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MADRID. EN EL TEATRO DEL CENTRO Magda Donato y Antonio Paso han traducido y adaptado a nuestra escena una farsa cómica francesa, de autores poce conocidos, titulada Maldita sea mi cara! La obra agradó ni público y dio a Aurora Redondo y á Valeriano León nueva ocasión de comprobar las simpatías que tienen entre el público madrileño. (Fofo Alfonso) lo! a obra que estaba tocando al piano, y elijo: -Creo que usted es un gran amante de la música. -N o importa- -replicó Shaw- puede usted continuar tocando. Un estreno de Elmer Rice, en París Hace algún tiempo, P a r í s consagró l a reputación universal del dramaturgo expresionista norteamericano, dando a conocer La jiáquinc. de calcular, una de las come- dias r. iodernas m á s interesantes y originales. Elmer Rice acaba de estrenar en e; teatro Apolo su segunda en la capital francesa Street scene, traducida por, Francis Y o encuentro esa pintura de la mujer Careo con el título Dans la me. Esta vez e! exagerada. M e parece el resultado de un triunfo no ha sido tan unánime. prejuicio, y no el producto de la observaE! desfile de tipos pintorescos- -tres coción. L a tendencia a generalizar nos oculmadres, un israelita socialista, una institu- ta, por lo menos, la mitad de lo rea! L a triz, un hombre que camina leyendo el pe, mujer no es siempre un amasijo de nsriódico, un violinista italiano casado con tintos envuelto en la hipocresía. Con freuna alemana, la señorita que se sacrifica cuencia sus virtudes superan a las nuespara atender a su madre, la pobre viuda EL TEATRO EN EL EXTREMO tras. L a excusa de aquel pesimismo está en desahuciada, etc. etc. -resta todo interés, ORíENTF la experiencia personal. H a y hombres que según la critica, al conflicto central de la 1 cada mujer honesta y abnegada que han comedia, en la cual un hombte mata a su Curiosa caracterización conocido tuvieron la desgracia de intimar de un actor mujer simplemente para entretenerse. con tres o cuatro desequilibradas, enferjaponés del teatro de Laos, cuyos comas de erotomanía, y la erotomana, corno mediantes utilizan la máscara clásica. todos los viciosos, es prisionera de su de- i í í í g a n í e tino que gusta de hacer sentir en todas partes el poder de sus encantos. U n escritor lanzado a la publicidad por una dama tiene muchas probabil d ides de franquear todas las peerías. Pero es preci. so que sea joven. Afortunadamente, para nuestro sexo un artista es joven en F r a n cia aunque Dsine canas. N o se le exige la fe de bautismo como es imonio de su verdor vital, sino que tenga talento y sea un poco distinguido. P a r í s que es el para so de la- i mujeres, dispone de un amplio departamento para los hombres. Las anteriores reflexiones podran haber sido omitidas en el caso actual. Somerzet Maugham no tiene como escritor ninguna deuda pendiente con la mujer. Su celebridad es de la mejor ley. L a ha conquistado sin intermediarios, en la comunicación frecuente de su espíritu con el lector. ¿P o r qué es preferido a otros literatos de su país? A mi juicio, porque su sensibilidad para las cosas del amor tiene a viveza latina. M á s que un psicólogo que penetra en las almas por la vía un poco tortuosa y no siempre segura del análisis, es un sensitivo que opera por intuición, y ese método suele ser a menudo infalible. Para Somerzet Maugham el mundo está gobernado por las pasiones, y muy secundariamente por el interés que las promueve. E l ser humano carece de libertad para decidir su destino. Está a merced de sus apettos y de sus cá culos. E l amor es un insíinto sobre el cual no tiene la conciencia sitio un ascendiente limitado y fugaz. Su tiranía sobre la voluntad es casi absolu a. Hombres y mujeres se buscan, se acechan, se aman en una dramática alternativa de voluptuosidad y de tedio, y luego o se eng a ñ a n o se separan inertes de alma y de cuerpo. L a literatura es un ingrediente de la pasión, y nada más. Con la mujer ei escritor inglés ni es nada indulgente. L a tiene por un ser frágil, incohe enEe e inconstante; esclava de un egoísmo que no cede jamás ante la tentación del olacer. Es cautelosa, pérfida y de una indiferencia moral absoluta. f E L T E A T R O E N PARÍS ha carta, drama, en tres actos, de V. Somerzet Maugham, adaptación francesa de H o r a c i o de Carbuccia. Teatro del Ateneo. (Foto Orrios. De los escritores ingleses modernos, ninguno aventaja en Francia, por la nombradía, a W Somerzet Maugham. ¿A qué cautas debe un escritor esa rápida boga de sus obras? L a celebridad no se logra, en general, por ei sortilegio de lo que hacemos. N o es una flor espontánea H a y que cuidar de ella como se atiende a una finca. Ese aspecto industrial de la fama pone a prueba la paciencia de un escritor. Es preciso viajar, ir frecuentemente a los lugares en que pretendemos que se nos conozca, sostener sin interrupción una correspondencia postal llena de habilidad, visitar lo. críticos, halagares y además, por lo menos en P a r í s valerse de la mujer. E l Co de la influencia femenina es aquí decisivo. Nadie, ni aun los editores, la resiste. E s porque la muier francesa, inteMADRID. EN EL INFANTA BEATRIZ H c- e n t i o i r m v muy aficionada a las bellas ¿rtes. se entromete en todas las esferas so- Don Nicolás Jordán de Umes, autor novel, ha estrenado, con buen extto cales. No quiero decir con esto que sea una comedia de costumbres mundanas, Efcos de s o c i e d a d donde se aprecian sus excelentes disposiciones de comediógrafo. (Poto Alfonso.