Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
hablan buscado en la soledad y el recogimiento un refugio a su vida de estudio y de religión! Así, la vida les resultaba imposible. ¿Q u é hacer? N o iban ellos a v i v i r vida guerrera, aunque fuera defensiva, y optaron por buscar la t r a o q u i l i d i d en la armo nía, acogiéndose a pactos y tratados, a los que los m o r o s- -n o obstante su carácter guerrero- -se avenían fácilmente por el beneficio y el provecho que les trajera. A s i otorgaron éstos a los monjes salvoconductos para poder transitar hasta por los m i s mos dominios moros. H e aquí, como cosa curiosa y testimonio de tal política, un albalá (que tomamos de la interesante obra El monasterio de Rueda, del erudito historiógrafo Sr. López L a n d a) E n el n o m bre de Dios, pío piísimo (alabado sea D i o s une sólo es digno de ser alabado, y haga Dios salvación s o b r e M a h o m a y s o b r e los s u y o s) E s t e es un privilegio que manda dar el Rey de los fieles, hijo también del Rey de los fieles (prospérelos D i o s con s u favor y amplíe sus estados con su ayuda) E s t a es la merced que hace el Rey al fraile de Escatrón, y de sus partidas y possesiones, donde quiera que estén en este R e i n o de Aragón, q u e sean guardadas de las m a nos de los moros, en t i e m p o de g u e r r a cuando llegarán a los tales lugares sus E x e r citos y Capitanes con toda seguridad y omenaje que deue, y que sean aproximados como propios próximos, que sean dexados en sus estadcs y no dañados ni perjudicados en ninguna cossa de las personas, ni de las haciendas y sean dexados en su propio ser, y estado, so p e n a de perdición de la persona, y hacienda. E l que caerá en las manos, o llegará, a su n o t i c i a este auto sea obl gado a guardar lo contenido en él, so pena de n u e s t r a indignación, lo qual fío que se h a rá así, Dios queriendo y él nos ayude, porque n o ay bien sino el suyo. Fué e s c i t a esto en la decena de Cafar, año de seiscienjos y catorce a q u é n t a de Moros (i a i 8) L a relativa tranquilidad que esta política- -que podíamos llamar c r i s t i a n o m u s u l m a n a- -d i o a los m o n jes, permitió a éstos proseguir la comenzad a fábrica, de su convento (tenían y a el portentoso refectorio, de robusto y puro estilo románico, con pulpito de aérea escalera, abierta en el espesor del muro, con columnas que sostienen arcos de cuarto de punto, y buena parte del a d m i rable claustro bizantino- ojival) y en tiempos del abad Noguerol (1225) u n gran a r quitecto, que se ocultaba bajo los albos hábitos de m o n j e- -f r a y G i l R u b i o- levanta la iglesia del monasterio y l a gótica sala C a- pitular la joya arquitectónica del cenobio. L a iglesia, a la que podemos penetrar desde el claustro por sencilla puerta de medio punto, es de planta sencilla y de líneas severas. Consta de tres naves de cinco t r a mos, sin crucero. L a s bóvedas son de c r u cería, siendo considerable la altura de las naves laterales en relación con las de la central, y la ojiva, tan aguda, que adquiere la forma llamada de lotícela. E n el sitio principal de esta iglesia, punto medio de l a nave central, frente al presbiterio, elevábase hasta poco ha un monumento funerario de gusto irreprochable y fina ejecución, en oiedra policromada- -que hoy se admira en el Museo de Z a r a g o z a- y, sobre él, la figura yacente del monie aristócrata D Pedro Fernández de Heredia. Junto a él se halla el de su segunda esposa, doña Isabel de Castro. la sala Capitular, maravilla del arte ojival en su mejor época, que derrochó en ella sus más ricas galas, uniendo en estrecho abrazo el románico y el ojival, prestando éste su gracia y aquél su robustez. E l interior, de planta rectangular, está dividido en seis tramos, formados por haces de ocho columnas, sobre alto basamento, y sus capiteles son de doble serie de hojas treboladas. U n a doble serie de asientos de piedra corre por todo el aula capitular, y en el pavimento hay varias sepulturas de conspicuos abades. Estas muestras de vitalidad v de definitivo asiento de los monjes, despiertan pronto recelos, traducidos en rivalidad y luego en creciente oposición de los señores feudales de la T i e r r a B a j a- -l o s de Sástago y Samper especialmente- que así temían ver disminuido su omnímodo poder y sus pingües rentas. N o eran ciertamente i n f u n d a d o s tales temores, que pronto él monasterio de Rueda extendió s u s e ñ o r í o por aquella redolada, y no tardó su abad m i trado en tener asiento en Cortes y la abadía en adquirir espléndida ¡existencia. U n d i oh o v u l g a r asegura que no caben dos gatos en un saco... ni dos señores tampoco en un mismo domi ni o; desde los antiguos feudales a los modernos caciques. Y p r i mero, la retención de rentas: luego, ia invasión de posesiones; más tarde, el ataque al cenobio, y, al fin, la agresión personal, eu términos que ha conservado la l e y e n d a avalada por documentos e inscripciones. A la entrada de la sala Capitular del monasterio de Rueda, y a su lado izquierdo, sobre el zócalo de l a ventanas laterales aparece un túmulo, y sobre él una figura de monje, con este rótulo de d u r o s caracteres: D oN GASTÓN DE A Y E R B E A B A D Y en NAVE LATERAL DE LA IGLESIA Y en la capilla del Santo Cristo se a d m i r a el sepulcro de uno de los más famosos justicias de A r a g ó n Juan G i l Tarín, fallecido hacia el 1290. E l retablo del altar mayor, primorosamente labrado en alabastro, hállase hoy en la iglesia de Escatrón, y es obra del mazonero Borunda (1607) y del maestro Esteban. Pero todo en Rueda queda eclipsado ante la esplendidez, verdaderamente fastuosa, de ia sala de Abades existía un retrato- que alcanzó a conocer José María Cuadrado hacia 1844- -de D Gastón, y bajo él una inscripción latina, que alude sucintamente a un hecho, conservado por la leyenda. H e aquí el hec h o E n t r e los antiguos rivales y poderosos enemigos de Rueda parece que descollaba el vecino conde de Sástago, quien estaba decidido a apoderarse de bienes y posesiones, cuya resistencia a la entrega había vencido otras veces, pero que ahora el abad defendía, con obligada dignidad y c o n tesón de aragonés, en io que no le iba en zaga el no menos a r a gonés conde de Sástago. Agonizaba el siglo x i v era el año 139. V U n a reciente sentencia arbitral daba el derecho y aseguraba la posesión de discutidos bienes al abad D Gastón. Y no con-
 // Cambio Nodo4-Sevilla