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A B C. M A R T E S 29 D E O C T U B R E D E 1929. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 26. INFORMACIONES Y NOTICIAS VARIAS D E M A D R I D E n la Real Academia Española. Conmemoración del centenario de T a m a y o y Baus. L a última clase del doctor M a e s t r e Noticias e i n formaciones diversas. E n la Real Academia Española. Conmemoración del centenario de T a m a y o y Baus M a d r i d 28, 6 tarde. A y e r tarde celebró solemne sesión pública la Real Academia Española, para conmemorar el primer centenario del nacimiento del que fué su secretario perpetuo, el insigne autor dramático D. Manuel Tamayo y Baus. Presidió el director de la corporación, D. Ramón Menéndez Pidal, acompañado del obispo de Madrid- Alcalá, director general de Enseñanza Superior, Sr. Allúe; secretario, D. E m i l i o Cotarelo; bibliotecario, don Francisco Rodríguez Marín, y D. Victoriano Tamayo, sobrino del escritor, que había sido invitado al acto. E n los escaños, ocuparon puestos los académicos Sres. Alemany, marqués de V i llaurrutia, Francos Rodríguez, Asín Palacios, Sandovál, Casares, Alvarez Quintero (D. S. y D J conde de las Navas, Gómez de, Baquero, García de Diego y González Amezúa; correspondientes extranjeros, señores Ocantos, Cebrián y Peralta; ministro de la República de E l Salvador, y de otras Academias, los Sres Garnelo y Pons. Discurso del señor Cotarelo Abierta la sesión, el secretario de la A c a demia, Sr. Cotarelo, leyó un interesante discurso. Comenzó diciendo que el acto que se celebraba tenía por objeto tributar un honroso recuerdo al insigne autor dramático D Manuel Tamayo y Baus, nacido hace ahora cien años, constituyendo estos homenajes a larga íecha una especie de consagración suprema en el transcurso del tiempo y una como recompensa postuma del trabajo de un gran patricio. L a Academia era la más obligada a este reconocimiento público, porque, durante cuarenta años, fué Tamayo el más asiduo de sus miembros en las Juntas y tareas de que se ocupa, y, de dichos años, cerca de veinticinco su celoso y digno secretario. H i z o el Sr. Cotarelo una detallada referencia biográfica de Tamayo y Baus, poniendo de relieve su precocidad literaria, que se reveló al estrenar su primera obra, el drama, en cuatro actos, Genoveva de Brabante, en Granada, el 17 de febrero de 1841, cuando el autor contaba poco más de once años de edad, interpretando los principales personajes sus padres, que formaban parte de una compañía dramática. Analizó sus obras, los principales personajes de las mismas, así como la tendencia de su pensamiento artístico, en el desarrollo de cada uno de ellos. Tamayo no era un bibliógrafo, n i un erudito de profesión, pero sí hombre de mucha cultura general y gran talento. Prestó grandes servicios, como director de la Biblioteca Nacional, y los últimos años de su vida los dedicó a ésta y a la Academia, no habiendo vuelto a escribir para el teatro, desde 1870. Discurso del señor Sandoval A continuación, D Manuel Sandoval leyó! su discurso, dedicado a examinar las cualidades del dramaturgo Tamayo y Baus. A su juicio, eran en él muy peculiares ta inspiración y el raciocinio, la sensatez y la fantasía, la audacia y la prudencia, la reflexión y el entusiasmo, que se fundieron para hacer que sus obras sirvieran de ejemplo. Fué noble y castizamente español, consiguiendo con sus obras que se renovase la tradición gloriosa de nuestros dramaturgos del Siglo de Oro, reflejada en sus tres obras capitales: Virginia, Locura de amor y ¡7 drama nuevo. Cuando se representan sus obras, producen en el público la misma admiración que en la época en que se estrenaron, debido eso a que su autor cuidó de su perfección, grandeza, interés y originalidad, y acertó en su portentosa maestría a emplear los recursos más sencillos para resolver los problemas más complicados y amasar sus personajes con el barro que sólo saben modelar los verdaderos creadores. Discurso de los señores Alvarez Quintero Don Serafín Alvarez Quintero leyó, por último, un discurso, en el que comienzan los insignes comediógrafos expresando gratitud a la Academia al brindarles ocasión de hablar públicamente de Tamayo y Baus, uno de los dramáticos españoles más admirado y estudiado por ellos. L o gue más les orientó en sus primeras tentativas literarias fué el ejemplo de ponderación, equilibrio armónico, diestra composición y viva palpitación del diálogo, dúctil y jugoso, que tienen las obras del gran dramaturgo, quien concebía con amor sus obras y las criaturas, que habían de darles forma y consistencia. E s indudable que la Locura de amor y Un drama nuevo son las creaciones más felices de Tamayo y Baus; las más firmes y las más completas, las más hondas, las más humanas, las más geniales. Corren aires iconoclastas- -dicen los i n signes escritores- soplan