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A B C. M A R T E S 22 D E O C T U B R E D E 1920. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA, PAG, T violándose. N o cesaban de entra: en el río iiuques y más buques armados; de norhe, sus reflectores, inmóviles e implacables, ornaban fantasmal la abarloada flota mercante, detenida por la huelga de los muelles. Por último, reorganizóse precipitadamente a Ever Victorious A r m y fundada cuando la ya legendaria sublevación Taiping, aquella secta feroz en su estrafalario cris: iai ismo; v que era y continúa siendo un eco, suavizando la acometividad y las arbitrariedades, del Ejército que mantenía por su cuenta en el siglo x v m la Compañía de las Indias Orientales, Sociedad mercantil que poseía un Imperio, de que luego se i n cautó Inglaterra. E n el hall del Astor componían magníficos trofeos los rifles y los correajes, dispuestos en pabellón, de los voluntarios, que acudían a tomar el aperitivo, servido por los negros del jass- band, los músicos hawaianos 3 antiguos funcionarios zaristas, a falta de los eoolíes. Los bravos de la Ever Victorious A r m y se agrupan por nacionalidades. E n 1925 la integraban adolescentes y hombres ya encanecidos, maduro E n los jóvenes, los atavíos marciales regeneraban la burocrática vitola, pero en los viejos resudaba imposible evitar la panza o la huella de los espejuelos en Ja cuenca ocular. Lucían distintos uniformes las diversas compañías; su faldell n y sus ligas, la escocesa; J a yanqui, su blusa- camisa y su chambergo; la belga v la gabacha, el salacot, y lá pipa, y los botines claros y arrugados. De noche, cantineras y nurses espontáneas recorrían los puestos de guardia, en un autocamión habilitado para cantina. mundial. Su condición de francesa no es- ¡V erme obligado a hacer confidente de- mis torba a la objetividad, y asi han apareci- íntimos pensamientos al sargento censor 1 do sucesivamente las vers ones de un mismo Y sob. e todo, 1 estar encerrado, no poder ir acontecimiento por hombres que militaban hacia mi casa, hacia los míos; no poder goen une o en otro campo. Ejemplo de ese zar de su consuelo ni darles el mío! Mas todas estas, reflexiones no venían a r pósito de buscar ¡a verdad es el volumen Las dos batallas del Mame, que contiene JÍ- cuento en aquella hora. Eran prisioneros reíatos del mariscal Joffre, el ex pnncipe de guerra, y se trataba de saber si estaban Imperial, el mariscal r o c h y e l general L u- bien tratados como tales. E s decir, hab: a der. dorf. Esta colección se ha aumentado que aceptar previamente la legalidad de su con un nuevo libro: Los prisioneros de que- condición de prisioneros, y juzgar después rrá (1914- 1 CJ 19) trabajo muy documentado, con la sequedad de las llamadas leves de l a he -ho por M Georges Cahen- Salvador, d i- guerra o a través del texto de los Convenios rector que fué del Servicio general de los de L a Haya de IQ 07. Partiendo de ese prinprisioneros de guerra. L a lectura de este cipio, yo tuve que decir en mis artículos que libto ha reverdecido mis recuerdos, ya que los prisioneros estaban bien. Los jefes de de algunos episodios dramáticos, trazados los campamentos no nos enseñaron nada que fuera acusador para el régimen Y los m spor el autor, he sido testigo presencial. E n los días de las terribles represalias, mos prisioneros con quienes hablé a solas cuando los Gobiernos alemán y francés in- no, hicieron denuncias. Muchos, sí, se quetentaban obtener un mejor trato para sus jaron de la mala calidad del pan alemán, soldados prisioneros, imponiendo regíme- queja muy justificada y que yo hice mía, nes más duros a ios que teman en su po- porque el pan que nos daban en las panadeder, los periodistas acreditados en el Cuartel