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A B C. M A R T E S 29 D E O C T U B R E D E 1929. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 33. DE ECOS SOCIEDAD DIVERSOS Retorno al hogar M a d r i d a pkno sol me parece una ciudad obscura. Es muy posible que no lo sea en realidad; pero a mí me lo parece, porque acabo de regresar de Sevilla, en donde lie pasado dos cumplidas semanas, escribiendo. artículos en el nuevo A B C sevillano. Fuerza del contraste. Porque a Madrid le falta esa clásica cal de Andalucía, que en Sevilla se exalta hasta vestir a la ciudad con una túnica de novia que estuviera salpicada de adornos verdes. Vuelta al hogar. ¿N o me ha echado usted de menos, lectora... Ingrata. Y o que me he I desvivido y me desvivo siempre por tratar V de complacer a usted. De todos modos, este anuncio de mi regreso no es una vanidad más en la feria de las vanidades humanas. Constituye, al menos para mi, una necesidad: la de excusarme con muchas personas que me han escrito a Madrid, sin saberme ausente, y a quienes yo he dado la callada por respuesta. Sirvan estas líneas de explicación, si no de reparación. Vuelta al hogar. ¡A y mañanitas en las que uno se despertaba cuando la Naturaleza venía buenamente a entreabrirle los párpados! ¡Cómo os voy a echar de menos... Tiempo, para mí, casi de holganza, en que el articulito diario y frivolo constituía todo mi trabajo. ¡Cenas de Andalucía, el cabaret del Parque, donde se comía la pechuga de pollo entre un repiquetear de castañuelas y continuo girar de faldas de volantes... ¡Tardes de la Exposición, cuando se inauguraba alguno de los pabellones americanos y uno escuchaba plácidamente el cambio de discursos protocolarios, delante de un muestrario en el que se exhibían cuarenta especies de madera... ¡Noches de Casino, en aquel salón donde las columnas trazan círculo y a cuyo margen pasean las muchachas sevillanas su gracejo peculiar y su pronunciación, en la que silban las eses... Vuelta al hogar... Hoy, a pleno sol, Madrid me parece una ciudad obscura. M e falta, sobre todo, la luz de una libertad que me hacía feliz. P o r que Madrid es el deber y, por tanto, la esclavitud. Sevilla, en cambio, ha sido para mí. como una vuelta a la infancia. M e parecía v i v i r todavía en mi ciudad levantina de los quince años. Aquella ciudad, que en realidad es pecmeña, pero que mi recuerdo agrandaba, pudiera ser m u y bien Sevilla, con sus callecitas morunas, sus cafés al aire libre y su verbosidad. A mí se me antojaba haber emprendido un viaje vida atrás, y cada vez que uno de aquellos mocitos pintureros y sucios, con un cajoncillo al hombro, señalaba con índice ennegrecido l a punta de mi calzado, me parecía volver a encontrar a un viejo conocido. ¡Hasta los jazmines del. Alcázar y del Parque de Ma- ría L u i s a me han traído un perfume de infancia... Olían al patio- jardín donde yo jugaba de niño, en el que había también un viejo jazminero, una gran tortuga y un gato, al que yo me complacía en perseguir. Sevilla: E n mi última noche sevillana yo intenté despedirme de ti y apenas pude hacerlo. Volvía a la madrugada, de una fiesta que había que reseñar, y, por añadidura, me sentía estúpidamente sentimental. Hubiera querido decirte que me separaba de ti con pena, y no supe n i siquiera maltrazar cuatro palabras. Vivía conscien- te de mi inutilidad, al extremo que no me atreví a firmar aquella crónica última, y sólo puse al pie las iniciales. E r a un modo de confesarte, Sevilla, mi emoción. Soy E L CAUCHO SINTÉTICO 1 ¿H A VISTO U S T E D? ¡PARECE Q U E ESTO Y A ES U N H E C H O! ¡H O M B R E! LO V E N D E N Y A E N T O D A S LAS CARNICERÍAS! yo- -decían aquellas letras- pero, siéndolo, no lo soy del