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N t l M E ROEXTRAORDINARIO 20 CENTS. AÑO VIGÉSIMOQUINTO. g SB Ntf MERQEXTRAORDINARIO 20 CENTS. Afro V TG E S T M O QUINTO, gf gf Las grandes capitales europeas. BERNA. LA CIUDAD DE L O S O- S- O- Sr t i. Hasta el mismo nombre de la ciudad se deriva de la voz alemana Bar (oso) y el oso de su escudo es motivo ornamental perpetuo en vidrieras, tallas y mármoles. Os sale al paso, labrado en piedra, en la revuelta de una de estas intrincadas callejuelas; os acecha, tallado en pino, detrás de todas las v i trinas se agita inquieto sobre el gualda y rojo de las banderas cantonales. Cuando llegáis a verlo, y no en imagen, andando leguas y leguas a lo largo y a lo ancho de diez metros cuadrados, o, Diógenes en su tonel de piedra, dis frutando filosóficamente de! a caricia del sol, ya no os causa sorpresa. Aunque ao nos dijeran de antemano que existe la fosa de Jos osos, al encontrarnos ante ella la miraríamos como cosa ya sabida y vista, y a los osos como a viejos amigos. Ellos también tienden hacia nosotros sus nianazas, en un gesto cor- DOS ASPECTOS D E BERJíA dial, y abren sus fauces enormes, mas no para asustarnos, sino para darnos, a su modo, la bienvenida, porque c o m prenden que el hombre es animal hecho casi a semejanza suya, y que ha venido al mundo para arrojar higos y berzas a los osos. Nadie sabe ciertamente por qué se guarda en Berna este culto al oso; nadie sabe con seguridad el origen del símbolo, y aun el nombre mismo indica que el símbolo es anterior a la ciudad. Se habla de un Bertoldo V que allá por el siglo x n tomó la plaza, y fué la muerte de un oso su pretexto. Alejandro Dumas dedical a los osos de Berna varios capítulos de sus impresiones Ie viaje por Suiza, y relata a este propósito historias muy interesantes. Y o os contaría alguna de ellas, y sí serían más llevaderos vuestro trabajo de leer lo que yo escribo y el mío de escribir lo que vos-