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MADRID- SEVILLA 30 O C T U B R E 1929. SUELTO DE NUMERO JO C T S REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, T CERCANA A T E T U A N SEVILLA ABC ignorancia; y los tres tenemos ese gesto tonto que estigmatiza la cara de toda persona que no entiende l a lengua en que le hablan. U n camarero se detiene en el pasillo para ofrecernos con grandes voces el café que lleva en una bandeja. Transcurre una hora. Otro camarero llega desde el coche- restaurante para tentarnos con unas tazas de caldo. Poco después, el gigantesco revisor se asoma a nuestro departamento, vocifera un poco y se va a atronar con l a misma advertencia, celdilla por celdilla, todo el vagón. U n enorme bosque desfila ante las. amplias ventanas del tren. Nos detenemos unoá minutos en una estación, y el bosque reaparece, sombrío y romántico. Nueva parada. E l joven checo se preocupa por su itinerario. H a tenido la suerte ds encontrar en aquella estación un empleado que conoce el idioma francés, y le interroga acerca del lugar donde debe cambiar de línea. Súbitamente se lanza sobre sus maletas y las arroja al andén. E r a en la estación anterior donde debía haberse apeado. Ahora, percudo el enlace, es fuerza esperar un día entero. Sin embargo, el revisor ha recorrido el Z que anunciando a los viajeros de a ünea tren, se apercibiesen para el trans- DIARIO DO. SIMO 5 ILUSTRAVIGÉ QUINTO AÑO N 8.375 ITINERARIO EXTRAVAGANTE -L a vida parece próspera en Checoeslovaquia. Desde que han logrado la independencia han hecho ustedes grandes esfuerzos provechosos. E l joven checo que ocupaba un asiento a mi lado en el vagón que nos llevaba a Alemania, c o r r o b o r ó -S í un gran esfuerzo. Ahora somos felices. -E l venerable Masaryk parece contar con el cariño del pueblo. -E s un hombre de talento y de energía. N o podríamos hallar un presidente mejor para nuestra República. -Ustedes odian a los austríacos. ¿A los austríacos? No. Son excelentes personas, siempre amables, siempre contentas. Unos bu nos muchachos. A quienes hay que temer es a los húngaros. ¿E s posible? -O i g a usted una profecía: si estalla una guerra en la Europa central será provocada por los húngaros. Son violentos y orgullosos, y no se resignan con l a pérdida de su antiguo Poder. ¿S u f r í a n ustedes muchas vejaciones bajo el Imperio? -Económicamente era un mal negocio. Se llevaban nuestro dinero a Austria. Pero había algo peor: procuraban germanizarnos. E n las escuelas se nos obligaba a hablar alemán. Nuestra lengua era perseguiría. L a lengua de Juan H u s la de nuestras leyendas, la que nos enseñaban nuestras madres... Esto era lo más grave, y bien sabe usted que pocos hombres lo soportan. A h o r a todo cambió, y es el checo el idioma oficial. Y o olvidé el alemán que me habían hecho aprender en la infancia; y son numerosos mis compatriotas que lo recuerdan aún, pero que no han vuelto a pronunciar una sola palabra en el idioma de los dominadores. Habíamos pasado ya la frontera. E l tren se detuvo en no sé qué estación. Contemplábamos desde l a ventanilla el vulgar espectáculo del a n d é n viajeros que iban y venían o que hacían guardia junto a sus maletas en espera del tren que había de conducirles; el hombre que empujaba el ligero carrito de los periódicos, el que arrastraba la despensa ambulantCj donde había emparedados, y tortas, y bebidas. M i compañero quiso comprar una achatada cajita cilindrica que, a su juicio, debía de contener cierto queso afamado. P r e g u n t ó primero en checo y luego en francés si verdaderamente era lo que él suponía. E l vendedor le dijo algo en alemán. N o se entendían. Iba a marchar el convoy, cuando se decidió a adquirir la golosina. E r a un bizcocho seco e insípido como hecho de papel secanté. L o a r r o j ó por la ventana. Dos marcos perdidos. Unos minutos de malhumor. Pero no todas son contrariedades. E n nuestro departamento habla entrado una bella muchacha. Espiamos la ocasión oportuna para iniciar amistad, pero la joven es alemana y no comprende el checo, ni. el francés, ni eí español. L e decimos algo que. ella no descifra; nos responde con una frase que para nosotros no tiene sentido. Entonces nos miramos los tres, con falsa sonrisa, que quiere encubrir el disgusto de nuestra La torre de Babel La Cual (aquí los títulos de dos obras maestras) es inmortal, porque es el alma de una raza y lleva unido a él una cuitara que no puede desaparecer nunca. Pero la verdad es; Que las madres suecas valen tanto como las italianas, que en jbualquiér lengua se puede escribir una obra jgenial, y que la difei; eíi ia de idiomas alza barreras que