vientos de tempestad. A creer a algunos, él teatro necesita, si ha de vivir, modificarse, refundirse, renovarse completamente; no ya renovarse: convertirse en algo inusitado y del todo distinto a lo que hasta ahora fué. Necesita dar no sabemos qué género de volteretas que preparen su evolución y su transformación absoluta. Se anuncia un terremoto que no va a dejar títere con cabeza, borrando de la escena toda huella de lo existente. E l cine, que quiso en un principio, como retoño de una nueva generación, asustar a su predecesor él teatro con muecas, gestos y movimientos epilépticos, en medio del asombro de todos, pide de repente la palabra que le faltaba, y, como puede, rompe a hablar. ¿Para qué? Los ingenios teatrales, con tal de oírse llamar revolucionarios o innovadores, dan en las más divertidas e imprevistas piruetas, contorsiones y extravagancias. Eñ ninguna época literaria hubo nunca, como en el presente, tan graciosas parodias del genio. L a renovación de todo arte es siempre un fenómeno lógico, una consecuencia natural de las mudanzas de los tiempos, de la vida y de las costumbres; independiente, claro es, de lo que en cada arte hay de preciso, inmutable y eterno. Más que la forma interna y externa, lo que cambia es el fon- do, el espíritu, la ideología, cuyas palpitaciones, cuyos latidos, son necesariamente distintos en cada período. Esperemos esta renovación, esta sacudida con el pecho ansioso de respirar el aire nuevo; pero con serenidad y juicio también. Por de pronto, los síntomas no son ciertamente para alarmares mucho Todo ese terremoto apocalíptico, lo que ha traído ha sido el viejo aparte, desterrado muchos años h a E l monólogo, que solía avergonzarse un tanto, y la caduca y la enojosa división de cuadros de los actos teatrales. Todo ello puede calificarse de progresos retrospectivos; pero lo más sensible ha sido el trastorno y desconcierto producido en las modernas decoraciones. Nosotros confiamos tranquilos en que sean cuales sean las convulsiones que nos amenacen y que nos esperen, no sepultarán nunca la sublime ternura de Y o r i c k ni la poética locura de la hija de Isabel. E l notable discurso de los señores A l v a rez Quintero, así como los de los señores Cotarelo y Sandoval, fueron acogidos con calurosos aplausos por la numerosa concurrencia. L a última clase del doctor M a e s t r e Madrid 28, 5 tarde. E l doctor D Tomás Maestre fué jubilado recientemente, en momentos en que se hallaba en suspenso el curso escolar. Con el fin de que pudiera explicar la última clase oficial ante sus alumnos, fué organizado con la promoción de médicos de 1904, primera ante la que explicó su cátedra el doctor Maestre, un acto de despedida, que se verificó en la mañana del domingo en el paraninfo grande de San Carlos, lleno de médicos y alumnos, y bajo la pre sidencia del rector de la Universidad, don Elias Tormo. Ostentó la representación del decano el doctor Simonena, y se hallaban presentes los señores L a V i l l a Hernando, Codina, Pascual, Palanca, Canseco, Novoa, Santos y otros muchos médicos. Expiicó como lección, o- más bien como conferencia, breve y sustanciosa, los progresos realizados por el Instituto de Medicina Legal, confiado a su dirección, en la cual continúa aun después de jubilado como catedrático, por lo que no se consideraba separado definitivamente de sus alumnos. Aludió a los trabajos que a st lado realizaron médicos y estudiantes de gran valía, como los señores V i l l a P i g a y otros magníficos auxiliares de la Escuela, y expuso en la pantalla proyecciones de trabajos de espectroscopia sobre el hierro, el mercurio y el níkel. E n general hizo una rápida exposición de lo conseguido en algunos años, merced a la acción oficial que sostiene al Instittuto; l a creación del instrumental, debido al doctor Maestre, aplicado a mediciones y para l a identificación de la cabeza humana, tanto en el cadáver como en vivo, y con tal motivo hizo alusión a los trabajos realizados con motivo del hallazgo de los supuestos huesos de las niñas desaparecidas. Elogió el magnífico taller de precisión y ajuste del Parque de Artillería, al que tuvo que acudir en más de una ocasión, y anuncióque en la próxima primavera se organizará un curso libre en el Instituto de Medicina Legal, por el personal del mismo, en el cual el doctor Maestre explicará una serie de lecciones sobre las enfermedades mentales, en relación con el Código Pena! Terminó diciendo que a sus setenta y dos años, después de haber explicado durante más de cuarenta su cátedra, la separación de sus alumnos sería tanto como su muerte, por lo que gozaba del consuelo de poder decir a todos: Hasta luego. L a ovación tributada al profesor Maestre por todos los presentes fué verdaderamente conmovedora. Terminado ei acto se celebró un banquete en su honor.
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