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BERLÍN. E N E L AERÓDROMO VUELO DE EXSAYO DEL NUEVO M O D E L O DE SE HA TEMPELHOF SUPRIMIDO LA COLA. CEOTO KEYSTONE) DE AVIÓN AL QXTR tabau aquellos memorables hechos no llevando a su bordo más que oradores parlamentarios y maestros normales? Esa terrible invención intelectual que llamamos C u l tura: no ha servido nunca para conquistar nada interesante, pueblos o mujeres. Es un método para intoxicar el espíritu, llenándolo de dudas que paralizan los resortes de ¡a acción. Los sabios no han conquistado nunca más que cátedras o condecoraciones. Y o los admiro profundamente, pero prefiero locreadbres de algo, los que fundan algo, a los que estudian lo creado. ¿Que el oro es un ideal deprimente para el espíritu? ¡Cualquiera diría que la sociedad contemporánea ha renegado de é l! E oro enardece los pensamientos y templa las voluntades, como en la época de Hernán Cortés y Pizarro. L o que sucede es que ai conquistador ha sucedido el financiero, el cual, en vez de buscarlo lejos y con riesgo, lo encuentra al alcance de las manos median- e combinaciones ingeniosas. que tienen siempre por base la crédula ambición de los hombres. E l caíd Djouder, que en España se llamaba Domingo, comunica sus ilusiones a un compatriota suyo, el capitán Ferreíro, de arcabuceros del Sultán, desecho, como su camara ¡la, de las aventuras militares de Italia y de Flandes, en la época magnífica en que la energía humana conducía al hombre a la gloría por los peldaños del heroísmo. E s evidente que el Sultán va a movilizar ais huestes para la conquista de aquel oro. Djouder y Ferreiro lo tienen por cierto. Pero a quién, confiará esa importante expedición militar? ¿Cómo hacer para que la designación V caudillo de aquella tropa recaiga en el -uihl andaluz? Por dicha suya, la ambición ríe Diotider encuentra un aliado formidable en una mujer. L a favorita del Sultán está de su parte. E s curioso, pero no sorprendente, el que la infidelidad pueda triunfar en un serrallo. E l amor puede mucho; pero cuando recibe la ayuda de la astucia, lo puede todo. Por si sóío el caid ni habria entrado furtivamente en el gineceo imperial, ni habría hecho suya a la favoi ¡la, ni podría concertar con ella el modo de inclinar en su favor, como caudillo de la expedición, la voluntad del gran señor. -H o y he tenido un sueño, señor- -dice la favorita del Sultán. -I Y ha sido? -Que los renegados españoles se sublevaban contra tu poder... ¿No sería prudente alejarlos de Marruecos, confiándoles una empresa arriesgada y larga? E l gran señor encuentra aquella indicación de un profundo sentido diplomático, y pocos días después la columna marroquí se pone en marcha con Djouder y Ferreiro a la cabeza. E l tránsito por el desierto es tan penoso, que en cada una de las ¡ornadas quedan centenares de cadáveres a la zaga de las caravanas. E l rigor del sol, el tormento de la sed y los meteoros celestes que se presentan en aquel clima terrible van apocando el ánimo de los más enteros. A l fin, llegan a Gao, y, como no encuentran oro, penetran en Tombuctu, ciudad de una civilización primitiva que no carece de seducciones. Los únicos supervivientes de la expedición son los renegados españoles, con Djouder, que ha tenido el inmenso dolor de perder a su amigo Ferreiro en uno de los combates con la poderosa tribu de los Suruyas. ¿Cómo han podido vencer a aquel enemigo, estando los españoles en una proporción de uno a cien? Por el prestigio de la pólvora v del arcabuz, que opera sobre las imaginaciones. Por la fuerza de los imponderables, diríamos hoy... ¿Dueño de Tombuctu, Djoudtx se mere de tedio y de tristeza Su amor está lejos, y su amigo no es ya de este mundo. Y entonces se recrea fumando pipas de kif, esto es. pidiendo a una hierba lo que generalmente nos rehusa la v i d a el silencio interior y el olvido... MANUEL BUENO París, octubre. iQ 3 q. LA Llenando los domingos de octubre, cuya luz, alegría y maduro verdor merecen una corte de poetas que los canten y una campaña de turismo que los haga atractivos, por que el otoño en Sevilla es algo que no hemos sabido cultivar; llenando estas mañanas rociadas, estos mediodías ásperos como sus vinos, estas noches suavísimas, llevan palmas, flores de papeles de color y coplas, a través del aire sazonado, los romeros de Sevilla, de Triana, del A l j a r a f e país de las flores, como le llamaron los árabes. que me da celos; mi corazón lo sigue loco y sin freno. A Torrijos va el mozo ROMERÍA TORRliOS DE E l ambiente es la gracia de Grecia que vio Izquierdo. Y una agricultura clásica, en la Huerta, en el Jardín de Hércu es como nombraron a este lugar los romanos. E l paraje del olivo de Minerva, con su verdor le armonía; y sobre tanta calma, del uno otro polo de tal equilibrio, la pasión, la c o razonada, el m i l a g r o E n la paz labnega del cortijo de Torrijos, en un muro do! c- a sal, que fué baluarte, la gallina- -pica que te pica la pared- -ha descubierto una cavidad.
 // Cambio Nodo4-Sevilla