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A B C. V I E R N E S 25 DE OCTUBRE DE 1929. EDICIÓN DE ANDALUCÍA. PAG. 10 E L CINE M U D O Y E L CINE PARLANTE R a de esperar que Charles Chaplin, el más alto prestigio del género, se pronunciase por el arte mudo. Cuando se domina, como le ocurre a él, por la actitud y el gesto, una gran extensión de la sensibilidad humana, la palabra 110 supone un ensanche de las facultades, sino una traba o un límite. ¿A qué más podría llegar Clxarlot declamando sus papeles? ¿Y si, como es probable, el verbo no le obedece con la misma docilidad que el mecanismo de la fisonomía? Los que oponen el cinc parlante al cine mudo, como si fuesen rivales, sacan las cosas de quicio. 1 uno no es más que la prolongación del otro. ¿Se quiere una demostración de lo que decimos? L a presencia de Maurice Chevalier en el cine es suficiente. ¿Qué trae el simpático artista francés a la pantalla? ¿Tipos nuevos? ¿Medios de expresión inéditos? Nada de eso: sus canciones. Maurice Chevalier, privado de ese elemento de sugestión sobre el público sería tan ave de paso en el cine como lo fué Raquel Meller, la cual, bien aconsejada, ha preferido el seguro éxito de sus. co. plas españolas a la dudosa universalidad que l a prometía el cine. Con el hilo de voz que le resta puede seguir manteniendo su nombre en el cartel sin oprobio para su pasado, porque, aunque apenas se la oiga desde la tercera fila de butacas de un teatro, el recuerdo de sus triunfos la granjea nuestro respeto. Después de todo, así han acabado otros grandes cantantes; de la ópera descendieron al concierto público, y de aquí a hacerse oír en reuniones privadas, tránsito último entre la gloria y el silencio, que es el sudario invisible que cubre a la larga todas las formas de la celebridad. Mauricio Chevalier, actor, no tendría razón de ser en el cine. ¿Qué hay en él de extraordinario cotizable dentro del género? Nada. E s un buen mozo, simpático, que baila el charlestón con gracia v que gusta a las muieres porque tiene juventud v línea v porque canta cuplés picantes con aire ingénito. Su arte no pasa de ahí. E n el marco áe una revista parece algo considerable porq e al fin lo que él hace acaricia la parte más superficial de nuestro espíritu: pero emplazado en una de esas obras dramáticas que pretenden reflejar las pasiones que nos agitan, su figura nos parecería de muy secundario relieve. A no haberse descubierto la combinación que enlaza la imagen con el sonido en el cine, Chevalier continuaría a estas horas moviendo las caderas, con el sombrero ladeado, v cantando con una voz que no recuerda, ciertamente. la de Schipa ni la de Fleta unas coplas de un verde más o menos subido, que divierten a los que frecuentan aquellos lugares. P o r qué no decir las cosas como son? L o que valga el cine paríante aplicado al arte dramático es todavía un secreto. E l cantante aiusta sin gran dificultad su voz a la imagen, y la una v la otra se identifican, dándonos la ilusión de la realidad v i v a pero, -ocurrirá lo mismo cuando se represente en la pantalla una comedia? L a palabra servirá dócilmente a la actitud, al gesto v a la mirada, con que traducimos al exterior nuestros sentimientos? Eso está por ver. De todas suertes, aunque se llegue a la fusión total de esos elementos, vo dudo de que el cine parlante nos transmita la impresión de vida alie nos da el teatro. Una comedia, medianamente representada n s acercará más a lo rea! que una sucesión d imáeene? animada? verbalmente Kstov seguro de rme el lector onina lo mismo. Las 1 ecientes declaraciones de R a l Roach. ilustre producer. de obras, de ese género, que p ios partidarios del cine parlante consideran como un acto de adhesión a la nueva tendencia del séptimo arte, han venido a robustecer nuestro punto de vista. L a s comedias y las historias breves encuentran su medio natural en el cine parlante ha dicho H a l Roach. ¿Está claror N o es sólo la brevedad la condición exigida, sino el carácter de la obra acoplable al cine hablado. Estoy seguro que en la selección de comedias destinadas a la pantalla parlante que se va a hacer, según anuncia e! coronel Schiller, v i cepresidente de la Loew s Zue, fuerte E m presa americana de films, lo cómico, o, mejor dicho, lo bufo será preferido a lo serio y trágico. L a razón de esa preferencia es obvia. L o cómico se obtiene fácilmente de las situaciones, de lo externo del género al paso que lo serio, tiene que brotar de den tro afuera por el choque de un sentimiento con su contrario. E n el primer caso la palabra apenas contribuye al valor cómico de la situación. E n el segundo, la palabra es el elemento decisivo de expresión. U n vodeviJ puede ser hablado cinematográficamente sin que la palabra acompañe con estricta fidelidad al argumento. E n un drama o en una comedia de complicaciones sentimentales delicadas todos los medios de expresión se condensan en la palabra. ¿Podríamos asistir a una representación de Hamlet o de La vida es sueño en el cine parlante sin echarnos a reír a cada paso? L o dudo. E n mi opinión- -añade H a l Roach- el fin principal de todo film divertido es interpretar algo satírico v breve al mismo tiempo. E l diálogo hablado nos permitirá alcanzar ese objeto. Tres lineas de conversación