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impértale Es una iglesia pequeñita esta de los capuchinos en Viena. La fachada, sencilla, sólo se adorna con una imagen de San Francisco, colocada en una pobre hornacina sobre la puerta principal. Kapuzinerplatz es una de las más pintorescas de la urbe; tiene tina fuente monumental en, el centro, con negros tritones y obscuras náyades de bronce, y las casas fronteras a la iglesia lucen ajimeces floridos y antepechos donde el cardo espinoso y la berza frisada, tallados en las piedras ennegrecidas, se enlazan con el verdor fresco de las enredaderas y de los geranios. Pero la iglesia es humilde y su frontispicio parece como encogido y avergonzado de verse en compañía tan principal. Es un pobre franciscano, pedigüeño y barbudo, que se asoma furtivamente a un conclave de cardenales. Yo me había figurado, cuando me hablaron por vez primera de visitar las tum- MONUMENTO FUNERARIO D E LA EMPERATRIZ MARÍA TERESA LA KE 1 SERGRUT E N KAPUZINERK 1 RCHE bas de los ¡Habsburgos, que las cenizas de ba en las tumbas de los emperadores y de los emperadores y de los archiduques des- los archiduques. cansarían en mausoleos espléndidos, a tono Atravesamos un pasillo donde la luz del con la esplendidez de los palacios en donde mediodía, penetrando por los cristales de transcurrió su vida. No quería creer que un vitral polvoriento, se vestía de crepúscufuera tras aquellas tapias mal encaladas lo. Las paredes, desconchadas por la humeo bajo aquellas resquebrajadas losas dei dad, se adornaban con ensangrentadas pinpórtico donde dormían el sueño eterno los turas de mártires y sentencias que recordaque fueron señores de media Europa. Me ban lo efímero de las glorias terrestres. A acordaba de El Escorial, y no quería creerlo. la derecha del corredor se abría una puerta Me detuve en la iglesia un momento y que chirriaba agriamente al girar sobre sus recreé mis ojos con la Piedad, de Pedro goznes; sólo había que cruzar esta puerta Strudel. Venía un rayo de sol disfrazado y bajar por una breve escalera mal cuidada de iris a herir las divinas carnes del Maes- para encontrarse en la Keisergrut, en la tro, y el alabastro tenía una transparencia gruta imperial. Y es esto nada más: una dulcemente sonrosada. La sombra de la gruta. Dolorosa sobre el jaspe del- muro era de Una cueva con dos brazos en ángulo recun azul candido... to. La humedad de las paredes llora eterna- -Esta es la mayor riqueza de Kapuziner- mente por quienes ya no llora nadie, y al fondo un lucernario ¿eja pasar una claridad kircbe- -me dijo mi acompañante. Pero yo no quería creerlo, porque pensa- vaga y triste. En el centro de la cueva, allí
 // Cambio Nodo4-Sevilla