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E n aquellas palabras había presentido la muerte Krasna. Su mano buscó una mano de Kanmo, y la estredhó contra su corazón. -Late de terror- -dijo Krasna- le siento helado, es verdad. K a n m o yo no puedo pertenecer a otro hombre que a t i ¿pero sabes cuál es nuestra situación? ¡Y qué importa! Nuestras almas se romperán al separarse, al mediar entre. nosotros un hombre aborrecido; moriremos desesperados, pero sin luchar sin haber procurado vencer la desgracia. -K a i v a r el Resucitado- -dijo Krasna- es un guerrero formidable y poderoso. -Pero i tú la, conoces? -dijo Kanmo con acento amargo y Celoso. -No, j a m á s le he visto; tengo noticias de él, hace un año, un buque negro llegó a nuestras playas, y de él saltó a tierra un viejo guerrero t á r t a r o antiguo servidor y continuo compañero de m i padre. Krasna- -me dijo cuando estuvo delante de mí- has quedado completamente h u é r f a n a tu madre murió al darte a luz, y tu padre acaba de sucumbir como un héroe, en batalla, como muere el león, rodeado de enemigos despedazados; tu padre ha sobrevivido algunas horas a sus heridas, ha tenido tiempo de ex- presarme su última voluntad y de mandarme que, te la t r a i g a y te ordene en su nombre una ciega obe- diencia. -Escucho las palabras de mi padre que tú me traes- -dije a Zincar, sobrecogida por aquella noticia. -T u padre no- quiere que tu raza se extinga- -me contestó Z i n c a r- y te- ha elegido un noble- esposaentre sus compañeros de armas. ¿Y- quién es el esposo a. que me ha destinado mi padre, -dije helada de terror, porque ya te amaba, Kanmo, como te amo ahora. -Kaivar- -me contestó con acento solemne Z i n car- -es el bravo exterminador que siempre tiene levantada sobre sus enemigos su espada sangrienta; Kaivar es va poderoso jefe de tribu que acaudilla por un broche de rubíes, única joya que tenía sobre sí Krasna. P o r entre las anchas mangas de aquella, especie de camisa- ancha, transparente y vaporosa, s e veían sus brazos, semejantes en el color y en la tersura al nácar, terminados por dos pequeñas manos, que se ocupaban en tañer una pequeña guzla de ébano con incrustaciones y cordaje de oro; bajo esta camisa sutil de gasa de seda y entretejida de plata, se transparentaba sobre el pecho y hasta la cintura y hasta el nacimiento de los brazos una jaquetilla de brocado d é escarlata y oro, bajo cuya abertura se veía la ca i misa interior, de finísimo, lino, sujeta. por un ceñidor de oro, tan reducido como el hueco formado por los dedos pulgar, e índice de dos manos unidas; en este ceñidor se veía sujeto un precioso puñal con empu- lindura de marfil y cruz y vaina de oro, ni tan pequeño que fuese un arma inútil, ni tan grande que fuese ridículo puesto a la cintura de una mujer; de este ceñidor nacía una doble falda de brocado azul- yp plata, y bajo ella asomaba un pie completamente des- nudo, pequeño, mórbido, nacarado, junto al cual: estaba abandonada una pequeña babucha de brocado azul y plata, bordada de perlas. 7 x 1 Krasna estaba reclinada en cojines sobre la alfombra, apoyada en el borde de un diván, de frente- al rostro de Kanmo, que, vestido con un serillo traje griego de montar, estaba completamente tendido en el diván, apoyada la cabeza en uno de sus, brazos, t con la mano perdida entre su voluminosa cabellera, negra y rizada, fijando con delicia una mirada adormecida, en los hermosos pjqs- de Krasna, que le acariciaban, i e daban un amor infinito, le envolvían en la. magia irresistible de un alma enamorada de un amor tan puro, tan inmenso y tan profundo, como, el firmamento azul de aquella noche tranquila. Kaivar rugía sordamente, como un león herido y encadenado que no ipuede romper, las ligaduras que le sujetan y ve a t r a v é s del ramaje la presa tranquila descuidada, a l a qu. e no deja oír su poderoso r u gido por no ahuyentarla. L o que encadenaba el alma enérgica y terrible de Kaivar era la fascinación que le, hacía sentir Krasna. L a misma intensidad de la rabia que le causaba el espectáculo de la tranquila y. completa felicidad de K a n m o la misma pureza. da aquel amor que se alimentaba en sí mismo y; de si