rías de Berlín era incom ble. general de los Ejércitos imperiales éramos Todo el libro de M Georges Cahen- Salinvitados a visitar los campos de concentra vador tiende a justificar la conducta de ¿ion Zossen, Lectifeld, Niederzwehren, Francia para con los prisioneros de guerra Koenigstein... E n el invierno de 1916- IQ 17 alemanes. Las autoridades nrlitares franfuimos requeridos los periodistas neutra- cesas se desvelaron por cumplir lealmente les para atestiguar de que los prisioneros las obligaciones de humanidad y de respefranceses eran tratados sin ningún rigor. to debidas a los cautivos, y en todo momenPero, ¿qué eficacia podían tener nuestras to usaron de gran liberalidad. Aquí (en aseveraciones? Cuando no se nos acusaba Franc a) -dice- -la única preocupación de de estar a sueldo del Kaiser, se atribuían asegurar mejor suerte a sus nacionales que nuestros testimonios a la germanofiüa. De sufren el cautiverio, y, ante la imposibiliotra parte, nadie ignoraba que los relatos dad de lograrlo por los llamamientos al nviados por los corresponsa. es neutrales a sentimiento de humanidad o por protestas sus periódicos eran sometidos a la censura. que fueron vanas, se impuso lz necesidad 1 ógicamente podía suponerse que a cen- de las medidas de reciprocidad: obligar, ya Una vez, ya de madrugada, iba yo por el w p no permitiría decir algo contrario al que no era posible convencer. A falta de Bund. el puerto de Shanghai, famosísimo en nterés alemán. Pero nosotros mismos era- otro libro, que acaso se publique más tartodo el Extremo Oriente por la enorme se- rio escépticos: cuando entrabamos en un de en esta misma colección, con los argurie de Bancos, que lo transforman en una campo de prisioneros nos parecía que todo mentos alemanes, hemos de aceptar ue l a apoteosis de la colonización occidental, y a staba arreglado para nuestra visita, y que conducta de Francia se ajustó siempre a- la la hora aquella y en las sabidas circunstan- -ipenas volviéramos la espalda cambiaría la de su adversario. Francia apelaba a las mecías, solitario, de una amoratada vaguedad, decoración. L a afabilidad y la bonhomie de didas de rigor porque Alemania las practien que se diluía la etérea plata del reflec- los jefes y oficiales alemanes, ¿era- cons- có- antes como medio de provocar una depretor de los barcos- -le g ü e r a v refrescado tante o sólo durante nuestra presencia sión en el pueblo francés. Pero hay un capípor e! aliento del río, del barro. de su le- Aquel rancho que nos hacían probar, se- tulo de este libro que reduce el valor de ¿cho, que descubre en las orillas la marea. E n ria siempre tan sabroso? L a paja sutóriis- las afirmaciones precedentes. Es aquel en esto sonaron unas vihuelas y unas guitarras, ri la omo lecho a los prisioneros, iesta- que hace referencia a las condiciones del y a poco un fado empolvó el nocturno con ría siempre tan limpia como cuando nos en- armisticio sobre los prisioneros de guerra. su farinácea suavidad. Los oortugueses. Eran señaban las barracas dornrtorios? Estas Alemania, vencida, queda- obligada a libelos portugueses de la Ever Victorious A r m y V. otras incógnitas nos inquietaban. Pero, sin rar todos los cautivos: los aliados, venceen su mayoría procedentes de. Macad. Cum- poder despeiarlas. teníamos, que decirló que dores, los retendrán tanto tiempo como j u z plían la guardia, y, al retirarse, con la ter- habíamos visto. Las propias declaraciones de gasen necesario. E l artículo 10 del armisticerola en bandolera, tocaban y cantaban los prisioneros con quienes hablábamos no cio firmado el 11 de noviembre, decía así: como si fuesen de ronda, no mili ar. sino saudnsa. Pasaron los rostros patilludos y podían sacarnos de dudas: sabían que ha- Repatriación