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A B C. S Á B A D O 2 D E N O V I E M B R E años de actuación, realizó importantes obras de encauzamiento y kilómetro y medio de muelle de fábrica con su- correspondiente zona de servicio. Creación de la Junta de Obras del Puerto E n 1870 se crea la primera Junta de Obras del Puerto, cuyo fin principal fué favorecer los intereses del tráfico marítimo, logrando las mayores facilidades y mejorando ias condiciones de nevagahilidad del rio, desarrollándose el comercio de tal suerte, que los muelles que trazara Pastor y -andero resultaron ya insuficientes para las necesidades de aquél, siendo por consiguiente necesario idear otros, mucho más amplio. A ese efecto se pensó en las obras del Canal de Alfonso X I I I que a más de evitar uno de los tornos principales del río favorecía el desagüe de éste, contribuyendo así a alejar el peligro de las inundaciones, y al mismo tiempo y sobre todo, proporcionaba el puerto de Sevilla una zona amplia de ataques y muelles, que dotados de todos los elementos necesarios para la carga y descarga de mercancías, lo hacían digno del nombre de nuestra ciudad. Origen de las actuales reformas Mas todavía esto no era bastante, pues dada la importancia que nuestro puerto iba tomando de año en año, era necesario pensar sobre algo más grande que resolviera de una vez y de raíz los obstáculos e inconvenientes que ese progresivo estado va de continuo presentando, y nuestro ingeniero, D José Delgado Brackenbury, tuvo la idea, que me atrevo a calificar de genial, de convertir al puerto en una extensa dársena, cuyo pensamiento, acogido con entusiasmo por el señor ministro de Fomento, primero, y por el Gobierno de V M después, vino a cristalizar en el proyecto, cuyos primeros trabajos comienzan hoy, y en los que terminados, y con ellos la gran dársena, podremos tener una línea de atraque con muelles de más de cuatro kilómetros, con posibilidades prácticamente ilimitadas y con todo el calado necesario: otra dársena dedicada exclusivamente a petróleos, alejando así los peligros de un incendio: el río será desviado, haciéndole un cauce nuevo de 3.500 metros de largo, y con una anchura de 160 metros, mayor en más de un 45 por 100 a la que tiene hoy libre en el puente de Triana, atacando de firme y resolviendo de plano el pavoroso problema de las arriadas, que tantos días de amargura nos han dado, y que más de una vez vistieron a la ciudad con el luto de sus estragos. E n la dársena, Señor, quedarán reducidos al mínimun los gastos de conservación de esta sección del río, hoy muy crecidos, y podremos dedicar nuestras actividades, aunar nuestros esfuerzos y emplear nuestro dinero, en la mejora de la Barra de Sanlúcar y de algunos tornos del río, teniendo la esperanza de que no ha de transcurrir mucho tiempo en que podamos ver navegar por el Guadalquivir hacia Sevilla barcos de un porte tal, que hace veinte años, al pensarlo, hubiérase considerado como un sueño. Y aunque el magno proyecto, cuyos trabajos comienzan hoy, representan de gastos unos sesenta millones de pesetas, no hay que olvidar que su realización evita obras de importancia suma, entre otras, la de defensa de Triana en caso de avenidas, y que unido ello a los valores que con ocasión de esta obra magna se adquieren, representan aproximadamente unos 40.000.000, que habría que deducir del coste total del proyecto. Palabras finales Llegado el momento, Señor, en que éste fuere terminado, y yo me atrevo, en nombre de la Junta que presido, a señalar. como fecha, la de vuestro augusto y glorioso nombre del 23 de enero de 1934, esperamos que D E 19 ag. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA P A G 17. para ese día se digne V M inaugurarlo a bordo del primer barco que navegue las aguas tranquilas, gracias al esfuerzo humano, con beneficio incalculable para el comercio, que es riqueza y bienestar de los pueblos. Entonces, Señor, los sevillanos que quizás hoy no dan a su río la importancia que para nuestra prosperidad tiene, se darán cuenta de que Sevilla todo k que fué, es y pueda ser, se lo debe a su río y a su puerto, y no habrá palabras con las que pueda expresarse el agradecimiento del pueblo sevillano a su Rey y a su Gobierno, por la protección que constantemente le han prestado, engrandeciendo al propio tiempo que a esta muy leal ciudad, a la Patria, supremo interés de todos. Discurso del ministro mento de Fo- E l ministro de Fomento, conde de Guadalhorce, comenzó diciendo que cumplía, al hablar, órdenes de Su Majestad, y, en nombre de éste, contestaba y felicitaba, por su brillante discurso, al presidente de la Junta de Obras del Puerto, Sr. Ybarra. Encareció el ministro la importancia histórica del puerto y la económica, en el orden de relación entre el viejo y nuevo mundo. Exaltó la personalidad legendaria de nuestro río. Recordó la frase de D A l fonso, de que no desea colocar primeras, sino últimas piedras, porque las primeras suelen llevar muchas veces a la desilusión, por la apatía de los hombres. E n el momento actual, España siente un