Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MADRID- SEVILLA 23 O C T U B R E 1929. SUELTO 10 DE NUMERO CTS. DIARIO DO. ILUSTRAVIGÉIff. t AÑO SIMO QU IN TO N 8.369 REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, CERCANA A TETUAN, SEVILLA Y o hubiese querido pedir, en todo caso, que me sirviesen aparte, en un platito, los cominos que me correspondiesen en cada comida, para hacer con ellos lo que quisiese; pero es muy difícil de explicar esta pretenEl comino y otras minucias sión cuando se trata con camareroá cuya lengua se desconoce. Y a sé que puede apeVeía desaparecer Praga desde la venta- larse al dibujo, y muchas personas han sanilla del tren. Debo confesar que regresa- lido, gracias a tal habilidad, de trances enoba satisfecho de tener un santo patrón mile- josos en restaurantes extranjeros; sin emnario y bohemio. Sentía una suave angus- bargo, hay que ser un excelente artista para tia al pensar que si San Wenceslao hubiese expresar gráficamente esta idea: P o r famuerto cien años antes o cien años des- vor, nada de comino Se puede diseñar una pués, o hubiese nacido en Burdeos, carece- ternera o un faisán... Y aun así... M e ocuría yo probablemente de todo pretexto razo- r r i ó un día. nable para ir a visitar una de las m á s beTenía apetito. M e había entretenido visillas ciudades de Europa. Marchaba con un puntito de tristeza en el alma, como un tando el casi milenario cementerio judío, y hombre que se expatría, porque, al fin, P r a- era tarde ya. He visto en Holanda alguga es la ciudad de los Wenceslaos. M e ha- nos cementerios judíos, pero- -sin que yo bía complacido mucho observar, en los r ó- me haya especializado en esta clase de visitulos de las tiendas, en las placas esmalta- tas- -creo que será imposible encontrar en das de las oficinas, en los membretes de las toda Europa otro tan interesante como éste f a c t ú r a s e l a abundancia del nombre Václav de Praga, con sus doce mil quinientas pie- -que así se escribe en checo- y hasta tal dras funerarias hincadas en la tierra y sus punto pude comprobar esta frecuencia, que leyendas y su desordenado bosquecillo de para mí venía a serien la capital de Checo- acacias. E l mismo guía que me había acomeslovaquia, como sinónimo de hombre, v ante pañado a l a vieja sinagoga, donde se guarda una muchedumbre no pensaba: ¡cuánta la desteñida bandera de seda roja, cuyo pegente! sino ¡c u á n t o s Wenceslaos hay en sado mástil ha de ser sostenido por diez este sitio! E n Praga tenemos los Wen- hombres en las procesiones hebraicas, y donceslaos una plaza magnífica, un regimiento, de se conserva el sitial del rabino L o w me cuatro Reyes difuntos, una Exposición de contó junto a! a tumba de este personaje reliquias que llena un amplísimo salón, y prodigioso detalles de su vida, que entreteen casi todos los comercios se venden es- nían como un cuento fantástico, y el tiempo tatuitas wenceslaescas. Se comprende allí, pasó rápidamente. E r a ya deshora para ir mejor que en cualquier otra parte del mun- al hotel, y preferí entrar en el primer resdo, la importancia de llamarse Wenceslao, taurante que encontré a mi paso. cuando vo proclamaba: También mi nomUn camarero y un saludo en checo, al cual re es Václav los otros Vá: lav me mira- correspondí amablemente en portugués. Esta ban con alegre simpatía, como a un herma- conducta, que a primera vista parece comno que vive muy lejos y que viene a dar plicar la situación, es de una recomendable una vuelta por su casa. E n las curiosas ojea- conveniencia, porque os inunda súbitamente das de algunos st adivinaba este pensa- de la segundad de que jamás os entenderéis miento hablando, y os impele a buscar otros proce- -A ver cómo es un Wenceslao español. dimientos. Paseé una reflexiva mirada por Y yo notaba que no tenía que hacer es- las consonantes acentuadas que aparecían fuerzo alguno para ser tan Wenceslao como en la lista de manjares. E n uso de su dereellos, y esta igualdad parecía emparentar- cho, los checos han bautizado a todos los nos sólidamente. E n los días del milena- animales y vegetales comestibles con nomrio, la Humanidad estaba dividida en dos bres que no se parecen nada a los españoles grupos: el de los Wenceslaos y el de los ni a los franceses. Y o pensé: qu se llamaban de otra manera. Creo poder- -Cuando un hombre se encuentra en esta estar orgulloso dx; la propiedad con que llevé situación, puede elegir entre dos recursos: mi nombre. U n solo remordimiento se mue- j el imitativo y el artístico. Cierta señora paive en mi alma como un gusano: mi incom- sana mía resolvía sus apuros gastronómicos patibilidad con el comino. E l pueblo de San en el extranjero poniéndose en cuclillas