todo, ya que atravieso ese instante en que uno se siente vacío de palabras, como cuando hay que decir adiós a la mujer que se quiere mucho... ¡Sevilla, S e v i l l a ¡Ciudad alegre a plena luz y que en la noche de claro lunar se llena de misterioso ensueño... Cuando la prosa diaria de esta vida madrileña me deje un momento libre para, soñar, yo cerraré los ojos y dejaré libre el espíritu para que vaya a hacer su excursión sentimental por ese laberinto de tus callejas, en donde parece que el tiempo se ha detenido y hay rejas retorcidas, floridos balcones y un eterno rumoncillo de surtidor que canta. -Gil de Escalante. 1 RASTRO D E L DÍA L a cita de d o n J uan Podremos acumular sobre D o n Juan toda laya de vicios, maldades y perversiones, podremos decir que era un botarate, un disipado, un afeminado y un cobarde. Pero hay que reconocerle la virtud de la puntualidad. Don Juan acudió a todas las citas de amor y desafío, y no pasa año sin que el buen mozo andaluz rasgue con su capa airosamente las brumas del otoño, y al filo de noviembre tome asiento en un banquillo y nos diga sus lances de rumbo y de jácara. E s un ca- ballero. Don Juan sufrió la beja y la injuria. Los PÉRDIDA DE UN años y los legisladores reducen; acotan y gravan sus dominios; analizan su anatomía, proÁLBUM hiben sus piropos, lo amordazan, lo encarceDurante su estancia en Sevilla con motivo lan. Pero Don Juan no falta a la cita. N i ha faltado nunca. N i hace otra cosa en este de la vista del general Carmona a esta capital, el corresponsal de A B C, en Lisboa, semundo. Es su oficio, su regalo. Anda todo el ñor Benobiel, extravió un álbum con firmas año perdido y difundido por tierras extrañas, de Su Majestad y de diversas personalidasujeto a la voluntad de los hombres y al des, y un autógrafo del general Primo de capricho délas mujeres. E s un juguete. Va. a donde lo llaman, y lo llaman de todas partes. Rivera. Desde Lisboa, nuestro compañero nos: comunica tan sensible contratiempo, y nos iruega que demos cuenta de ello en estas columnas, suplicando a quien haya encontrado el álbum referido, que tenga la bondad de enviarlo a estas oficinas de A B C, en E n r a madilla (Huerta de la Salud) o en su suB o d e g a s M A n t o n i o fie l a R i v a y Oía. J e r e z cursal de la calle Muñoz Olivé, Y lo llama todo el mundo, hombres y mujeres, mozos y, viejos, tontos y listos, sabios e ignorantes. Cada cual se apodera de un fragmento de su alma en hilachas, y cuando su alma se nos presenta como ahora, coordinada, en un todo homogéneo, abominación decimos, porque vemos en su integridad y relieve la furia del instinto. Pero Don Juan no se arredra, sabe que mañana, cuando tenga que marcharse por l a posta, fatigado de cómicos, psiquiatras, filósofos, poetas y literatos, los hombres harán a tirones hilachas de su alma. Y el mozo le sacará experiencia; el viejo, astucia; el. feo, garbo; el guapo, osadía; el listo, doblez; el tonto, picardía... Don Juan acude a todos los requerimientos y se deja hacer trizas por que cuenta con los zurcidos de la mujer; P o r que sabe que la mujer se encarga de zurcir con las hilachas su alma completa; porque Don Juan es un zurcido diario de las mujeres y no hay mujer que no sea capaz de hacer un perfecto Don Juan del Viejo y del joven, del tonto y del listo, del sabio y del ignorante. Contemplemos, pues, señores, la extraña catadura que estos días ofrece a toda luz el Don Juan abominable y estudiemos minuciosamente su alma para saber qué hilacha conviene, mejor a nuestro donjuanismo. Y que las damas aprendan a modelar con el yeso de sus galanes la figura completa de Don Juan. -frivelín. Oloroso LA R 1 VA 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla