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MADRID- SEVILLA 7 NOVIEMBRE DE 1929. SUELTO NUMERO 10 CTS. CERCANA A TETUAN, SEVILLA casado! Hacia allá lejos han tendido la mirada todos los inconformes y todos los ilusos del Viejo Mundo. Los que tenian sed de oro y los que sentían hambre de libertad. Los facinerosos que huían de la Justicia como los bienhechores que buscaban Larg: amarras... ar una Justicia mejor. Los tratantes de esclaVuelta a salir de lo cotidiano. U n dia vos y los fundadores de nuevas religiones. amanece en que el baúl muestra su fon- Los piratas más sanguinarios y los m á s do emocionante a la mirada estupefacta. E l fervorosos misioneros. Sobre la llanura del viejo baúl, que na rodado por tantos fur- Atlántico, quimérico reino de Catay, inaugones de tren y tantas bodegas de trans- gurado por la fantasía de las tres carabeatlántico; que ha sido arrastrado violen- las andaluzas, América se levanta como el tamente, como una victima de un crimen gran espejismo que no se extingue ni pabrutal, por los andenes de las estaciones y lidece jamás. las planchadas de los puertos. E l baúl vuelOtra vez al barco. Y seguiremos el misve a llenarse de camisas almidonadas y de pares dé zapatos. Es preciso partir otra mo itinerario que seguían las naves de los vez. Y someterse a la fatalidad de andar, descubridores. Aparecerán en el azul intende n a v e g a r ¡Oh, irremediable destino del so del mar del trópico las islas; el collar alma, que tiene que desear siempre c! pai- frondoso y florido de las Antillas. Con sus nombres bonitos. Con sus ciudades de cosaje o el bien que se hallan distantes! lores acostadas bajo colinas como jardiAllí espera otra vez el buque, acostado nes. Hasta parar en la Tierra Firme. En contra el muelle. L a sirena está pronta a aquello que llamaban Tierra Firme los deslanzar su alarmante alarido; las grúas mue- I cubridores, tal como si en las islas, por ven sus aspas poderosas con estrépito de grandes y hermosas que fuesen, se hub eran nerviosas maquiuillas; allá irá también rni realmente sentido cohibidos y disminuidos; baúl, prendido en el aire del garfio inexo- ellos que eran hombres de tierras grandes, rable de una grúa. Pronto. V a n a comen- prolongadas y firmes, como, por ejemplo, zar los gritos de mando de la maniobra. Es la Extremadura. Y en llegando al macizo preciso embarcar. Y lanzarse de nuevo a la continental, lo primero que hicieron fué lanventura de l; s grandes navegaciones, de las zarse en persecución del reino de E l Dorasorpresas de cada mañana, de los descu- do. ¡O h magníficos aventureros y fantabrimientos ¡t o d a v í a! inesperados. Otra seadores, flor fidedigna de la raza! vez a descubrir mundos. S i quieres, tú me acompañarás, lector, en A s i se cumplirán las promesas de la ado- todo el curso de esc itinerario. Conocerelescencia, cuando uno, contemplando las es- mos nuevos cielos, nuevas gentes y costampas de una edición cualquiera de Gaspar tumbres. Otra luz y otro aire despertarán y Roig, quedaba fascinado por la seduc- en nosotros sensaciones desconocidas. ¡Que ción de los bosques de cocoteros y las pi- no se agote nunca la curiosidad! ¡Q u e no raguas de los indios del Orinoco y ambicio- termine nunca en nosotros la fe en nuevos naba llegar a ser un descubridor de tierras descubrimientos, en consecutivos desfloramaravillosas como Ojeda, Balboa, Pizarro. mientos! Y ahora, al mar. Todas las gaPues bien; los sueños de la adolescencia no viotas de la bahía de Cádiz rodeaián por mienten. T ú vas a cruzar en piragua la un momento al transatlán +i co v le acompacorriente azul del Orinoco. De esta ma- ñarán como una blanca nube propicia. nera el hombre que ha vivido tanto se dispone a cerrar la curva de los sueños de la J S M. S A L A V E R R I A OÉ niñez. D I A R I O 1 LUSTRADQ. AÑO VIGÉ- S I M O Q U 1 N 1 O N. 8.382 f g R E D A C C I Ó N P R A D O D E SAN S E B A S T I A N SUSCRIPCIONES Y A N U N C I O S MUÑOZ O L I V E EL PASA 1 E R O L U Sl O N A D O cesita leer ni informarse para opinar de omnia ce. Es una prerrogativa del sexo, que ejercita sin moderación, sobre todo en los teatros, durante la representación de la ópera. L a literatura erótica es la más buscada por ciertas señoritas que están vacilando entre la ociosidad y la golfería y han menester de un estímulo para que su razón se defina. L o que piden estas damiselas al libro es una especie de legitimación anticipada de sus descarríos futuros. Víctor Marguerítte recluta su clientela entre ellas. T a m bién las viejas aventureras, veteranas del adulterio, leen esa novelería perversa, con la delectación con que leemos nosotros a los Santos Padres. L o que buscan