deseo tal de llegar, que no pueden impedirlo los más bastardos entorpecimientos. Recuerda la sentencia de Tirso de M o l i na, en El Burlador de Sevilla, Dice que en Sevilla hay una conjunción: de un lado, la ciudad, evocación de la gracia, -del arte, de la fidelidad a sus- Reyes; de otro, el río grande, que nació entre montañas de nieve, para bañar las fértiles vegas de Andalucía. Sevilla tiene un alma propia, que pasea ante el mundo. Sus callejuelas dan la impresión de querer prender el espíritu entre rejas y flores. P o r ellas, vagan los nombres de María de Padilla, el Rey D Pedro, V e lázquez, Bécquer... L a Giralda es como una conjunción maravillosa de arte. E l A r c h i v o de Indias es un tesoro, que guarda el acta de fe de una raza de gigantes mitológicos. E l ministro, que en su discurso de tonos líricos, está elocuentísimo, recibe abundantes murmullos de aprobación. Dirigiéndose al Rey, dice: Sevilla, en vuestro reinado, llega, Señor, a su máximo esplendor. Su Parque incomparable, sus palacios iberoamericanos, mansiones suntuosas de las. naciones hermanas, son la expresión viva y. fuerte de un tributo dé homenaje que se rinde a l a Patria. A l pie de ese paraíso hay que anotar ese río, que, a pesar de su leyenda de poesía, huellas tan tristes dejó, de vez en vez, en Sevilla. Bajo sus órdenes, Señor, conseguiremos la dominación de ese río, para que jamás pueda dañar, y, sometido, respete a Sevilla y traiga al puerto la tranquilidad que necesita, para recibir amorosamente el abrazo de los más lejanos mares. Esto es altamente sugestivo. De un lado Sevilla, y, de otro, su río, que se doma y se entrega. Estos son los momentos en que los rasgos de la raza vibran como nunca. E s una locura, que se traduce en anhelo de buscar el más allá. E s la locura, que engendró la energía de nuestros abuelos para conquistar un mundo. Señor, vuestro pueblo va s i guiendo su destino, la locura de hallar y de ser grande. Consciente de su deber, debe seguir su camino recto, sin que de él lo aparten los bizantinismos. E l lema de vuestro pueblo es, Religión, Patria y Rey. E l ministro termina su brillantísimo discurso con las siguientes palabras: Sigue tu camino, pueblo, sigue tu cultura, para templar las almas fuertes en la lucha: sigue a tu Rey, que es la encarnación misma de l a P a t r i a sigue la estela que te marca la antorcha de la fe, y no olvides que María Santísima escogió esta tierra para asiento de sus reales. U n a ovación subrayó el elocuente discurso del ilustre sevillano conde de Guadalhorce, que fué felicitado al terminar por S u Majestad. Inmediatamente, el Rey declaró inauguradas las obras. E l momento fué de intensa emoción. Comenzaron las máquinas a excavar, atronando el espacio las sirenas de los buques. Las escuadrillas de aeroplanos evolucionaron sobre la antigua huerta de Santa A n a bandas de música tocaron la Marcha Real, y el público, suelta la válvula del entusiasmo, prorrumpió en atronadores vivas a España, al Rey y a Sevilla. Su Majestad, acompañado del ministro de Fomento y del ingeniero director de las Obras, Sr. Delgado Brackenbury, avanzó hasta el río, examinando la iniciación de las obras. E l público aprovechó la ocasión para vitorear al Rey con entusiasmo, correspondiendo éste con expresivas muestras de agrado. Enseguida se inició el desfile, que resultó brillantísimo. E l almuerzo del ministro de F o mento E n el Hotel Alfonso X I I I se celebró ayer un almuerzo en honor del ministro de Fomento, ofrecido por el concesionario de las obras de reforma del puerto de Sevilla, Sr. Mantecón, para festejar la solemne inauguración de las mismas. Una de las presidencias de la mesa fué ocupada por el conde de Guadalhorce, que tenía a su derecha al alcalde, Sr. Díaz M o lero, y a su izquierda al Sr. Mantecón, y l a otra por el presidente de la Junta de Obras del Puerto, D. José María Ybarra. A l final, el Sr. Mantecón hizo el ofrecimiento del agasajo en un breve discurso, al que contestó el ministro agradeciéndolo y haciendo presente la responsabilidad que había contraído ante S. M el Rey, por lo que esperaba que el Sr. Mantecón sabría hacer honor a su compromiso de terminar las obras en el plazo de cuatro años. C o m i d a íntima. LA MEJOR AGUA D E MESA. L a Junta de Gobierno de las Confederaciones Hidrográficas obsequió anoche con una comida íntima al ministro de Fomento. Empresa S a n Miguel E n obsequio de Guadalhorce E l presidente de la Junta de Obras M Puerto, D. José María Ybarra, obsequiará esta noche con un banquete al ministro de Fomento, señor conde de Guadalhorce, a l que han sido también invitados el alcalde y los miembros de la Comisión permanente de la mencionada Junta. E l agasajo tendrá lugar en la morada del Sr. Y b a r r a SERVICIO DIARIO Sevilla a Ronda, por Morón, Olvera, Alcalá del Valle y Setenil. Salida: Pjierta de l a Carne, siete: de l a mañana. Informes: Garage San. Miguel, calle Navarros. TELEFONÓ 24768. LA C A S A SIN BALCONES. -Gramófonos, preciosas maletas. Óptica. Relojes.
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