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Parecíale que aquel hombre, a quien favorecía de una manera tan suprema el amor, debía favorecer de una manera decisiva la victoria. lY ¡sin embargo, Kaivar j u r ó a Dios y al, infierno, con! a mano puesta sobre su. puñal, exterminar, sin miedo de ser exterminado, a aquel hombre que gozaba de una felicidad, por un solo momento de la que hubier a él cambiado sus recuerdos, de triunfo, todas sus aspiraciones de gloria. Krasna, que, cuando Kaivar, después de haber tomado un baño, se había puesto en observación detrás de la vidriera, había seguido cantando su balada de amor, dejó poco después de cantar y puso lánr gurdamente la guzla sobre la alfombra. P o r un momento los dos amantes continuaron m i rándose en silencio, bañados ñor la dulce luz de la lámpara que pendía del centro de la cúpula dorada del pabellón. -Mucho me temo- -dijo suspirando Krasna, con una voz que hacía encantador su acento de lánguido y dulce cansancio- mucho me temo que estemos próximos a despertar de nuestro hermoso sueño de amor. -Yo no despertaré de él sino para dormir el eterno sueño de la mue, rte- -dijo sombríamente Kanmo. No- -dijo Krasna- tu alma, tu vida, tu pensamiento, tu sueño, como tu amor, me llama, na existe más que para ti. ¿No es nuestro amor puro come el beso de un niño a su madre? ¿N o somos con nuestro amor los seres más felices de la tierra? ¿Nc me has dicho t ú que nuestra felicidad deben envidiarla los ángeles? ¿Puede perecer un amor corno el nuestro. A U ¡N o! T ú sabes que no; cuando lie- l gue el esposo a que mi padre moribundo me ha destinado, sólo tendrá en mí una estatua fría, una mujer, silenciosa, una sumisión altiva; tendrá la posesión de la mujer, la matrona t á r t a r a que se sacrifica a la altivez de su raza; nunca l a amante, nunca la hermana, Desde que ese hombre llegue, t ú partirás de C o r f ú t ú irás a buscar tus parientes de la Jonia, a vivir entre ellos; las quillas de tus naves no volverán a surcar nuestras aguas, n i yo esperaré más desde mis terrados la aparición de sus blancas velas en el horizonte; yo viviré triste, sombría, inmóvil, encerrada dentro de m i alma, porque dentro de mi alma te encontraré siempre; porque en ella estarás siempre presente para mí. Y yo creo que si toí á r a m o s con un solo pensamiento impuro nuestro amor, le mataríamos; yo creo que nadie n i nada puede matar nuestra felicidad. Y. los ojos de Krasma, como para desmentir sus palabras, se llenaron de lágrimas. Por un momento Kanmo miró en silencio y de una manera profundamente conmovida a Krasna. -T ú lloras; tu amor pretende engañarme, como si mi alma no sintiera lo mismo que siente la tuya. -El destino nos separa- -dijo Krasna- pero noseparará nuestras almas, que se amarán siempre. -Pero t ú no puedes ser de otro hombre- -dijo Kanmo- tu no puedes ser esposa de ese hombre a quien tu padre moribundo ha querido que te enlaces; tú no le amas; tú no puedes amarle; una mujer digna y pura se vería reducida a los tormentos del i n fierno perteneciendo a un hombre a quien no amase. -Yo lo sacrificaré todo a mi raza y a la voluntad de mi padre, cuya sombra se levantaría irritada contra mí si sus nietos dejasen de ser tártaros. -T ú morirás, Krasna; tú sueñas; t ú no podrías apurar el sacrificio; el amor de ese hombre, con quien tu padre ha querido que te enlaces, te mataría. Ño; tu padre no lia podido comprender hasta qué punto sería horrible para t i la pérdida de tus esperanzas, la desgracia de tu amor. T ú te obstinas en respetar la voluntad de. tu padre, en sostener tu raza, en hacer dueño de TU hermosura a un guerrero feroz, salido por la primera vez de las montañas del ICáuaaso; yo permaneceré en la inacción, me alejará de Corfú, me trasladaré a la Jonja; pero iré con mis
 // Cambio Nodo4-Sevilla