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LA FUENTE D E ZARINPE, O D E L OSO ARMADO UXA CALLE DE- BERNA CON LA FUENTE DE SINSOX otros uizá habréis de leer; pero dispongo de muy poco espacio y de muchas historias y no sabría cuál elegir. Si os cuento alguna un día, e l e g i r é la m á s fantástica para que os la creáis más f á c i l mente, y no q u i e r o ofenderos con esto, y no quiero achacaros buenas tragaderas; es que en Dumas, cuando crea la historia, los personajes más reales son los que n u n c a existieron, y las escenas más verosí miles aquellas que ocurren entre gentes que no se conocieron jamás. Las fuentes de Berna son tan renombradas como sus osos, y no os figuréis por esto que se trata de fuentes milagrosas. Aquí el agua, como los osos, es motivo ornamental, pero no cura nada. Quien cura es el sol, que multiplica sus rayos al quebrarlos en los espejos blancos de las cumbres nevadas y en el espejo verde del río; y cura e! aire, saturado de aromas de pino; v cura, sobre todo, el reposo hondo de la ciudad sin ruido... El agua es motivo ornamental, como los osos, y salta con rumorosos brinquillos, y se desliza cantarína a los pies de la Justicia, o del O J O armado, o del Arcabucero, o del O aro. Pues aún Berna, sin osos y sin fuentes sería ima c i u d a d con matiz propio, no parecida a otra alguna- porque tiene esa teoría de soportales resonantes de pasos en las horas lía, v madriV í LA CATEDRAL DF, BERXA güera de silencio y de sombras en. la noche; refugio contra el sol en los meses cálidos, v contra ¡o banal de los quehaceres cotidianos en los momentos en que nos nace en la voluntad e! deseo de no tenerla y de pasear sin rumbo en las horas de silencio, aquí donde ese silencio es tan sutil que hasta lo hiere el aleteo de los pensamientos. E n las noches claras, las sombras de Sinson v del qaitero, alargando el cuerpo al través de la calle, vienen a recostar su cabeza en la sombra de las arcadas, y todo, hasta, las sombras, duerme en la ciudad dormida. Y seria una ciudad única, aunque sólo tuviera esa cuenca del Aar, cinturón de esm e r a l d a con que se adorna; aguas verdes y mansas que cruzan calladas, sin rumor de corriente, sin temblores de luz ni vaivén de olas; parece que. celosos de las ciudades vecinas que se miran en el lago de j ausa, ¡ne. a falta de lago y de río, para engalanar JiM- el paisaje construveron con cristales verdes un fin g i d o r í o arroyo de vidrio i n móvil, como en los nacimientos de Nochebuena. Y aún seria ciudad sin semejante, nada más que con ese fondo de altas cumbres eternamente nevadas, que cortan violentamente con su resplandor de pureza el azul turbio de! horizonte... Si alcanzáis la cima de alguna de las suaves G O-
 // Cambio Nodo4-Sevilla