en el libro que las ha encantado es su prop a clasificación. Corre ahora, como dogma válido, de una moral novísima, el de la libre disposición del cuerpo, y ese dogma es el tronco de la literatura a que me estoy refiriendo. Del alma no se preocupan esos reformadores de las costumbres, porque, a su micio, no tiene ninguna función que desempeñar en el amor, que no es actualmente, según preveía Chamfort, sino el cambio de dos fantasías y el roce de dos epidermis. E l segundo grupo literario es, por fortuna, el que goza de más predicamento entre las mujeres. E n él está situada la novela tradicional, compuesta, como es d e r i gor, con e enientos de la realidad y con sugestiones de la imagmacióu. Pierre de Conlevain, que es un seudónimo de mujer, me parece la personalidad de más noble relieve de ese grupo. ¿Por qué no es traducida en España? A la cabeza de! primero de esos grupos pondría yo, sin vacilar, a Raimunda Marchand, la autora de La posesión, novela de un magnetismo sensual, que reclama con urgencia la aplicación de la ducha fría para quien guste de su lectura. Viene, por último, el tercer grupo, que podríamos llamar de la- literatura soporífera. A esas escritoras no se las puede meter el dente más que en posición horizontal, porque sus páginas rivalizan con los opiáceos, y el sueño nos viene a los ojos inevitablemente, oyendo sus confidencias. Entre las escritoras que ejercen honestamente su magisterio en la Prensa, ninguna me gusta tanto como Berthic. Es humana, inteligente y amena. Ser humane con la pluma equivale a dominar, por intención, grandes problemas filosóficos. E que entra en las frondosidades de la vida v descubre a menudo una contrad cción dolorosa entre sus exigencias y nuestros ined os, no está por debajo de un Kaiit o de un Spinoza, arquitectos geniales de la moral, cuyas construcciones nos convencen, claro está, mucho menos que la que nos legó Jesús de Nazareth. Descubrir aquellos contrastes es más propio del novelista que del cronista, i H a escrito novelas Berthie? Si no se ha lanzado a ese género, no es seguramente por falta de persp cacia para entrar en los corazones, ni de arte para descubrir sus ansiedades y sus tormentos, sino porque existe toda una casta de escritores que rehuyen, por t i midez o por indisciplina intelectual, a obra de grandes dimensiones y prefierer frac. L i a r l a en n Rueños cuadros. Es una lástima que Bcithie no se sienta tentada por empresas de más alto vuelo. Pero, en fin, entro en matoria. L a mujer de nuestra época, viene a tíe: Cuando se cruza l a Mancha, camino de Andalucía, hay un trecho en la llanura rasa y luminosa en que se opera el fenómeno del espejismo. Los montones de casuales arbolados que aparecen a lo lejos semejan flotar sobre el agua, tal como si la inmensa planicie hubiérase anegado de pronto, p como s la Mancha fuese verdaderamente el mar. Este mismo fenómeno recuerdo habed observado en la Pampa argentina, donde los grupos de eucaliptos y sauces que rodean a las estancias fingen isljs semisumergidas en un mar de inefable serenidad. Y cuentan que en los Llanos de Venezuela se reproduce idénticamente el fenómeno de espejismo en los pequeños palmares que dan sombra a los hatos Y o me dispongo ahora a marchar a Venezuela tras la ilusión de ese imaginado espejismo. Qué es América, después de todo, más que un grande y secular efecto de espejismo? Patria de los- sueños de cuantos ambiciosos han nacido en Europa desde hace cua ro siglos. Pero no incurrió el propio y pobre Cervantes en la fascinación de las Indias? Allí, en el Archivo de Sevilla, esta guardada la solicitud que hiciera el futuro padre de Don Quijote, pidiendo un empleo para la. lndíes. Y la nota en eme se le niega el favor, ¡desventurado indiano fra LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA D E LA MUJER Un problema transcendental Si se me invitase a decir lo que pienso de las mujeres que escriben para él público, mi cuidado más urgente sería el de clasificarlas eu tres grupos: las que, haciéndose la ilusión de contribuir a la libertad de su sexo, lo soliviantan y corrompen con una literatura afrodisiaca y deletérea, que trasciende a mancebía; las que lo educan y divierten con un arte de buena ley, fuertemente influido por la moral cristiana, y, por último, las que lo aburren y nos aburren a los del otro sexo, sembrando necedades a voleo. De esos tres tipos literarios, el primero es un peligro; el segundo, un regalo, y el tercero, una calamidad. Estoy hablando, naturalmente, de Francia, donde la mujer sostiene una comunicación, asidua con la letra impresa. E n otros países menos adelantados la mujer no ne-
 // Cambio Nodo4-Sevilla