ante Wenceslao se satura de comino. Y o no pue- el maitre, batiendo los brazos y gritando: do con él. He probado pan con comino, so- ¡C ó- c o- c o! ¡Có- co- co! como una gallina pas con comino, aves con comino, diferen- que acaba de expulsar un huevo, y le traían tes mamíferos con comino... hubo horas dos, fritos o al plato. Podría yo hacer algo en que todo tenía para mí, en Praga, el parecido, pero... me molesta prorrumpir olor, el color y el sabor dulzón del comi- ahora en tiernos mugidos para alcanzar un no la niebla del Moldava, las paredes de bisté, o recorrer el comedor saltando con los los viejos edificios, los cigarrillos checos... pies juntos y ladeando la cabeza para mirar Aun en las viandas que menos relación pa- con un ojo, hasta que el camarero entienda recen tener con el comino, aun sobornando que quiero pájaros con foie- gras. Apelaré con ruegos v dádivas a los cocineros, no se al arte. puede evitar que el comino aparezca. BusEntonces, en el revés de la lista, comencé cad, y en cualquier sitio r e c ó n d t o debajo del aía de un pollo, en. las branquias de un a dibujar. Nunca logré el menor éxito en tal pez, en la corteza del pan, dentro de ún actividad, y, como conozco mi impericia, guisante o navegando como un submarino prescindí desde luego de toda pretensión de por las profundidades del plato de sopa, es- retratar una ternera ni un cerdo. Cpté por tará ese granito pequeñín y odorífero de las líneas sencillas, esquemáticas, de un pez. especia. Cada país padece su plaga, y San ¿Cuál? Y o mismo no sabría decirlo. Es poWenceslao tendrá sus rr. zones para no l i- sible que no exista ninguno análogo al que brar a los paladares checos de la persis- yo representé. Pero había en aquellos trazos un aire, un gesto de familia... un no tencia de este sabor. ITINERARIO EXTRAVAGANTE sé qué tal que yo los miraba, a medida que iban brotando de mi lápiz, y decía: -N o hay duda que es un pez. Sardina o tiburón, besugo o salmonete, es un pez. L e coloqué una aleta sobre el dorso. Pero; después, como me pareció una peineta sevillana, la taché. E l camarero seguía atentamente mi labor. L e ofrecí el papel. L o miró algún tiempo; me pidió el lápiz; dibujó debajo del vientre de aquel bicho unas patas. de pollo, y trazó al lado una interrogación. S i n duda quería preguntar: -i E s que quiere usted ganso? Iba a insistir, pero me acometió el rubor de declarar que mis dibujos son tan malos que puede confundirse una pescadilla cotí un pato. M i orgullo de artista me aconsejó: -L o mejor es despistar. Y añadí a aquel pez con patas de gallo una trompa de elefante, para complicar el asunto. Ansiando una aclaración, mi colaborador le dibujó un rabito de cerdo, en forma de sacacorchos. Entonces yo delineé unas gafas sobre la nariz del monstruo. E l camarero marchó, muy preocupado, con el listín. Y poco después me trajo un plato da salchichas. N o había otra conducta decorosa que la que yo seguí: hacer un expresivo gesto alegre para dar a entender: -A l fin me ha comprendido usted. Esto es verdaderamente lo que yo quería. W. F E R N A N D E Z F L O R E Z i PERSPECTIVAS Notas de un turista A los diez años de vida de la Sociedad de Naciones, Europa se ofrece al viajero todavía erizada de obstáculos. E l buen turista ha de hacer pruebas de su vocación; venciendo en esta carrera a todos los elementos, alineados contra él por la tradición y por la nueva barbarie. Antes de la guerra se hacían felices cruceros por el mapa de Europa, desprovisto el viajero de pasaporte. Ahora le ha de obtener, en su país, con la enumeración precisa de las naciones que ha d e v i s i t a o de atravesar; no siéndole permitido ya el divino deleite bohemio de vagar a la ventura. S i en plena ruta modifica su designio ha de írselo a contar al cónsul para mse le ponga en su pasaporte el bueno puede reanudar la marcha hacia tierras vírgenes para sus ojos imantado por el ¿títeres es- -siquiera- -por la curiosidad. M f s en la Agencia de turismo le advierten deljgeligro renovado. Sn tren atraviesa un ángulo de contadas hectáreas, perteneciente a otra nación, que no figura er la enumeración del pasaporte. Y ha de volver a su cónsul para que otra vez le diga por escrito Bueno Naturalmente, estas visitas. cuestan el pago de derechos e impuestos (que sólo se perdonan si el viaje es di estudio) más la cuenta del taxi. Porque, de otro modo, al llegar el tren a ese apéndice de un territorio nacional el viajero sufrí rá la grave dolencia obstruccionados. Pe Hcías y soldados, con uniformes de opereta, se yerguen ante el viajero confiado, haciendo vaier el terrible derecho de soberanía. Y allí finó el viaje. T a l es l a nueva
 // Cambio Nodo4-Sevilla