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MADRID- SEVILLA 31 OCTUBRE DE 1 929, SUELTO NUMERO 10 C T S PRADO DE SAN SEBASTIAN SUSCRIPCIONES SEVILLA CERCANA A TETUAN, DIARIO ILUSTRADO. AÑO VIGÉS I M O Q U 1 N T O N 8.376 Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, REDACCIÓN: GUI P Ú Z C O A ISLA COMO España como archipiélago Estas isias del progreso español, catalanas o. vascas, íueron también las islas del carlismo y siendo, ademas, las más participantes en la unidad nacional por su industria y economía, se mostraron las más disidentes de la unidad. Ofrecieron asi fases contradictorias, trozos del problema, cristales del poliedro, lados errados- -en su. simple unilateral dad- -del acierto vital, voluminoso y soberano de armonía. Acaso la provincia de España que, superadas estas vicisitudes, más se aproxima a la armonía ideal v difícil, hecha de contrarios, es Guipúzcoa. Tradicional y progresiva. Patriarcal y cosmopolita. D i ferenciada en su personalismo y sociable como ninguna con las otras cuarenta y nueve. Llena los veranos del poder central y salvada del centralismo. Aristocrática y democrática. Elegante v aldeana. Diplomática y joshemaritarra. Hasta se podría decir monárquica y republicana, alfons ina y carlista, jesuíta y librepensadora, española y afrancesada, local y universal, internacional y nacional. Isla sonriente, delicia de reaccionarios y de liberales, siempre trabajadora, siempre en fiesta, quizá la más alegre y limpia de odios de Europa. Y a le abrumaban a pragmáticas los antiguos Reyes de la Edad Moderna para que no bailase tanto ni armase tantas merendolas. Guipúzcoa respondía que lo hacía por devoción en torno a santuarios de imágenes santísimas, v milagrosas. Entonces otra vez las pragmáticas. L e limitaban las joviales romerías, y los días del año y el número de convidados para los banquetes familiares. Maravilla de maravillas. Isla fuerte y graciosa. Por cantar, merendar y bailar ella a nadie cedía en bregar con layas y remos, lanzaderas, ruedas v martillos, ni en colon z r ultramares, ni en batir a las tropas del Rev de Francia, ni en ilustrar las aulas y nn estras del mundo. Todo su ritmo aleare cantaba en la cuarteta de D Iñigo López de Mendoza: De Vitoria me partía un día desta semana por me pasar a Alegría, do vi moza lepuzcoana. Alegría no tiene i.ooo habitantes ni 15o caseríos; pero es la verdadera y encubierta capital de Guipúzcoa sólo por el nombre de júbilo. Bailar? Bailar es una cosa mística y divertida, leve y profunda, y los pueblos no se vuelven reyes con el s u í r a g o universal, sino con el baile delante del arca de la a l a n za, de la concordia, que es su liberación y su victoriosa armonia. Chista y tamboril son talismanes que unen hondamente la emoción guipuzcoana v la llevan, sin dist nc ón de ideas, clases n i partidos, a formar ruedas cadenas. E n t ó n c e s sé produce la rítmica expres ón de una soberanía y una cordialidad populares, que están sobre los art ficios de partido v ponen a! desnudo el íntimo sentir de una administración v de una política. E l sentido administrativo gu puzcoano no se reduce como muchos imag nan, a contabilidad v teneduría, a llevar bien c. Jínc v no robar, aritmética, ética y aun técnica no bastan para administrar, para v sostener una economía de goce y de combate, una vitalidad bella y fuerte, imaginativa, creadora, sensible y estratégica. Se cree que los mejores administradores son los empleados del Banco. E n España tenemos teneduría y probidad de sobra, contra muy escaso concepto de lo administrativo. L a tierra de Guipúzcoa es una tierra bien poseída y bien acariciada, una mujer contenta, hacendosa, áermosa y ajustada, que sabe divertirse y crear. L a administrac. ón es galante y militar con ella, porque ayuda a la Naturaleza y pone cerco a sus encantos hasta que se le rindan. No sólo el qué administra sabe juntar dineros y acudir a, lo útil y justo examinando peticiones. Envía también ramos de flores. N o sólo, hay amor a la provincia y deberes para con la provincia, sino risueño gusto de ella, fantasía sobre lo bonita que estará si estrena esto o aquello. Hay malicia: y galantería, i tolerancia y mesura entre lá provincia y sus administradores. L a provincia es tratada como dama en quien se respetan rancio linaje y esnobismo, sin olvidar las cosas necesarias. Navarra, Álava, Guipúzcoa, Vizcaya- -las cuatro islas del vascuence- -forman SÜ grupo vario y armonioso en el archipiélago ibero. Navarra tiene alma románica; A l a va, g ó t c a Gu púzcoa, renaciente; Vizcaya, barroca. No miréis a sus monumentos, sino a sus movimientos íntimos y a sus formas totales de expresión. E l archipiélago, apretado de islas en Vasconiá, Cataluña y G a licia, se aclara en la Mancha y en E x tremadura, en León y Aragón, para