Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. V I E R N E S i D E N O V I E M B R E D E 1929. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G l o Justamente. De espectáculo maravillosa y maravillosamente artístico lo vengo calificando yo desde hace varios meses; desde que pude admirar sus portentosas realidades. Porque ese clisé de las posibilidades de! nuevo procedimiento es el tranquillo en que se abroquelan los todavía reacios. N o se trata ya de posibilidades futuras, sino de realidades efectivas y presentes. N o está, como algunos creen, en embrión ni en el balbuceo. Está, sencillamente... fuera de su alcance. U n poco lejos todavía de España. Pero ya vendrá. Y a está llegando. R. M A R T Í N E Z D E L A R I V A EL D E B A T E SOBRE LOS TALKJES Películas y estampas Una crónica de Albsrto Insúa, escritor cue de tm tiempo a esia pao: coa si ¡c: erlc y ia solvencia de sti notable labor literaria, se ha mostrado partidario decisivo del séptimo arte, ha puesto sobre el tapete la encubierta controversia que las diferentes opiniones emitidas sobre el cine parlante constituyen. Y o he de agradecer, ante todo, a Alberto lnsúa los elogios que me dedica y la autoridad que en el tema me concede. Es posible, en efecto, que sea yo el único de cuantos en Madrid escriben sobre cinematografía que conozca los últimos talkíes norteamericanos. Pero ésta sería razón de poca fuerza si ella no residiera en la propia fuerza de los hechos. Y o estaría completamente de acuerdo con Trivelín si yo pudiera colocarme en su mismo punto de vista. Pero no puedo. Trivelín, con ingeniosa táctica y convencimiento absoluto, claro está, juzga todo un procedimiento por una o dos de sus manifestaciones, a mi juicio, m á s lamentables. Y o adviertí a tiempo que las primeras manifestaciones del cine sonoro y parlante en Madrid serian poco afortunadas. -Y acerté. Alguna ha sido desastrosa. S i esto fuera todo el cinematógrafo parlante, Trivelín y yo iríamos clel brazo para combatirlo. Mucho m á s cuando las observaciones y comentarios del joven y ya notable critico están hechos con indudable imparcialidad, puesto que declara estar dispuesto a esperar, y con innegable acierto. Pero esto no es todo. H a bastado la proyección en Madrid de una película sonora en su totalidad y presentada en mejores con dicioues. para que las cosas hayan variado de aspecto. Y cuéntese que ello no es más. aunque otra cosa se diga de momento, que una avanzada de cuanto a continuación podrá otrecer la nueva modalidad cinematográfica. Y o asistí a la proyección en el Gowen Carden, de Nueva Y o r k de El arca de Nos, v presencié después los estrenos de los filias sonoros y parlantes que la han sucedido. Sé, pues, muy bien a qué atenerme. Pero repito que esto no tendría importancia si no existieran razones de peso que oponer a esas otras manifestaciones y juicios que el eme parlante merece a quienes lo analizan con exagerada tendencia literaria y artística. Es pronto para el. o. su casa, y continuará yendo al cine. Sabia solución, que yo le aplaudo, porque si continúa yendo al cine sonoro y parlante, llegará un día que en él se encontrará, a más de la realidad observada en la vista de Shanghay, la fantasía desbordante y romántica de las estampas antiguas. ¿Q u e no? Cualquiera de las escenas bíblicas de El arca de Noé- -y cito esta obra por selva conocida del público- -es una estampa con toda la fantasía m á s o menos acertada que el director de ¡a producción haya sabido lograr. Luego en el cinematógrafo, hablado a mudo, será posible siempre la obra artística si el llamado a producirla lo es. Y no se me alcanza por qué ha de perder su condición de arte porque se oiga un; ruido o una palabra a su debido tiempo. Y o creo que la reproducción cinematográfica de! cuadro de Las lanzas, si estaba artísticamente realizada, nada perdería porque el marqués de Sptnola dedicara unas frases oportunas a Mauricio de Nassau, al entregarle las llaves, o porque se oyera el ruido producido por el choque de éstas y el murmullo de los flamencos y castellanos del acompañamiento. ¿Q u e se pondrían mil reparos a las tonalidades, a las actitudes y a los efectos? ¡Q u i é n lo duda! También se los pusieron S t e r ü n g y nuestro gran Beruete a Velázquez, negándole que reprodujera fielmente del natural y criticando l a iluminación oblicua de las lanzas la poca propiedad de los holandeses, y hasta del maravilloso fondo que separa a los dos grupos. Pero dejemos esto, no sea cosa de que me excomulguen por desempolvar estas antiguallas. Volvamos al cine sonoro, m á s moderno y de mayor actualidad. He dicho que ha bastado la exhibición de una película aceptable nara que las cosas variasen. E n