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MADRID. Una escena del saínete, EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA Alvares Quintero, con música en dos cuadros, El niño tme fetira, de Serafín y Joaquín del maestro Rafael Calleja. (Foto Alfonso. confundían, porque la obra, que parece un cuento de Boccaccio puesto en acción, esíá compuesta con un ingenio que no por 1o l i bertino se nos figura recusable. Pero nadie, al salir del teatro, se hizo la reflexión de que la vida fuese un trasunto de lo que nos cuenta allí un dramaturgo de buen humor. Feliz- algo, un no sé qué de ingenuo que nos desarma. Se reprueba el hecho, pero no se acaba de condenar al que lo provocó. Es lo que nos pasa con la heroína de Bataille. Pero en nuestra época, la E v a nubil no es una ingenua propicia a los arrebatos de la pasión. E s sencillamente, una viciosa, que aventaja frecuentemente por la experiencia voluptuosa a la mujer casada. Eso explica su ascendiente sobre el hombre. De un año acá hemos visto en París una docena de obras en las cuales el adulterio aparece ya casi ridiculizado por su vulgaridad, frente al caso de la señorita cínica que no hace misterio de sus inclinaciones. ¿P o r qué acoge la escena francesa obras de esa naturaleza? ¿Será porque el dramaturgo imagina la sociedad de su tiempo a merced de los vicios de la depravada precoz? Nada de eso. E l dramaturgo que tiene, como cada quisque, su hogar, en el que la madre, la mujer o la hermana fijan el n i vel moral de lo que Ocurre dentro de él, es quien menos cree en la soberanía de aquel tipo femenino. Y preguntará el lector: P o r qué, en lugar de presentar en escena vírgenes locas y mujeres dispuestas a irse del seguro, no nos da a conoter la sensibilidad de 1 a mujer adocenada, esposa fiel y madre ejemnlar? Muv sencillo; porque él entiende, y la gran mayoría del público también, que él vicio es m á s ameno que la virtud; y, por lo t nto, de mayor éxito. Y o asistí la otra noche, en gratísima e i n olvidable compañía, a 1 a representación de Une betite femme sans chemise. y pude servar que en el teatro había de todo: madres de familia, señoritas casaderas que se abstendrían por pudor de sostener nuestra mirada, veteranas del adulterio que engañan al marido cíe cinco a siete mientras él está en el almacén o en la oficina, v alguna que otra de esas damiselas quf no conciben que el ser humano pueda vivir en posición vertical. Pues bien, allí todas las carcajadas se mente para el hombre, aquella petitc femnte sans chemise representa el uno por ciento entre las de su sexo. Consolémonos con esa aritmética un tanto optimista... MANUEL BUENO París, octubre, 1929. ob- BUDAPEST. EN EL TEATRO VIGSZlÑHAZ recientemente Una escena de la obra, de Mohtar, TJtio, dos, tres, estrenada con éxito extraordinario. (Foto Jacohi.