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S E Ñ O R A S CONSULTA PARTICULAR D E enfermedades de la piel, del pelo, secretas, v í a s urinarias, debilidad e Insensibilidad sexual, etc. en casa del medico director de la Consulta de San Juan de Dios. De 3 a 6. C a ñ i z a r e s 1, pral. esquina calle Atocha, 28. De provincias, por carta. Sombreros fieltro e l e g a n t í s i m o s a 8 pesetas. M O N T E I d E O N 35, primero derecha. M OT O R E S DIESEL ECONÓMICOS MOTO- BOMBAS Almirante, 15. Madrid. ULTIMAS N O V E D A D E S E N ABRIGOS, J E R S E Y S T R A J E S D E PUNTO INGLES, CAMISETAS. P A N TALONES, BRAGAS, FAJAS, RODILLERAS, TOQTJUXONES, MANTAS, COLCHAS Y T R A J E S AFELPADOS, ESPECIALIDAD E N ROPITA INTERIOR P A R A NIÑOS. MUCHÍSIMOS ARTÍCULOS PROPIOS P A R A L A ESTACIÓN D E INVIERNO Plaza del Á n g e l 9, y en la Sucursal de Atocha, 30. Almorranas- Varices- Ulceras C u r a c i ó n radical garantizada, sin o p e r a c i ó n ni pomadas. No se cobra hasta estar curado. C l í n i c a doctor luanes. Hortaleza, 17. pral. izoda. í 10 a 1 y 3 a 7. Laboratorio Central de Medicamentos Sanidad Militar. EMBAJADORES, 95 J Necesitando este Centro adquirir medicamentos y efectos, se anuncia para general conocimiento de los que deseen presentar proposiciones, debiendo tenerse presentes las condiciones que se h a l l a r á n de manifiesto en la D i r e c c i ó n de este Centro, hasta las once lloras del d í a 4 de noviembre p r ó x i m o -M a d r i d 21 de octubre de 1929. -El director, Antonio Casanovas. ALMORRANAS- VARICES C u r a c i ó n científica, SIN O P E R A R por el Dr. Moreno Martí. Honorarios m ó d i c o s D E S P U É S del alta, S A G A S T A 4. de 5 a 7. T e l é f o n o 17900. 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Bernardo, 2, Madrid R O L I LAS MEJORES. EN L A fiÁBRICA. 34 CALLÉ Ot L A C A B E Z A 54 420 F E R N A N D E Z Y GONZÁLEZ El. PASTELERO DE MADRIGAL 417! Durante un año, aquellos extranjeros estuvieron trabajando desde que amanecía hasta que obscurecía, en l a construcción de un fuerte castillo, que al fin dejó ver una gran torre cuadrada y almenada, rodeada por un recinto cuadrado de murallas, en cuyos ángulos se alzaban cuatro torres pequeñas. Apenas estuvo construido el castillo, los hombres que le habían labrado desaparecieron, y desapareció con ellos el negro barco, quedándose solo el extranjero que primero había venido, que vestía únicamente una. fuerte armadura y un. gran ropón negro y tenía toda la terrible apariencia de un espectro. A causa de lo deshabitado de aquella parte de l a isla, ninguno de sus naturales, como no fueran los pájaros y los animales silvestres, habían visto a aquel hombre ni a los que después de él habían venido, jii la construcción de aquel fuerte castillo, cuya piedra rojiza le daba un aspecto formidable, particularmente cuando, al ponerse el sol, su rojo color se ha c; a m á s fuerte, y llegaba hasta el punto de que la gran torre y los muros de las otras torres más pequeñas parecían teñidos de sangre. E l día después de la definitiva construcción del castillo, el extranjero salió, llevando su caballo del diestro, por la estrecha y profunda poterna; cerró su postigo. de hierro con tres enormes llaves que, contenidas en una cadena, colgó del arzón de hierro, junto a su maza de armas; descendió por el escarpado sendero del peñasco, llevando siempre de la mano a su caballo, y cuando estuvo en la parte llana, m o n t ó y se alejó al galope hacia el Sur de la isla. Krasna era una mujer maravillosa; no se sabía cuál era su edad. N o podía adivinarse tampoco su edad por su aspecto. Tenía toda la frescura de l a juventud y todo lo grave de la edad provecta. E r a alta, esbelta, altiva, pálida como una difunta, con magníficos cabellos rubios y ojos celestes, en los cuales j a m á s aparecía ni la más ligera expresión que pudiese revelar un solo movimiento de su alma. L a hermosa Krasna era tal, que todos los que la veían se sentían dominados por un amor insensato, pero cobarde, que no se atrevía a manifestarse ni en una palabra ni en una mirada. Krasna era hija del gobernador t á r t a r o de Corfú, tuya familia había tenido el mando de la isla algunas -S í iba a buscar a mi madre y a mis hermanos, que están durante la estación calurosa en el interior de la isla; pero tanto me da emprender ese viaje ahora, o luego, o mañana. Entra, voy a hacer que nos traigan leche, miel, dátiles y opio. E l griego introdujo a Aben- Shariar en una salita opaca, fresca, a cuyo fondo había, sobre una estera de palma, algunos almohadones. ¿Tienes hermanos, Manuel? -dijo Aben- Shariar. -Sí- -contestó Manuel K a r u k- mi hermano Adrián, que está en la mar con la otra almadía; Cristian, que es bajá en el ejército del sultán, y dos hermanos menores que aún viven con mi madre. ¿Y no has tenido hermanas, Manuel? -N o que yo sepa; mi padre desapareció hace diez años, y mi abuelo, que es ya muy viejo, está loco, y nada podría saber acerca de lo que me preguntas, que no es, sin duda, sin causa. E n esto entró un esclavo negro y puso sobre la estera una gran vasija con leche, una fuente con dátiles, una copa con opio, frutas y pan. Después, salió. Los das amigos quedaron solos, y Aben- Shariar tomó una naranja, que se puso a mondar lentamente, y Manuel K a r u k un pedazo de opio, que se echó eu la boca. -N o no es sin causa mi pregunta; yo conozco a una hermosísima mujer que vive en Venecia, que tiene, cuando más, diez años menos que tú. que se te parece como una gota de agua a otra gota y que se llama para los venecianos Elena Conti, pero para su conciencia y para los que la conocen se llama Elena Karuk. -Diez años después de mi nacimiento- -dijo sombríamente Karukj dejando de mascar el pedazo de opio que tenía en la boca- -desapareció mi padre, sin que pudiera saberse qué había sido de él. -T u padre, perdido para tu familia, apareció, sin embargo, un día, hace treinta años, muerto y atado al cadáver de una mujer sobre el canal de Monforte, delante del palacio Conti. ¿Y sabías eso y no me lo has dicho hasta ahora? -dijo, poniéndose sombríamente pálido, Manuel K a r u k y mirando ferozmente a Aben- Shariar- Tú eres un mal amigo, ua traidor. -Y o no he sabido eso hasta hace ocho días- -dijo
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