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CABALLEROS L L E V A N D O LOS ESTANDARTES D E LAS CIUDADES Las bellas estampas de Alberto Durero. E L T R I U N F O D E M A X I M I L I A N O D E AUSTRIA O l i v i e r de la M a r c a nos cuenta el prodigioso reinado de M a ximiliano de Austria, abuelo de nuestro Carlos I, tan apasionado y obsesionado en seguirle e itnitarle, que toda su política, todas sus guerras y ambiciones y hasta su personal obsesión de la muerte es una continuación, una consecuencia, u n a parodia del pensamiento y de la acción de Maximiliano. Así, España padece y paga con territorios perdidos, con caudales gastados y con harta sangre vertida l a monomanía de grandezas, el delirio de dominación, la alucinación de designio providencial que padecen estos locos coronados, sin contar en estos desequilibrios la aportación de nuestra triste enamorada doña Juana. Nada, sin embargo, de lo que el puntual cronista nos cuenta tiene la expresión reveladora de aquellas estampas que grabó A l berto D u r e r o con su gallardo trazo, oon su cuidadosa p u n tualidad, con su minuciosa delectación en los perfiles de los rostros, en el engarce de las armaduras, en el tramado de las telas, en el relieve de los bordados, en el íorjado de las j o y a s en el repujado de los- escudos. Y a en la infancia descubre Maximiliano la monomanía de grandezas que padece. T e n í a nueve años y era sólo príncipe en la ociosa Corte de su padre, cuando imaginó como alta empresa el restablecimiento de la Orden del Toisón de O r o que estaba muerta y olvidada desde el fallecimiento del duque- C a r los de Borgoña. Y luego, apenas pudo, enzarzóse en guerrascon el Rey de F r a n c i a y quitóle el Ouesnoy y el Conde, que antes el galo había arrebatado a su espesa, María de Borgoña. Embistió luego a los flamencos, y apoderóse de Terruonde, Audenarde y Gante, y más plazas que retenían los señores feudales afecto- al Rey de F r a n c i a y al conde de Flandes. Humilló, a U t r e c h dos no quisieron pasar adelante, no pudiendo sacarlas de Alheregale, alegando que les faltaba su paga, que los alemanes tienen por costumbre que si están pagados hasta el día presente, y mañana hubiese alguna batalla o asalto, creen que acreditarían una nueva p a g a A u n así, aun habiendo de tornar a su Corte y dejar Hungría en poder del Rey de Bohemia, como en renta vitalicia, para que la poseyera y gozase mientras viviera, apenas retorna M a g xmiiliano a su Trono quiere que l a pobre nación sangrante y empobrecida le rinda un homenaje por sus triunfos militares. Se? í; vcelebran fiestas populares y tor l e a s caballerescos a que el bravio Emperador es tan aficionado. Recuérdese aquel trance que cuenta O i i v i e r U n caballero francés, famoso por sus fuerzas y su destreza, había hecho publicar en W o r m s que sostendría contra todo el que se presentase un- paso de a r m a s sólo uno se atrevió a comparecer el día emplazado, el cual, después de una obstinada lucha, alcanzó la victoria. D e todos los puntes es tallaron ruidosos aplausos, cuan do a! levantarse la visera se reconoció al Emperador. Entre todas aquellas fiestas, rganizadas por Tos principes y ores del Imperio, fué famoprocesión o desfile y caa que se dio el nombre r i u n f o de M a x i m i l i a n o lberto Durero dibujó en as estampas. Acudió de artes de Europa muchere de gente a presenciarl a y los más ricos magnates y letrados de distintos países confesaron que jamás habíase ofrecido al halago y vanidad de un pueblo vencedor espectáculo más MAXIMILIANO Y MARÍA D E BORGONA soberbio, prodigalidad más geveced, rindió a A r r a s y corrió a A u s t r i a y nerosa, suntuosidad más sorprendente y máf recuperó del detentador Rey Matías el rei magnífica grandiosidad. A n t e M a x i m i l i a n o y no de Hungría entero, y si no tomó B u d a María de Borgoña desfilaron los grandes sefué, según el cronista, porque las tropas ñores con sus servidumbres y mesnadas: de
 // Cambio Nodo4-Sevilla