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J A R B T A P u e r t a d e l S o S 6 L Valdés. 7 ERNADO instalada en la Puerta del Sol, R masO S E amplia, la MADRI R E SReus NuestraC I A I D E N Residencia, instituto INGENS EROS BARCELONA admite estudiantes de Bachillerato, carreras y oposiciones, aunque no sean alumnos del es la mejor Instalada y la más económica. Vigilancia a cargo de señores sacerdotes. Solicite un Reglamento al antiguo y acreditado INSTITUTO REUS PRECIADOS, 23: PUERTA nv. l. SOlt, 3. Y MAYOR, t. MADRID. Regalamos libro de oposiciones y carreras. No tenemos Apartado en Correos. PERIT OS AGRÓNOMOS AGRÍCOLAS Pídanse reglamentos de estas carreras a l PENSIONADO- ACADEMIA SAN JOSÉ, que inauguró la preparación el l.o de octubre, a cargo de ingenieros agrónomos, bajo l a dirección del de la misma clase don Antonino Montero García, Arenal, 25; telf. 52242 y 18795, Madrid. Consultas, matrículas, de 11 a 1 y de 6 a 7. MADRID SUCURSALES Y AGENCIAS E N LAS PRINCIPALES CIUDADES D E ESPAÑA 422 F E R N A N D E Z Y GONZÁLEZ EL PASTELERO DE MADRIGAL 423 te de su padre, ni había preguntado a nadie, n i habia dejado de vivir completamente tranquila. Krasna habitaba en una magnífica y fuerte alquería, sobre una eminencia, a dos leguas del mar, en la parte Sur de la isla, servida por esclavos tártaros. L a alquería era un verdadero alcázar oriental. H a bitaciones de muros labrados, dorados y matizados, cubiertos de hermosas cúpulas y adornados por velos de seda y oro en las altas ventanas, por donde entraba una luz tenue; magníficos tapices cubriendo las puertas; alfombras de Persia y pfeles de tigre y de león extendidas sobre los pavimentos de brillante mosaico; blancos divanes de damasco y de p ú r p u r a perfumeros de oro, en que ardían perpetuamente resinas de olor fragante; fuentes murmuradoras; jardines sombrosos con bellos estanques; muros fuertes al exterior, rodeados por un profundo pozo y guardados por un centenar de bravos t á r t a r o s he aquí el magnífico retiro de Krasna, hija maravillosa del formidable Cristian K a r u k E r a extraño que con tanta y tan maravillosa hermosura, realzada por los magníficos trajes y las b r i Uantes joyas que siempre llevaba Krasna sobre sí, apareciese ésta de continuo tan seria, tan grave, tan insensible. Atribuíase esto por los jóvenes griegos más hermosos, m á s bravos y m á s ricos de la isla, que amaban a Krasna sin atreverse a demostrárselo, a una soberbia infinita, de que, según el dicho de los viejos de la isla, habían adolecido siempre los de la familia Karuk. Esta familia podía decirse imperaba en Corfú desde cien años antes, en que un Karuk, acaudillando algunos centenares de bravios montañeses del Cáucaso, había desembarcado, apoderándose de la isla ei ¡una campaña de quince días, e imponiéndola su dominio. Los griegos, degenerados, no habían podido resistir aquella invasión, y se. habían sometido cobardemente. L a familia Karuk podía decirse que había hecho un pequeño reino suyo de la isla de Corfú. P o r otra parte, Cristian Karuk. desoués de haber sometido a la isla, ni se había llamado su rey, ni la había azotado con exacciones ni tiranía. Los de Corfú se habían encontrado con un señor muy serio, muy grave, muy pálido, que tenía el aspecto m á s terrible del mundo, y que, sin embargo, los goberna- ba en justicia, no les exigía m á s tributos que los que podían pagar, y los defendía de las irrupciones de los piratas. Cristian K a r u k había llevado consigo, como toda su familia, un hijo y una hija. A la muerte de C r i s tian, el hijo continuó gobernando la isla; un día partió, dejando encomendado el gobierno de la isla a su hermana. E l ausente no volvió, y a los tres años, su hermana, que no había amado a ninguno de los naturales, contrajo matrimonio con un extranjero, que no se sabía de dónde había ido. L a familia dominadora no creció, no se extendió; sus hijos salían de la isla y no volvían a aparecer; sus hijas se casaban siempre con un extranjero, que pasaba a ser el gobernador de la isla. Se comprendía que la familia t á r t a r a no quería mezclarse con la raza griega, y un profundo misterio envolvía el origen y la manera de ser de los K a r u k Krasna, pues, estaba rodeada, como todas las mujeres de su familia, de este misterioso prestigio. Hacía dos años que su padre había partido a la guerra del Turquestán, y, sin embargo de que K r a s na había quedado sola, se la obedecía como se había obedecido a su padre, y ninguno de sus numerosos apasionados se había atrevido a manifestarla su amor. U n a tarde de verano, después de la puesta del sol, Krasna, impasible, seria y silenciosa, paseaba a gran distancia de su alquería, por el camino que, perdiéndose entre un bosque de naranjos y limoneros, conducía a ella. E r a la tarde apacible, el viento fresco, y ni una sola nube manchaba el radiante cielo de la Grecia. L a luna creciente se levantaba lánguida y pálida, casi borrada por el resplandor fuertemente rojizo del sol que acababa de trasponer. Krasna hizo detener a sus esclavos, y adelantó sola, yendo a reclinarse junto a una fuente, al pie de un limonero enano. Lentamente, los últimos reflejos del sol se fueron apagando en el horizonte, y la luna fué creciendo en luz y en color, siendo, por último, la única blanca v lánguida luz que alumbraba a la noche. Krasna estaba sola: nadie oodía verla; todo inspiraba en torno languidez y molicie, y el semblante de la joven fué perdiendo lentamente, sin duda por-
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