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SALA CAPITULAR S U A R T E I M P O N D E R A B L E SUS A T R A C T I V A S L E Y E N D A S las conquistas de Alfonso I el Batallador, que y a era dueño de Zaragoza, quiso también establecer en sus territorios los monjes blancos- -llamados así por su indumento- y a instalados en otros dominios a r a goneses de allende el Pirineo, como el B e a r ne y l a B i g a r r a Y no tardaron en aparecer los dos grandes monasterios de V e r u e l a y Poblet. L u e g o después, y tras de dos intentos de asiento- -el uno (año 1153) en lo que se llamó l a Junceria, junto a l viejo B u r jazut B u r g o del azut o presa- el Gal l e g o- hoy Villanueva, y el segundo (año de 1159) e n Samper de Salz (por decidida protección de l a R e i n a Petronila y su esposo el conde Ramón Berenguer, que deseaba celebrar c o n este hecho el nacimiento de su hijo A l f o n s o) los monjes blancos estableciéronse, al fin (año 1202) por generosidad de este M o n a r c a en el lugar de R u e da (que no hay que confundir con otro R u e da de Jalón, lugar riscoso, que fué el postrer refugio del último R e y moro de Z a r a g o z a- -Z a f a d o l a- -a l ser ésta tomada por el Batallador, y donde aquél aún se hizo fuerte L a reforma religiosa del Cister, que a durante algún tiempo) mediados del siglo x n estableciera y g l o rificara con sus virtudes y su sabiduría el P e r o los primeros años de v i d a de los gran San Bernardo, se propagó rápidamente por toda la Cristiandad. Y el Reino de cistercienses fueron difíciles y azarosos. E l plan de reconquista que con tanto emAragón, pujante entonces y victorioso por E n la comarca que los aragoneses llaman la T i e r r a B a j a- -y que algunos confunden lamentablemente con el Bajo A r a g ó n (que es bajo por ocupar la paite meridional del Reino, mientras que aquélla debe su n o m bre al hecho de estar integrada por las bajas cuencas de los ríos Aguasvivas, M a r tín, Guadalope y Matarraña, que desembocan en el E b r o corriente abajo de Z a r a g o z a) en esa comarca, digo, y cerca de la confluencia de aquel g r a n río a r a gonés con el secundario Martín (Mar- tín, que también vale r í o o m a r- c h i c a álzase... casi íbamos a decir se alzó, un monasterio cisterciense, hoy en amenazante ruina, a cuya vista sorprende al viajero una colosal noria o g r a n rueda (de ahí el nombre del cenobio) que, en incesante m o vimiento, eleva por sus cangilones el agua del río hasta el plano superior en que se halla el monasterio y su extensa huerta. ¡Bello paisaje, que tiene por fondo el cerro, do se asienta el pueblo de Escatrón! peño y acierto habían seguido los Reyes de A r a g ó n de l a primera dinastía- -la de A r i s t a- y c o n el que A l f o n s o I llegara a tomar por l a dereclia del E b r o- -a más de Z a r a g o z a- -T a r a z o n a Calatayud y D a r o c a cambió de rumbo, tras ineficaces tanteos, con Ramón Berenguer, el conde barcelonés (no catalán, como algunos erróneamente escriben, porque entonces de Cataluña n o existía n i aun el nombre) abandonando l a ruta de Valencia- -cúya reconquista se retrasó, por este motivo, hasta Jaime I- -y tomando el camino de la izquierda del E b r o para llegar hasta Tortosa, cuya comarca, reconquistada bajo los auspicios de la R e i n a de A r a g ó n con tropas aragonesas y tremolando los Señales (así. se llamaba la bandera o estandarte) del Reino, es histórica y legalmente -en D i o s y en justicia- -territorio aragonés. C o n el cambio de rumbo, la reconquista en l a derecha del E b r o quedó detenida en la linde alfonsina, y dueños, por ende, los moros de las sierras de Segura y de M o n talbán- -el camino de V a l e n c i a que luego siguió el C i d- hacían sus algaras a l a T i e r r a Baja, llevando c o n ellas los d i s t u r bios y el saqueo hasta las mismas orillas del E b r o que tenían en perpetua zozobra a los monjes blancos de Rueda. E l l o s que
 // Cambio Nodo4-Sevilla