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LOS M U S E O S DIOCESANOS D E L C A R D E N A L RE 1 G C A S A N O V A E N B A R C E L O N A Y V A L E N C I A H a y notables Museos en España- donde puede estudiarse cómodamente el arte cristiano retrospectivo; pero, limitándonos a la antigua C o r o n a de Aragón, podemos fijar la atención en tres Museos diocesanos! de reconocida importancia: los de Barcelona, Valencia y V i c h L o s dos primeros sirven, además, de perenne recuerdo de su malogrado fundador, de un valenciano ilustre: del inolvidable cardenal D E n r i q u e R e i g Casanova. P r i m e r o creó el de Barcelona en el gran salón interior del claustro baio del seminario, siendo obispo de aquella diócesis catalana. Después organizó el de Valencia, instalándolo en los altos de su p a lacio episcopal, siendo arzobispo de esta a r chidiócesis. Este nuevo M u s e o v a l e n c i a n o y la grandiosa coronación canónica de la V i r g e n de los Desamparados fueron las dos notas más simpáticas, como jalones del c o mienzo y término de su pontificado e n l a patria nativa, antes dé llevar su púrpura cardenaüc a a la silla p r i mada de Toledo, para coronar allí a la P a trona de la imperial ciudad y escoger a sus pies modesto sepulcro para sus restos m o r íales. E n estos Museos diocesanos de B a r c e lona y Valencia hallan seguro asilo objetos de gran valor arqueo 1 ó gico y mérito artístico que, d i s e m i n a d o s por templos, monasterios y ermitas, corrían peligro de pérdida o d e t e r i o r o muchos de ellos. Además, facilitan el estudio del arte nacional, ahorrando al curioso investigador ¡a molestia de pesada peregrinación y salvar no pocas dificultades hasta llegar a ellos. El de Barcelona: -Decía el presbítero M T r e n s en un erudito artículo publicado en B a r celona, que con la fundación de este Museo se apuntó el cardenal R e i g uno de los más altos méritos de su larga carrera eclesiástica, pues supo recoger los v o tos del primer Congreso de A r t e cristiano, celebrado en Barcelona (año 1913) y las sabias insinuaciones del entonces nuncio de S u Santidad, cardenal R a g o n e s s i quien, durante su nunciatura en España, desplegó u n gran c e l o por la conservación de los m o numentos antiguos. L a inauguración oficial, en octubre de 1926, fué solemnizada con la asistencia de varios prelados, autoridades e intelectualidad de B a r c e l o n a Y después ha ido enriqueciendo sus fondos esté Museo a rnedida de sus medios económicos, d e m o s trando que no fué obra pasajera la que cimentó el ilustre prelado valenciano. Casi todo el contenido del M u seo es de arte cristiano de la diócesis barcelonesa, salvo algunos restos romanos, consistentes en mosaicos, inscripciones, tégulas, piedras, metales y barros. D e l período visigótico posee u n soberbio capitel; y de la dominación árabe, muy poca cosa. E n cambio, en arte cristiano de los períodos románico, gótico, renaciente y barroco hay mucho y bueno. D e l período románico sobresalen, en pint u r a u n frontal dedicado a Santa Perpetua, un crucifijo vestido al estilo p r i m i t i vo, u n sarcófago esculpido; un báculo de policromía, sobre madera (siglo X I I y quizá del abad de S a n C u g a t) una miniatura y otros ejemplares; en tejidos, varios de i m r portación oriental y una capa pluvial del abad B i u r e con el alba- que llevaba puesta la noche de Navidad. E n orfebrería, hay una cruz de plata repujada, de mérito excepcional otro relicario, con el crucifijo también vestido; otros dos esmaltados y una veracruz de dobles brazos, muy r a r a todo ello del mismo siglo x i n como los relicarios de las vitrinas. E n arte gótico hay otro tesoro rico y abundante. E n pintura, seis retablos c o m pletos de Jaime Huguet, Pedro S e r r a R a i mundo M u r y el magnifico de S a n C u g a t del Valles, del que ofrecemos una fotografía; m á s t a b l a s d e Gaseó, Vergós, S e r r a y. otros primitivos. S i en escultura románica posee el Museo diocesano siete i m á g e n e s marianas, sedentes, del t i p o catalán, talladas en madera, en e s t i l o g ó t i c o h a y muchas más, casi todas labradas en pie y de mármol o a l a b a s t r o y también en madera pol i C r ornada, descollando, por su t a m a ñ o y belleza, las de Mataró, S a n Cugat, L l e r o n a y otra francesa. E n o r f e b r e r í a gótica hay muchas cruces, c o p o nes, hostensorios, relicarios, p o r t a p a c e s y o t r o s objetos. Y en bordados, muchas c a pas pluviales, con p r o f u s i o n de labores de imaginería en s e d a s f r a n j a s casullas y frontales. Y a del Renacimiento hay p i n t u r a s d e J u a n de Joanes, V i l a domat y otros maestros; uit sepulcro de mármol, con e s t a t u a tombal; otro completo, i t a l i a n o de tiempos del Emperador C a r los V mucha orfebrería, destacándose, por su rareza y g r a n t a maño, dos verónicas- relicarios, que fotografiamos, c o n los bustos pintados de Jesús y de M a r í a bandejas repujadas, esmaltes de Limoges y de L a u d i n juegos de altar, etc. Y valiosas telas bordadas, cerámica, azulejos, vidrios y mil cosas interesantes. Completan las colecciones más de cinco mil estampas y antiguos grabados; muebles, moldes para hacer hostias, -tallas y f r a g m e n- tos de altares barrocos, arquetas marfileñas de taracea italiana, y unas vitrinas cuajadas de c u r i o sidades, que hacen pasar gratamente las horas. N a nos hemos propuesto, n i mucho menos, catalogar las c o lecciones del Museo en este a r ticulo. E l l o nos haría interminables. Solamente apuntar, en c o n junto, algo de. lo más interesante, sirviendo de idea nuestras pobres fotografías, 2. El de Valencia. -Valencia, que contaba y a con varios Museos, alguno tan i m p o r t a n t e como el de Bellas A r t e s de San C a r l o s (uno de los mejores de E s p a ñ a) hubo de sumar otro, a U N R I N C Ó N D E L MUSEO DIOCESANO D E B A R C E L O N A RELICARIOS GRANDES D E PLATA, D E L MUSEO D E BARCELONA
 // Cambio Nodo4-Sevilla