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Sobre las torres, encaperuzadas de pizarra, una ciudad fluvial, sino marítima, de Ja de ta Cité, ¿no andan remisos los fantas- que parecen formar parte, puesto que a l mas medievales, y no viene a contemplar fondo de los muelles se atisban las chimecon mirada absorta, l a sombra de María Antonieta, los muros d e la Conserjería? Cuando tas luces rojas de los automóviles rielan en su asfalto, la plaza de l a C o n c o r dia, húmeda por l a lluvia, l o parece m o mentáneamente p o r la sangre de los r e g i cidios. L a s nieblas encendidas que a veces desdibujan el domo de los Inválidos, ¿no son banderas ilusorias de fastasmagóricos batallones imperiales? L o s reverberos todavía iluminan infinitos rincones del viejo París que han resistido a la piqueta y a l folletinismo, y que sólo en l a noche recuperan stt poesía m o r bosa y patética. Encrucijadas donde u n hombre sentado en la acera hace pensar en esos vagabundos de las novelas de Bove, en quienes se inutilizó e l resorte de la v o luntad y únicamente salen después de p o nerse el sol para n o afrontar a l a luz del día, por timidez, a los otros hombres. S i estos callejones desembocan en el río, cerca de S a n Julián el Pobre, frente a la masa obscura de N o t r e Dame, y a no es de neas humeantes y los mástiles de los remolcadores. Y a veces l a ilusión del mar se acrecienta cuando un reflector de aeród r o m o- -c o m o los de una armada n a v a l- -explora el cielo con su mirada gigantesca y fría. Sobre el inmenso caserío alza a lo lejos su silueta l a torre E i f f e l- -q u e otras veces parecía fea y, al fin, ha venido a ser anticipación del arte geométrico, deshumanizado, de nuestro t i e m p o- pero no de hierro gris, como durante el día, sino ingrávida, aérea, de cristal, de fuego, hecha de arabescos que una pluma caprichosa traza sobre un pentagrama vertical e invisible v borra y vuelve a diseñar durante horas. Y esta torre es lo más trivial, lo más vulgar de la villa. P e r o no hay idea de la melancolía que causa su brusca desaparición en el horizonte, en esa noche en que- -luego de haber vivido cerca de ella algunos años- -se sale de P a rís como si se hubiera cerrado el capitulo de la propia juventud, con el temor de 110 volver a recomenzarlo nunca. JUAN PUJOL LAS MIRÍADAS D E L U G E C I T A S Q U E M A R C A N E L TRAYECTO... (Fotos H e n r i Manuel. GABARRAS, C H I M E N E A S GRÚAS, S E D E S V A N E C E N E N I. A SOMBRA