inmediata v sin reciprocide ojos brillantes, las voces dulcísimas, blaban con periodistas, que nuestros infor- dad en las condiciones qué se determinarán mas no quedarían secretos para- las autori- de todos los prisioneros de querrá aliados aquel gran desmayo estremecido. dades alemanas, y podían temer á las penas v de los Estados Unidos. Las potencias alia Sólc el os daban serenata, a nadie, a si individuales o colectivas por sus denuncias. das v los Estados Unidos podran disponer propios, rindiendo tributo al lirismo de cas- Yo recuerdo cuál era mi estado de vánimo de los cautivos como mejor les parezca. ta. Y la sensibilidad de los lusitanos, entre cada vez que visitaba un campo de concen- Entonces los aliados tienen la iniciativa, son el rencor en demasía calculado, casi alge- tración: de gran simpatía p a r a l o s cap- los arbitros en la suerte de todos los p r i braico, de los chinos, y la violencia, que no tivos y de rencor para los; guardianes. Üia sioneros. -L a prolongación del cautiverio de justificaban los beneficios materiales propor- hombre privado de libertad ime oá ece st rh- los soldados alemanes no es impuesta por cionarlos por la occidentalización. de los ex- pre una víctima, y este sentimiento mé imr el proceder de Alemania, j Y- al final de tramuros, salvaba una palpitación humana p de pensar que acaso sea juste: 7 su encie- fOTO ie decir, un año después de haber sido en mitad del desastre, v a un tiempo in- rro Tratándose de prisioneros de gv f ¿Jiberadosílos cautivos de, las potencia aliaducía a comprender la tristeza de la vida que, yo sabía limpios de todo crimen, ncluso das. todavía, según declara M Cáhen- Sale ilusionaba con anhelos redentores como del crimen de la guerra, del que- otrosí eran vaddr, ÍFfancia retiene a los prisionéicis váideales. los grandes culpables. me solidarizaba cor- lidos! ...Vuelvo a oír aquel fado entre los him- dialmentt can ellos Y abria- rhucho lós; ojos: tra parte, muy interesante, del libro esacusar a tudia la ¿aportacion hecbá por ios piisionenos v las salvas que celebran la llegada quería sorprender algo ¿úfi: 4 foé a España del presidente de la República quienes los tenían encerrados- detrás de las rSs de -i. gúerra alemanes ál tecnicismo mdusde Portugal. alambradas con púas, lejos ide sus i, madres; t i í f t a ñ c é s Monsiéur Cahen- Salvadpr la de sus hijos, de sus mujeres. v. tiaMndig- t- ecqndcéi con una sinceridad que debe rcFEDERICO G A R C Í A S A N C H I Z nac- ón cuando los oficiales alemanes oos env fi ítar? se. Procediendo a una selección en señaban las instalaciones de dúchas. -Iós re psie mpos de concentración se advirtió que fertorios, los cuartitos Había entre: los r de N U E V A E V O C A C I Ó N cia! es prisioneros, comoreservados- a ¿ofií ciertas; industriasprisioneros especialiéas tesi quisieran- decírí de fas que Alemania i Verdad que no se pueden quejar? ¿Dón- ñía el- monopolio, i No era legitimo. aproD E LA GUERRA de estarían mejor? E n sus casas pensaba vechar de su cautiverio en beneficio. de la yo Y la idea de quedarme allí disfrutando industria francesa, indemnizándonos asi de L o s prisioneros de todo aquello meses, semanas aftós, me os daÁos que nos habian hecho involuntaL a Empresa editora Payot, de París, ha amedrentaba y sublevaba a la vez. i Tener riamente... Antes de las hostilidades, ublicado va muchos volúmenes en la colee- que dormir en las barracas cuya atmósfe- todos los termómetros médicos procedían ión de Memorias, estudios y documentos. ra era espesa como vaho de presidio! i Te- de- Alemania, y d c n t k p la guerra se alenta 4 ue puedan servir a la historia de la guerra Iner que comer en las escudillas de lata! ron las existencias. Teníamos que adqti. I Í
 // Cambio Nodo4-Sevilla