efecto. Sobre rni mesa tengo criticas hechas, ciertamente, por los hasta hace poco intransigentes, en las que leo: Viene a reanudar aquellas grandes jornadas del arte mudo, dotado ahora de la palabra y el sonido, con perfecta sincronización, regulada y perceptible en los m á s leves ruidos, como un amplio receptor de la N a t u raleza en el concierto de la vida y de los seres de la creación ¡Magnífica y exacta definición de lo que es el cine sonoro! Y m á s adelante: Llevada a; la pantalla con arte insuperable... al servicio de todos los imaginables medios interpretativos... puede reunirse en estas palabras... es un espectáculo maravilloso. ESTRENOS. MADRID El cameraman EN José M a n a Salaverría, el admirado y admirable escritor, echa su cuarto a espadas en una deliciosa crónica, en la que se muestra asombrado ante la maravilla del cine sonoro, que le ha producido, al ofrecerle unos aspectos de Shanghai, sensaciones jamás presentidas Pero... Salaverría, al salir, del cine, comete la candidez, en un hombre cómo él enamorado de todo lo nuevo, de detenerse ante un puesto de estampas viejas. Y aquí surge el literato enamorado a su vez de todo lo arcaico y emotivo. A la vista de aquellos Grandioso éxito de la superproducción magníficos panoramas en colores de las más Metro- Goldwyn- Mayer espectaculares ciudades de la tierra, pero que no se parecen en nada a la realidad... de aquellas Granadas inverosímiles, Barcelonas hiperbólicas v Lisboas incomprensibles... Salaverría duda, v, después de una en la que se refleja de una manera flel la pequeña disensión consigo mismo- -el deba e vida en Hollywood de las glandes estrellas sobre los talkíes. amigo Tnsúa, ya lo llevamos cinematográficas: Charlot, John Gilbert, üouglas Fairbanks NTorma Talmadgo y dentro de nosotros mismos- se decide por otros. una forma ecléctica, puesto nue el arte ideal Intérpretes: y extraordinario tal vez no sea posible Marión Davies y Wilíiam Haines C o m p r a r á usas estampas para guardarlas en CAMIONETAS R U G B Y Charlie Chaplin, Buster Keaton. Harry Langdon, Harold L l o y d T a n iguales y taii distintos. Película cómica. Cinema esencialmente americano. Público de estrenos. Lleno absoluto. Expectación. E l asunto de El camevaman, ¿qué m á s cía? Buster Keaton será hoy operador de cinema, como ayer fué boxeador, o marinero, o colegial. Siempre ha de ser c! pobre hombre que lucha con la fatalidad, y la vence. N o se resignará nunca y a r r o s t r a r á cien veces el ridículo. (De aquí su diferencia con Chap l i n Chaplin ¡no lucha j a m á s con su sino; soporta estoicamente el dolor que no ha buscado. Y el final es siempre amargo. Buster Keaton, no. Es el hombre que busca el ridículo, y lo encuentra. Siempre sale mal librado; pero él no ceja en su empeño. Y el final es siempre optimista. Cuando se, considera en pleno fracaso- -agotadas todas las esperanzas- -tropieza con la sorpresa del triunfo. L a fatalidad no ha podido con él. El cameraman es un buen film de Keaton. E n su producción constante se hace muy difícil destacar la más conseguida. E n todas hay un momento magnífico, un gesto- -en la m á x i m a sobriedad de su gesto- -acertado. E n su última cinta lo que más nos gusta es el ponderado empleo de la técnica. ¿Cuántos films han naufragado por empacho de técnica? ¿Cuántas producciones se malogran por una técn. ca en desacuerdo constante con las necesidades, precisas, de su realización? N o hay en El cameramaú técnica a l a moda. L a máquina tomavistas sigue al protagonista sin abandonar su puesto de a u x i liar, de cooperadora al buen éxito de conjunto. U n a sola vez abandona este papel para colocarse en un primer plano: Cuando s i gue la desenfrenada carrera dé Buster K e a ton por la escalera, del sótano a la terraza. Y luego por la calle, entre el vért go de la circulación. Momentos hábilmente aproveSeis velocidades. Economía muy considera- chados, del film moderno, dinámico, cinemable. Véala, pruébela y se convencerá. tográfico, sobre todo. P. A B A D A L AI. CAI. A. 62 E l amor de Marceline Day- -ingenuidad, dulzura, comprensión- -justifica la esperanza- -remota y desesperada- -del pobre carneraman. PALACIO IE IA MÚSICA El barbero de Sevilla L a universalidad de la obra de Beumarchais, concebida originariamente por aquel aristocrático ingenio para ópera cómica, y más tarde, por las mil vicisitudes que i m pidieron este propósito, representada como comedia en el versallesco T r i a n ó n nada menos que por M a r í a Antonieta y el conde de Artois, intérpretes de Rosina y de F í g a r o extensamente difundida después por la fresca inspiración de Rossini, aunque ya es sabido que en la noche de su estrene- ESPEJISMOS
 // Cambio Nodo4-Sevilla