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para Caballero y Niño calidad y elegancia; a 1 -A? Y ¡f ¡28 ffi ALMACENES EL ÁGUILA PRECIADOS, 3 MADREO Preparan Ayudantes de Instituto y Universidad, Grandes éxitos. ACADEMIA, PRECIADOS, 17, COMPRA LA C A S A ORtSAZ 01 Importante convocatoria. Exámenes en el próximo año. No se exige título. Para ¡al, 1 programa oficial contestaciones y preparación, en las clases o por correo, diríjanse al antiguo v acreditado INSTITUTO REUS PUERTA DEL, SOL, 13, y MAYOR, 1, MADRID. Regalamos prospecto detallado. Tenemos Residencia- Internado RECIADOS, RñfiTIPñ TP Ü P PJPiSüíPílfIA Importante convocatoria. Plazas con 2.500 ptas. ascensos hasta 6.000 y derechos pasivos. SIMU I BWifSsi I SiW W i Sll! iwiiC w 85 No se exige ningún título. Exámenes en el próximo año. Para el programa oficial y Reglamento del Cuerpo, contestaciones y preparación en las clases o por correo, diríjanse al antiguo y acreditado INSTITUTO REUS i RECIADOS, 23; PUERTA D E L SOL, 13, y MAYOR. 1. MADRID. Regalamos prospecto. Tenemos Residencia- Internado Anunciada convocatoria. Profesorado Cuerpo. Centro especializado. ACADEMIA GIMENO, Arenal, 8. Internado. Teléfono 15529, FERNANDEZ Y GONZÁLEZ EL PASTELERO DE MADRIGAL 147 p o r de contado, que nada de esto era directamente ¡obra, de Kaivar. K a i v a r era muy a propósito para dirigir la construcción de una fortaleza a la altura de las necesidades de la guerra de su tiempo; para organizar un ejército y armar y equipar sus soldados; por lo demás, ni comprendía, ni amaba el lujo, ni sentía ni tenia m á s sentimiento que el del desprecio para lo afeminado, para lo muelle. Pero la íama de la hermosura de la hija de Cristian Karuk había llegado hasta el, había comprendido que la mujer ama el lujo, y había encargado al constructor de su castillo pusiese en el centro de su gran torre todo cuanto pudiese halagar el capricho de una mujer, aunque hubiese necesidad de pagarlo a peso de oro. E l constructor, pues, ¿había sido el inventor de aquello; había hecho una maravilla, y su amor propio de artista se hubiera resentido de una manera gra, ve, al ver que Krasna no tenía ni un elogio, ni aun na mirada de atención para tanto primor, para tanta belleza. ¡E n cuanto a Nossur y los tártaros, se aposentaron en los departamentos comprendidos en el recinto exterior, y los caballos en extensas cuadras, que dejaban conocer la inteligencia de Kaivar como jinete y como ¡hombre de guerra. E n cuanto a la torre en que K a i jVar se había metido, era desnuda, pobre, fuerte; se reducía la habitación a una cámara cuadrada de ¡muros lisos y techo abovedado. E n aquella cámara no había un solo mueble; como que Kaivar no había pensado en habitarla; su ancha chimenea estaba completamente limpia. Aquella cámara, por la que se paseaba contrariado K a i v a r daba frío. A l fin, los tártaros puestos a su servicio encendieron una dadera hoguera en la chimenea, armaron un lecho en un ángulo y pusieron en e! centro de la cámara una mesa y un sillón verdaderamente bellos y l u josos, corno que habían sido llevados de la gran torre del castillo. Después de esto, Kaivar declaró que ya le sobraban muebles, y quedó definitivamente instalado en su mechinar. E n las acémilas- se habían llevado provisiones y nada faltó desde el primer momento a Krasna, r. i av. ii carne fresca, porque ios tártaros habían matado por el camino un hermoso gamo. Y pasaron y pasaron días. Krasna no veía nunca a Kaivar, que estaba encerrado a piedra y lodo en su torrecilla, comiendo tres veces al día como un lobo, porque el amor y la rabia no le quitaban el apetito; durmiendo muchas horas, porque cuando dormío soñaba que le amaba Krasna, y completamente olvidado de la guerra y de la ambición, porque el amor de Krasna llenaba por completo su corazón y su imaginación. Krasna vivía de una manera semejante, en cuanto al estado de su espíritu. E l recuerdo de Estanislao K anmo ardía perennemente en su memoria, excitando su sentidos, convirtiéndose rápidamente del amor soñado inmaterial y tranquilo en una voraz pasión impura y embriagadora. Combatía, además, el alma de Krasna el amor propio irritado; aborrecía a K a i var; pero le contrariaba de una manera terrible su conducta, y que amándola y siendo su esposo, viviese absolutamente retirado de ella, despojado de todo su poder, anulado, en una palabra. Krasna comprendía perfectamente que ésta era toda la venganza que podía tomar de ella Kaivar por su amor hacia Kanmo. U n día en que Krasna estaba en su mirador, fijantío por costumbre una ansiosa mirada en el horizonte del mar, como cuando desde el terrado, de su antigua casa esperaba la vuelta de Kanmo, los celestes ojos de la joven dejaron ver de repente una i n mensa llamarada de alegría, que apagó instantáneamente el despecho. E n el horizonte había aparecido, como un punto dudoso, un objeto que lentamente fué agrandándose hasta dejar ver las tres agudas y blancas velas latinas de una galera corsaria. K r a s na conocía demasiado aquellas velas. Aquella galera era el buque corsario de Kanmo, el Alfión, que él montaba siempre tfon preferencia a sus otros buques. Krasna mantuvo fija su ansiosa mirada en la galera que, impelida por un fuerte Levante, adelantaba con rapidez, dejándose ver de momento en momento de una manera m á s perceptible. A l fin Krasna pudo ver a los marineros y distinguir sobre el alcázar de popa la figura de un hombre puesto de pie y vuello hacia el castillo. Sus ojos no podían decir a Krasna, porque había aún una grandísima distancia, quién era aquel hombre; pero su corazón le dijo que era K a n-
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