Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MADRID- SEVILLA 5 NOVIEMBRE DE 1 9 29. NUMERO 10 C T S CERCANA A TETUAN, SEVILLA SURLTO DIARIO I L U S T R A DO. AÑO VIGÉSIMO QU 1 N TO N. 8.380 0 OLIVE, REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN, SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ rro repujado, un tapiz de melados matices, un bordado antiguo, una vieja estampa. E n suma: un aposento acogedor como sólo pueíi de crearlo el alma de un artista. Sencillo, ar L a Reina me lleva también a Toledo. Y a monioso, h o g a r e ñ o U n aposento donde se había visto yo Toledo. ¿Pero quién que lo puede lanzar un largo suspiro v tener reposo. haya visto no desea volver d verlo? E n otro gran salón blanco, una deliciosa También allí encontré reformas por todas comida en torno a una enorme y pesada partes. No esas reformas que la razón aceptnesa Manjares sencillos, productos de ¡a ta mientras el corazón gime, porque con granja, servidos en extraña vajilla aldeana ellas se borra cuanto recrea los ojos de un de ricos colores; risas, charlas, bromas, apeartista. N o allí las reformas sólo realzaban tito sano, buen humor. la gloria del pasado. Los hermosos ornaY luego una detenida inspección de l a mentos de la Catedral estaban expuestos e finca, unos a caballo, otros a pie. Visitamos iluminados de manera que cada pieza se polos conejos, los caballos y las muías, y el día contemplar y admirar mejor. Las joyas riachuelo que corre por el valle entre á r b o y reliquias estaban de tal modo dispuestas, les vestidos con las primeras galas de La que. al pasar al tesoro, se recibía ia impreI primavera. Los campos y las plantaciones sión de entrar en una c á m a r a llena de luz, I brindan muchas esperanzas para la p r ó x i m a de oro y de piedras preciosas. N o puedo copiar todos los cuadros que cosecha, esperanzas que todos los agricultoL a Catedral de Toledo fué la primera C a res saben cuan fácilmente pueden fallar an tedral española que yo v i Su volumen me v i ni siquiera con palabras, aunque todos tes de cumplirse, porque la Naturaleza tan anonadó! Porque ias Catedrales españolas ellos han quedado impresos- para siempre me parecen abrumadoramente gigantescas, en mi fantasía. Pero no puedo pasar al. pronto es dadivosa como cruel. De camino para casa nos detuvimos en ei con sus sombrías columnas como árboles t i- Sur antes de hablar de la granja de mi antiguo y magnífico monasterio de Uclés, tánicos, cuyas copas se ocultan en la som- hermana, blanca como la nieve. bra eterna. Castillejo, cerca de Madrid. U n sencillo que se levanta como una fortaleza sobre Hoy mis pies vuelven a tomar posesión edificio cuadrado con un- amplio patio de desnudas y aplastadas lomas, y cuyos fundamentos son murallas romanas. Una vez m á s de su belleza con temor casi sagrado. In- la misma forma. L a r g o trayecto hasta lleera la hora del ocaso, cuando todas las covoluntariamente amortiguamos la voz. No gar allí, y ei camino, en parte, muy escasas se bañan en vivos fulgores antes de ser encontramos palabras para expresar nuestro broso. barridas por la sombra nocturna. E n EspaLlegamos todos juntos el Domingo de asombro. Todas las palabras son demasiado ña la piedra de que están construidos casi vulgares para semejante esplendor. Y cuan- Pascua, el Rey, la Reina y todos los niños. todos los grandes monumentos es particulardo, ai lado de la Reina de España, doblo mis Aquel iba a ser un día de campo, un día mente rica de tono, una mezcla de ocre, á m rodillas ante el altar mayor, siento que in- para nosotros solos, un d: a de asueto muy bar y herrumbre, que a la última hora de la conscientemente brota de mi alma una ple- lejos de los palacios, de las ceremonias y tarde se vuelve naranja, como si los muros garia, dando gracias a Dios por haberme del protocolo. estuviesen al rojo. M i hermana, que anda por la finca con permitido una vez más entrar en aquel temPor todas partes me parecía encontrar energía casi varonil, vino la tarde anterior plo maravilloso. Luego visitamos la casa y los cuadros del con su marido y los niños para tenerlo, todo aquella tonalidad, característica de España. Greco, v las iglesias medio desamparadas, en dispuesto. Los niños y su padre nos pusie- Todos los castillos esparoles son de una tootro tiempo sinagogas, que parecen todavía ron a caballo a la entrada de la finca. Ellos nalidad caliente, casi dorada. Con frecuenrepercutir con el eco de otros ritos. Para iban vestidos de boyscouts, y montaban en cia son huraños, macizos, agrios; pero su llegar a una de estas iglesias, pasamos por briosos- y limpios corceles blancos. El pa- color es siempre cálido. Ñ o náy- grises fríos un jardín cercado. lleno de