla el duque de Hernani. También se encuentran en Sevilla el duque de Medina Sidonia y D Tomás B e ruete. M a d r i d 19, 10 mañana. E n I ranie Molinero se reunieron, erl los jefes y oficiales que integrarj miento número 80, organizado cientes maniobras en la zona del E l objeto de la reunión era éxito obtenido en la realización tivo que se le asignó a dicho red a sumar lazos de compañerismo! ciaies de diferentes Cuerpos de f que incidentalmente se hallaban denes del coronel D Juan M q que mandó el citado regimiento El Cerro de Santa Cat Gijón Gijón. 19, 1 madrugada. E l e l neral de la octava región, D Fraií tiñano, salió para Coruña. Antes prometió al alcalde informar favorati te la instancia que el Ayuntamiento eí al- ministro del Ejército pidiendo la c e l al pueblo del Cerro de Santa Catalina, p a l instalar en el mismo un grandioso p a r q u e que se denominará Príncipe de Asturias Dicho cerro, perteneciente al ramo de Guerra, está considerado como falto de condiciones estratégicas para la defensa de la ciudad. Maniobras militares V i t o r i a 19, 10 mañana. H o y se celebrará el ejercicio final de las escuelas prácticas que vienen celebrando en los campos riojanos las tropas de esta región. Asisten a las maniobras el capitán general, Sr. López Pozas; los generales divisionarios y el general gobernador, Sr. Az pillaga. INFORMACIONES MILITARES E l nuevo teniente vicario de la región, D Plácido Zaydin Fabrid, se ha hecho cargo de su cometido, habiendo cesado en el desempeño interino del mismo el capellán del tercero de Zapadores, D Segundo A l o n so Gómez. General gravemente enfermo Ferrol 19, 10 mañana. Se encuentra gravemente enfermo el general gobernador, D. Godofredo Nouvilas.