estanca l a cultura, que ditncultan su circulaciárf N o conoico nada jjnás ridículo que el dígullo que muestran ¡muchos hombres porqué su madre les ha enseñado a designar ííSsf. cósase con sonidos ¡distintos a los que erriplean las madres de ¡otros hombres. Hemos hecho un mérito de lo que tiene, en la referencia bíblica, categoría de castigo de Dios, tan terrible y angustioso como puedie ser un castigo de Dios. Para la Humanidad del futuro, de ese futuro muy distante, en que la Humanidad se desprenda de la estupidez congénita, será incomprensible este ahinco que ponemos en no entendernos, este afán de sostener y aumentar la imposibilidades de comprender lo que hablan y lo que escriben los demás, llevado a veces a extremos tan visibles como el: de los argentinos, que pretenden haber derivado del castellano un idioma nuevo, merecedor de otro ¿nombre. Porque si las palabras sirven para f bordo. algo es para comunicarse, y envanecerse- -S í pero, naturalmente, en alemán- -se de formar un islote en la comprensión geduele el checo, desolado entre los monton- neral es ir contra el sentido y la finalidad citos de su equipaje. de ese don. f ¡Y lo vemos quedar allí, indeciso aún, trisNo pequeña parte de culpa corresponde te y contrariado, calculando la extensión de en esto a los escritores, lógicamente enalos perjuicios que le causará su dempra. morados del- material, que manejan. Pero la- -H e aqui un hombre- -pensé- -que, a pe- política burguesa es l que sostiene con sar de perder dos marcos, de fracasar en un mayor entusiasmo ese dañino e infantil orflirt y de extraviarse en un país extranje- güilo, en el que se apoya para sostener merro, seguirá orgulloso de su derecho de no cados y hasta para desencadenar guerras. Si todos los hombres empleásemos las mishablar alemán. Nunca se está en mejores condiciones mas palabras, mucha sangre se habría ahopara meditar acerca de este tema d e los rrado en el mundo y nuestra fraternidad idiomas que cuando se vive algún tiempo en resaltaría más evidente. En la exaltación pueblos de habla extraña, y yo apenas ha- de nacionalismos que, con otros muchos mabía oído el castellano desde los primeros les, trajo la gran- guerra, el babelismo se días de junio. E n Holanda, en Alemania, agudiza hasta el máximo del fraccionamienen Checoeslovaquia, cuando mis semejan- to. Y a no es el idiom en sí, sino el acento tes y y o q u e r í a m o s entendernos, apelábamos con que se habla el- que distancia a los al francés; un francés casi siempre con- hombres; y las moléculás separadas en nomvencional, mal construido, salpicado de pa- bre de tales, oyen el Vocerío de los átomos labras inexistentes, en el que había que bara- que reclaman también su independencia, jar en giros fantásticos los recursos de un? entró del Estado checo, substraído al Imdeficiente vocabulario. Francés de turista; perio austrohúngaro, l á Eslovaquia insinúa y de maitre d hotel. Muchas veces, en un ya aspiraciones autonomistas. E l diputado almuerzo, en una excursión, la charla- sos- Tuka ha sido condenado a prisión recientetenida en un lenguaje que no era el de; nin- mente por defenderlas quiza con ardor exguno de nosotros, avanzaba tan difícilmente cesivo. Es el problema- contenido en sí miscomo un auto por un pedregal. L a s ideas no? mo hasta el infinito: la esfera de marfil del hallaban expresión, y m á s de una vez mis juguete chino, dentro; de la cual hay otra compañeros o yo castañeteábamos con el pul- esfera menor, y otra más chica dentro de gar y el medio, llamando como a un perro ésta, y otra, y otra. a una palabra que no podía acudir, porque Mientras tanto, se comienza a hablar de nunca Ja habíamos aprendido. Y cuando a l i Ja Confederación de Jos Estados europeos guien se atragantaba en el esfuerzo de pro- W. F E R- A N D E Z F L O R E Z N nunciar bien un vocablo rebelde, nadie se- reía en el grupo, porque aquella desgracia era nuestra desgracia, y, más o menos, to? dos sentíamos agujetas en el cerebro al terA B C E N t BIARRITZ minar la conversación. Sin embargo, cada uno de nosotros defenEl buen tiempo favorece Ja dería la pequeña vanidad de hablar su lenanimación gua y no otra. Uno por uno, todos d i Rara vez se ha visto un mes de octubre ríamos -E l lenguaje que aprendí en la cuna, el tan hermoso y. tan caluroso; salvo un par de que me enseñó m i madre, es el m á s dulce días, durante los cuales llovió, el resto del y el m á s bello. Es el idioma de Fulano y tiempo ha sido primaveral, y ha sido motivo de Perengano (aquí los nombres de dos ge- para que bastante gente se quede una temponios) el idioma en que se escribió El Tal y rada más larga
 // Cambio Nodo4-Sevilla