lirios, que bri- dre parecía el hennano mayor de sus hijos. como en las comarcas del Norte. llan al sol como luces blancas. Dentro de! Entre gritos de bienvenida marcharon galosantuario torio es blanco t a m b i é n tanto, que ¡pando por el piso pedregoso, para mostraryo- me preguntaba si los que habían planea- nos el camino. N o h e de ponerme ahora a describir E! do, aquel ¡ardir habrían mandado plantar E n un pequeño jardín, cercado con un Escorial, pues todo el mundo sabe cómo y deliberadamente blancos todos los lirios. N o muro, se hallaba mi hermana. Aquel jardín por quién fué construido, y conoce su enorllegué a formular esta pregunta: a veces era como un incendio de sol, donde había me tamaño, su austeridad, su adusta arquidisimulo la enorme alegría que las flores rae jacintos azules y violetas, jacintos gigantes- tectura sin adornos, aunque tan impresionanproducen, porque pocas personas, salvo mis cos como nunca los admiré, entreverados de te por las proporciones. Aquí sí- que la pienarcisos amarillos, como para lucir mejor su dra es gris, fría, sin nada del. calor arriba hermanas, las aprecian tanto como yo. Visitamos también un convento, perdido bello azul, Y en medio de aquellas flores es- mencionado. Llegamos a E l Escorial e! día en una calle estrecha, y tan oculto detrás de taba mi hermana sonriendo dichosamente. de Viernes Santo, día muy adecuado para altas murallas, que pocos conocen su existen- Siempre había deseado visitarla en aquella un sitio que sugiere tantos recuerdos a s c é cia. Las tnonias. rmiv azoradas, nos lleva- granja apartada, a la que- ella tiene tanto ticos. Visitamos los sepulcros, y dejamos ron a través de sus desnudos y austeros apo- carino, y allí estaba yo, en Domingo de Pas- nuestra ofrenda de violetas ante la tumba sentos. E n una ríe las salas había un mara- cua, llegada del otro extremo del mundo, y recién cerrada de nuestra querida Reina villoso artesonado de la época de los moros todo estaba lleno de sol, y mi corazón esta- Cristina. M e a s o m é a una ventana, y vi otro jardín ba tan gozoso que casi me dolía... Otro de los lugares que m á s vivamente se ilenii de lirios. Pero estos otros tirios eran Subimos por una escalinata, toda Manca, grabaron en mi memoria es Guadalupe, ese azul es. y pasamos a un salón bajo, tan blanco como maravilloso monasterio perdido entre monH a v también en Toledo una casa morisca, la escalinata. L a impresión de -ste pósente tañas. Salimos de Madrid por la mañana, y con piñones y aleros de madera admirable- era de paz v belleza. U n- amplio lecho de avanzamos en coche todo el día. primero por mente talla- Ios, con una fuente de antiguo cuatro columnas con antiguos cortinajes, tierras llanas- -y en esta primera etapa v i estilo en el centro del patio, y con el rosa amarillos como el oro. deliciosamente reco- sitamos las manufacturas de Talavcra- luem á s enorme qtie he visto Su tronco es tan gidos, con sencillos muebles obscuros espa- go escalando gradualmente cerros, siguiendo grueso corno el brazo de un hombre, y su- ñoles del estilo que a mí m á s me gusta, y empinadas y maravillosas carreteras, para ramas se encaminan sobre el teindo come con pesadas y antiguas puertas espinólas ha- entrar en regiones solitarias y bravias, ea ciendo juego. E n una esquina, una enorme inmensas soledades llenas de poesía v de para ver tneior lo que hay más allá. ¡Toledo, ciudad preclara! N o seré yo chimenea de campana blanca con un canapé cal a. Los cerros no están cubierto? de á r quien se atreva a describirte. Otros, mu- delante, y por todas partes rosas amarillas, boles, sino de todos los arbustos imaginables: hiHsco, cergazo. hiniesta, mejorana, cho más hábiles, han cantado ya tus atrae claveles y narcisos, en brillantes jarrones de balsaminas romero, brezo y trae especies de tivos. y han hablado de tus prodigiosos loza. A c á y allá una pieza de antiguo hie; CUADROS D E ESPAÑA puentes, de tus murallas, de la estrechez de tus revueltas calles. También han dicho que el río te ciñe como cinturón refulgente. Para contemplarte como un cuadro pintado sobre el cielo, subimos a una altura próxima, y te miramos desde allí E s t á s afianzada sobre c i miento rocoso como una cautiva. Torres, iglesias, murallas, edificios antiguos y sombrías calles... De todas, las ciudades de España me pareces acaso la m á s intensamente española. Play algo en ti de h u r a ñ o de inflexible, casi de implacable. Hasta- cierto punto, no pareces pertenecer a nuestros tiempos. E l sol ya está bajo, y en. la última m i rada que te dirijo apareces bañada en luz tan intensa que tienes casi color naranja. Es corno si estuvieras incandescente por dentro. Mientras viva te recordaré a s í