volver a hacerse tupido por Valencia y por A n dalucía en la flor de los ríos y los litorales. Teruel, Zamora o Ciudad Real son islas apartadas de toda fácil vecindad. Lo; odisaico de D Quijote era ir encontrando; por las geológicas latitudes centrales islas lejanas y maravillosas, comb las de Ulises. Navegaba, rico de arribos y de grandes adioses, por solitarios horizontes manebegos, frescos e infantiles en primavera, como virginales e incólumes visiones- antediluvianas, y buscaba precisamen e aventuras donde más raras eran las ocasiones y las islas creadas por la civilización y la H i s toria. A veces encontraba islotes encantados, y nemorosos, como el de Grisóstómo. que nunca habían existido en tn es parajes, y i eran tan iriverqsinvles. y poéticos como las islas de San Baiandrán. E l Gobierno de Sancho ri- za se llamó, por fortuna, la Ínsula y esta insularidad de tierra adentro no era sino la clave de todo el Quijote, y, a la postre, de España. f biera tener, siempre a ¡a vista- -niñas de Itis ojos- -las islas del archipiélago español, que deb era ser tamben popular en todas las escuelas. L a unidad nacional en su aspecto más vivo y eficiente aparecería como aurresku o sardana de las ricas islas e islotes dispersos y gratos, frente a los navegables horizontes. Se. ha solido siempre gobernar para Logroño y ño para la Rioja, para Cáceres y no para la Vera de Plasencia, para Granada, y no para la Vega. N o estaban las demarcaciones administrativas ni la Constitución del 12 ó del 76 para localizar sagazmen é impulsos de G o bierno- -lo prueban tas cuencas hidrográficas- aunque las posibles, incipientes G u i púzcoas del interior no coincidan con la distribución provincal. E l respeto a las necesarias y útilísimas ficciones oficiales y unificadoras no permite olvidar que España no es- -al menos en gran parie- -nación de ciudades y provincias a la manera de Francia o Italia. F u é harto s gnificativo que hasta el siglo x v n l a capital de España y de su Imperio anduviese sin paradero fijo. Navegaba en sus días más nacionales por ese archipiélago de comarcas y núcleos semianónimos, hoy de potencia local, que cons ituyen la fisonomía peculiar de España y fueron su secreta fuerza No por capricho los bien raigados Reyes ilustraron hasta Fernando e Isabel villas y lugares de que hoy hacemos poca cuenta. Eran casi siempre buenos sit os de España, propios para bailar y merendar a gusto, con un bello cerco de paisaje alegre, rico, pob ado y cultivado, capaz, por s u buen orden económico, de alimentar a compañías cortesanas, séquitos y escoltas. Eran ínsulas- -pequeñas hermanas de G u i púzcoa- -donde España, con ojos de sus Reyes naturales y populares, acudía vestida de gala por se pasar a alegría Y allí había, juegos de pelo a- -como en Gu púzcoa- v danza de espada y cascabel menudo, qua se baila en las Bodas de Camachc, y es la ezpatadantza vascongada o helénica, Son aquellos- viejos lugares p acenteros de nuestros antiguos cronistaá. Cul ivar. ensanchar, enlazar entre sí los deleitosos cercos interiores creados por la Historia y la N a turaleza, excitar su personalidad, su ambición y su aptitud administrativa, elevar sus virtudes privadas a virtudes públicas, pod r í a hacer de España un Fpeo fuerte, armonioso, y navegable. Gu púzooa servirá para las, nuevas islas tradicionales el mejor modelo. RAFAEL S Á N C H E Z M A Z A S Isla, en el piélago de la noche, es ¡a venta; isla, en la siesta del verano, la casa de los duques; aventura de isla. Ja del, barco encantado, y cueva de isla britana; la de Montesinos. Pero toda la insularidad de Cervantes se declarará en el Persiles) que. es contraprueba del Quijote. A l recorrer lo. ancho de España, loi une. en realidad, más le diferencia del resto de Europa (excepto Rusia, como en los pasaportes) es esta sensación de archipiélago de islas feraces o populosas en los océanos terrestres de- la Miancha, de Extremadura, de Aragón o de A- ndahicía. E n seguida w- piensa que debiera haber dos p o í t c a s una americana- -yanqui o argentina- para los océanos pacíficos de tierra casi deshabitada, v otra exqu t mente auropea, histórica, moderna, sensible, tradicional y galan e para las islas fértiles y risueñas, E l gobernante de; E M I G R A N T E S Y RASCACIELOS Apariencias y realidad Con una precisión expositiva, que en lo estad stico hace honor a su oficio v en lo literario a sü estirpe, el ingeniero D M a nuel Ortega y Gasset viene exponiendo en esta? mismas columnas la situación de la minería española, de su crisis y de sus posibilidades. Y con la concisión que corresponde a la índole de sus trabajos ha contado de pasada el estado en que se encuentran las ciudades mineras de las cuencas donde se exirae el plomo. Burgos, qua fueron un dia centros animados de pobía-