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¡A V E N I D A E D U A R D O D A T O 6 (G R A N V I A TEF. 1 6 3 1 6- M A D R I D O P E R A C I O N E S E N PRIME- RA Y SEGUNDA H I P O T E C A P r e p a r a n A y u d a n t e s de I n s t i t u t o y U n i v e r s i d a d G r a n d e s é x i t o s A C A D E M I A P R E C I A D O S 17, O J B A C H I L L IE R A T O DERE V M 11 f f V MAE) R A ACADEMIA CrANTOS, SAN BER aT ¡B ke Sy P E R I T O S A G R Í C O L A S 3 -Ingenieros, a r q u i t e c t o s y sus a y u dantes respectivos. 22 profesores. I n t e r n a d o I A D R T D E l 70 p o r 100 de los i n g r e s a d o s e n j u n i o y s e p t i e m b r e h a n s i d o p r e p a r a d o s e n esta A c a d e m i a F e r n a n d o V I 19. H a y i n t e r n a d o G pta s. ral E s t e r a s m i t a d precio. S e r r a T. o 145 32. F u e n t e s 5. S. B e r n a r d o 2 LIN 0 LEÜÜ 8 S o m b r e r o s fieltro e l e g a n t í s i m o s a 8 pesetas. M O N T E L E O N 35, primero derecha. 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C E N T R O D E C O N T R A T A C I Ó N C O M E R C I A L S A Heros, 17, Bilbao, VAGONES CUBAS FERNANDEZ Y GONZÁLEZ í! 1 EL PASTELERO D E MADRIGAL 443 i! i ¡í j i I i í I j L j li y un odio terrible era el sentimiento que experimentaban el uno por el otro los dos esposos. A l tercer día una gran cabalgata salía de la casa de Krasna. A su cabeza marchaba a caballo el nuevo gobernador de Corfú, Kaivar. Entre los jinetes iban algunas literas, Ocupaba la de delante Krasna, y las otras las esclavas de su servidumbre. Aquella cabalgata se dirigió a la parte de Levante de la isla. A l a caída de la tarde llegaron al castillo Rojo. Aquel castillo parecía encantado. N i en sus alme a s ni en sus ventanas se veía una sola persona. D e él no salía el m á s leve rumor. E l sol poniente le t e ñ í a de un vivo color rojizo semejante a la sangre, ¡Su. pequeña y profunda puerta estaba cerrada. K a i var echó pie a tierra, abrió con tres liaves la redojblada puerta de hierro, que dejó ver tras si un espació lóbrego. Después fué a las literas de las esclayas de Krasna, que eran doce, y las hizo salir de ellas y; que rodeasen la litera de Krasna, que abrió inmediatamente. Krasna salió ricamente engalanada, pero dura, seria, sombría, terrible, apagado el esplendor de su hermosura por aquella expresión host i l y provocadora. Después K a i v a r mandó a Nossur que l a guardia t á r t a r a que los acompañaba desmontase y los siguiese. Luego dijo a K r a s n a -Hemos llegado a mi castillo, y tú eres la primeira persona que le habitarás después de, haber sido construido; si los aposentos que para ti he destina- do no llenasen tu deseo, no habrá consistido en mí, que he buscado en Constantinopla los maestros m á s hábiles y m á s conocedores- del gusto de las mujeres. A h o r a si te place, sigúeme. Y K a i v a r echó delante tan rígido, tan serio y tan sombrío como Krasna, que le siguió. Tras Krasna continuaron sus doncellas, que iban también magníricamente engalanadas. Tras las doncellas, las literas. T r a s las literas, las acémilas en que iban los equipajes. Tras éstas, Nossur y los cien tártaros de la guardia de Krasna, completamente armados, con los escudos a la espalda, las lanzas sobre el hombro y los caballos del diestro. Cuando hubo pasado el último tártaro, Kaivar, que estaba junto- a la puerta por la parte de adentro, cerró sus cerrojos, sus barras y sus candados. A través del espacio lóbrego, sombrío, fuerte, abo- vedado en que se entraba inmediatamente después de la puerta, Krasna y los que la acompañaban salieron al espacio descubierto comprendido entre los muros y las torres exteriores y l a gran torre aislada que constituía el centro del castillo. Antes de abrir la puerta de la gran torre, K a i Var, dijo a Nossur dándole un haz de gruesas l i a Ves, que, contenidas en un aro de acero, llevaba pendiente de su cintura: -Desde ahora, todas las puertas de este castillo están en tu poder; yo no soy aquí el señor, sino el huésped; la voluntad de mi esposa Krasna será para ti y para todos los que este castillo habitaren una voluntad soberana; franquea las puertas de la torre y de todas sus habitaciones a tu señora; yo voy a ocupar la torre del Norte de la muralla; pon a m i servicio algunos de tus t á r t a r o s yo estoy aquí solo con mis tesoros; los bravos de mi tribu se han quedado tendidos allá sobre el campo de batalla, y las gentes que en una nave me han traído a esta isla con mis tesoros, y los que han construido este castillo, han sido gentes pagadas, a quienes he despedido cuando me han sido inútiles. Kaivar huye del mundo y se oculta, pero cerca de la mujer que se ha hecho dueña de su alma. Toma esta sortija que constituye el poder del jefe de la tribu de los Karuk, y que ella la posea, que ella sea la única señora. Y sin esperar la respuesta de Nossur, que, pof otra parte, no sabía qué contestar, dobló el ángulo de l a gran torre y se perdió en dirección a la torre del ángulo del Norte del recinto murado. Nossur permaneció algún tiempo inmóvil y dominado por la extraña conducta de Kaivar, que de tal modo se despojaba de todo poder como esposo y como señor, y luego se dirigió a Krasna, que esperaba entre sus doncellas, altiva e impaciente, junto á la puerta, enriquecida con bellas labores bizantinas, de la gran torre. -Y o no puedo retener ni por un momento en mis manos, la esmeralda rodeada de rubíes que representa él poder de los Karuk- -dijo Nossur entregando a Krasna la Sortija- Kaivar te entrega toda su autoridad; Kaivar se queda en este castillo, no como tu esposo, sino como tu huésped; t ú eres aquí y en la isla y en la tribu Karuk la única señora.
 // Cambio Nodo4-Sevilla