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para el ingreso en la ACADEMIA G E N E R A L MILITAR D i r e c t o r F S u á r e z de D e z a e x i n g e n i e r o m i l i t a r P r o f e s o r a d o competentísimo de jefes d e l E j é r c i t o E n las c o n v o c a t o r i a s de 1928 y 1929 h a o b t e n i d o excelentes r e s u l t a d o s i n g r e s a n d o l a casi t o t a l i d a d de l o s a l u m n o s p r e sentados p o r esta A c a d e m i a y en l a p r i m e r a de ellas g a n ó l a plaza núm. 1, con D Manuel Sánchez Suárez, preparado en un solo curso. S i s t e m a de preparación perfecto. T o d o s los sábados se hacen e x á m e n e s iguales a los d e l a A c a d e m i a G e n e r a l M i l i t a r E s t u d i o s v i g i l a d o s p o r sacerdote y a t e n d i d o s p o r e l d i r e c t o r p a r a r e s o l v e r l a s dudas. E x c e l e n t e i n t e r nado. P i d a n r e g l a m e n t o s Paseo de la Independencia, 9, Z A R A G O Z A Convocatoria todos los años para Policía y Auxiliares de Contabilidad. Próxima convocatoria para Auxiliares administrativos. En los dos Cuerpos de Hacienda se admiten señoritas. Estas clases están dirigidas por el Sr. Reus, Juez, por oposición, del Tribunal Supremo de la Hacienda pública. Programa oficial, nuevas contestaciones y preparación en el antiguo y acreditado INSTITUTO REUS En Policía obtuvimos 143 plazas, entre ellas los números 1, 2, 3, etc. y on Hacienda, cinco veces el número 1, dos veces el número 2 y 326 plazas. Los retratos y nombres de estos éxitos definitivos se publican en el prospecto que regalamos. Solicite programas gratuitos al antiguo y acreditado INSTITUTO REUS PRECIADOS, 23; PUERTA DEL SOL, 13, Y MAYOR, 1, MADRID. Tenemos internado. REZO Preparatoria IA Y POLICÍA A C A D E M I A C A U T O S S A N BERNARDO, 2 AGRÓNOMOS Y PERITOS i AGRÍCOLAS INGENIEROS MADHID. Ingenieros, arquitectos y sus ayudantes respectivos. 22 profesores. Internado, Pídanse reglamentos de estas carrerap al PENSIONADO- ACADEMIA SAN JOSÉ, que inauguró la preparación el 1. de octubre, a cargo de ingenieros agrónomos, bajo la dirección del de la misma clase, don Antonio Montero García. Arenal, 25; telf. 52242 y 19795, Madrid. Consultas, matrículas, de 11 a 1 y de 6 a 7. Profesores auxiliares Universidad e Institutos, Internado. Pez, 1 S (moderno) Teléfono 11318. ACADEMIA BACHILLERATOS UNIVERSITARIOS 4o d FERNANDEZ Y GONZÁLEZ E L PASTELERO D E MADRIGAL! -M u y bien, monseñor. -V a m o s ahora a las prisiones del Estado; acompañadme vos solo; que los demás esbirros se retiren. ¿Y se dejará en libertad al señor César M a latesta? -S í precededme y vamos. Barbarigo y Brachioforte salieron del salón, atravesaron la antecámara sin que Barbarigo dijese una sola palabra a César Malatesta, que le saludó ceremoniosamente al pasar; salieron a las galerías, bajaron las escaleras y, por la puerta principal del palacio, llegaron a la góndola, en la cual entró B a r harigo y luego Brachioforte, después de haber dado orden a los esbirros de que se retirasen. L a góndola partió. E l palacio de los Conti quedó abandonanádo y obscuro, sin que se viese una sola persona! cerca de CAPITULO X KA un salón completamente entapizado de paitó rojo y Con el techo de madera severamente tallado y de color obscura Aquel salón no tenía más que una gran puerta en uno de sus extremos, y en el otro extremo un gran dosel, en el centro de cuya cortina se veían bordafias en oro y de un gran tamaño las iniciales del Consejo de los Diez. Bajo el dosel había una gran mesa, detrás de la cual se veían diez sillones, y a l a derecha y a l a izquierda de esta mesa, una grada más abajo, había dos mesas pequeñas, y, junto a rada una de ellas, un taburete, destinadas a los secretarios del Consejo. Dos grandes arañas cargadas de bujías iluminaban este salón; pero en el momento, en- que le presen- tamos a nuestros lectores sólo había encendidas a l gunas bujías de la araña más- próxima a l dosel y fas. de uno de los cuatro candelabros que se veían sobre la mesa del Consejo. U n hombre se paseaba, haciendo resonar sus lentas pisadas sobre el sonoro pavimento de. mármol del salón, qué estaba completamente desierto. Aquel hombre era Giacomo Barbarigo. E n vez del birrete, de- I ropón talar rojo y de la don Sebastián de quedar libre para contraer matrimonio con la patricia Éstéfana Barbarigo, debo preguntar, obedeciendo a mi honra y a mi lealtad a la ¡República, si por este casamiento se ha creído que yo pondría temerariamente m i influencia en el Consejo de los Diez al servicio del Rey don Sebastián por. la miserable ambición de que se me llamase un día padre de la Reina de Portugal. -Creo, monseñor, que en el ánimo del Papa no haya entrado por nada eí pensamiento de que vo 3 amparaseis más allá de lo que debéis a vuestro honor y vuestra conciencia al Rey don Sebastián. -S i n embargo, hablando leal y francamente- -dijo Barbarigo- la extraña causa que se alega para el repudio de doña María de Souza me autoriza a sospechar que tal vez se ha intentado ponerme delante de los ojos una tentación, y esta sola sospecha me lastima más de lo que podéis creer. -E l Rey don Sebastián ha alegado amor hacia vuestra hija y conveniencia para sí y para su reino, porque la hija de Giacomo- Barbarigo es digna, por las virtudes y por la gloria de su padre, de ser esposa de un Rey. -O i g o en vuestra boca las palabras de Roma, que, cuando no truenan en nombre de Dios, cantan engañosamente como las sirenas; y y a no es una sospecha la que tengo, sino la seguridad de que se ha intentado que yo manchase, ya en el fin dé mis días, una larga vida de honrosos sacrificios; os. habéis engañado, y yo lo deploro, porque vuestro error me ofende; yo no soy padre de Éstéfana Barbarigo más que por la Naturaleza; yo he repudiado, yo he lanzado de mí a esa mujer con causas bastantes para ello, y me es completamente igual que contraiga matrimonio con un Rey o con un bandido; ella es completamente libre; os habéis engañado si habéis creído que yo me enorgullecería por su casamiento con el Rey don Sebastián; Reina o no, yo no volveré a llamarla hija; yo he lanzado sobre ella el nulla est, redemptio que lanza Roma sobre aquellos a quienes arroja perpetuamente de la Iglesia. -L a Iglesia perdona a los arrepentidos- -dijo el cardenal Montalto. -L a Iglesia es divina y yo soy humano. P o r más que negando para siempre mi perdón a esa mujer