pueden resumir una broma mejor que todas las escenas del film mudo. Vamos a procurar que la gente se ría tres veces en una obra que, reproducida por el cine corriente, no haría reír más que una sola vez. E l nuevo sistema hará la comedia breve más viva y más picante. E l lector habrá echado de ver que el nuevo procedimiento es menos ambicioso que el antiguo, puesto que limita su campo de acción. L a obra grande, la comedia de interés psicológico, y el drama de altos vuelos se quedan en el teatro. Si pasan al cine es para empequeñecerse, puesto que renuncian al verbo, que es la substancia del espíritu, y como el nuevo cine parlante no se atreve a adoptarlas, porque sus medios de expresión, aunque parezca paradójico, son menos amplios que en el arte mudo, su destino es no salir, por ahora, de su marco tradicional, que es la escena... Cuando el pobre Paul Sonday, que era, como la mayoría de los pensadores materialistas, intrépido en sus afirmaciones, negó categóricamente al cine los honores del arte, una parte del público francés se le fué encima, como si hubiese proferido una herejía. Pues bien; yo opino como el ilustre crítico: ni mudo ni parlante me parece el cinematógrafo otra cosa que una sucesión de fotografías animadas. ¿Es que se puede considerar la fotografía como un arte? ¿Quién se atrevería a sostenerlo? Toda creación humana que no ha sido intervenida por el espíritu puede ser un prodigio de habilidaa, pero no tiene derecho a vivir en la región de las cosas bellas. Y o no niego la utilidad del cine como espectáculo. Sus elementos de expresión son interesantes; pero yo le encuentro una simplicidad mecánica que me deja frío, aun en los momentos en que pretende ser patético. Eso no quiere decir que no me divierta. Además, el cine es una cátedra de amor, que ha enseñado a la juventud el arte de besar... V e s o es importante. MANÜEI. B U E N O París, octubre, 1929. ESTRENOS MADRID El arca de Noé EN H a sido para la nueva modalidad del arte cinematográfico muy decisiva rueba la realizada en el Callao, al proyectarse la película El arca de Noé. Del éxito de esta obra maestra- -de tal puede calificarse con justa apreciación- -dependí? el fracaso o el entronizamiento del cine sonoro. Las opiniones se exteriorizaron unánimes en apreciar la nueva película como un triunfo rotundo del moderno sistema, de la mgeniosa invención que ha revolucionado con científicos procedimientos la estética de un arte en el que cualquiera innovación podía ser peligrosa, como todo ensayo que aspira a cambiar fundamentalmente un modo, una manera de expresión. El arca de Noe, quizá por la advocación de su titulo, ha obrado el milagro. P a r a medir su excepcional éxito será preciso evocar las grandes victorias del arte mudo en Ben- Hur, Alas, Amanecer y otras afamadas películas de su artística calidad. El arca de Noé, o mucho nos equivocamos, viene a reanudar aquellas grandes jornadas del arte mudo, dotado ahora de la palabra y del sonido con perfecta y acomodada sincronización, regulada y perceptible en los más leves ruidos, como un amplio receptor de la Naturaleza en el concierto de la vida y de los seres de la creación. L o primero que sorprende y hasta abruma por su grandeza en El arca de Noé es su composición y d i námica, la capacidad directiva para poner en juego con admirable disciplina todo un mundo de actores y comparsas en los más d i versos y grandiosos escenarios de una belleza emotiva e impresionante. Arduo era el empeño, por su difícil realización de reconstituir, aunque un poco fantaseados al interpretarse hurañamente los textos bíblicos alusivos a la hecatombe del diluvio universal pero esa evocació. n se ha logrado con imponente magnificencia en aquella profunda conmoción de la tierra, agitada con violentos espasmos, desgarrados los velos del templo, desbordantes los ríos, desgajadas en torrentes las nubes, espanto y desolación, dolor y muerte, tragedia horrenda rediviva en todo su fragor, al ser llevada a la pantalla con arte insuperable en fotografías y escenarios, que revelan una dirección técnica concienzuda y experimentada al servicio de todos los imaginables medios interpretativos. L a exhumación del pasaje bíblico puede considerarse como prólogo y epílogo de esta película, cuyo cuerpo ¡o forma el drama de la Gran guerra, y donde la idea de patria se antepone en la anécdota de un amor heroico, que sufre las más duras vicisitudes, a todo otro sentimiento. Postulado de este pasaje biblico es el sentido pacifista, cordial y humanitario que se exalta en una redentora misión de concordia, simbolizada en la parte dramática moderna y real de la película, tendente a mostrar la intenvención yanqui en la guerra como un elemento salvador y decisivo para el restablecimiento de la paz en la tierra. L a dulce y serena belleza, el rictus dramático de Dolores CosteUo y la energía expresiva de George O Brien dan a sus p r i marios personajes un realce extraordinario. La epigrafía de Graciani es correcta, ajustándose, perfectamente a los títulos y breves diálogos de este film sonoro, de la Warner B r o s s i ue puede r e s u m i r s e en estas palabras; El arca de Noé es un espectáculo maravilloso. Por haberlo dado a conocer, la Empresa del Callao recibió muchas felicitaciones.