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PARÍS. EL NUEVO MINISTERIO FRANCÉS DE I Z Q U I E R D A A D E R E C H A E N P R I M E R T E R M I N O S R E S C I t E R O N F I N A N Z A S H V I S E R T J U S T I C I A T A R D J E U P R K S 1 D E N C I E I N T E R I O R B R I A N D NEGOCIOS E X T R A N J E R O S L E Y G U E S M A R I N A L O U C H E R T R A R A J O S E C U N D A E l LA L A C R E N T- E Y N A C A V I A C I Ó N M A L L A R J I R S U B S E C R E T A R I O D E OBRAS F C H U C A S M A R R A U D I N S T R U C C I Ó N P U B L I C A D E N N E S S Y A C R K T L T U R A V H E R K I R C H S U B S E C R E T A R I O D E B A R A J O B A R E T Y ENSEÑANZA T É C N I C A P L A N O Í N C O M E R C I O G M L E T P E N S I O N E S K X LA T E R C E R A F I L A SERÓN, S U B S E C R E T A R I O D E A G R I C U L T U R A P E R N O T O B R A S P U B L I C A S M A X A U T S U B S E C R E T A R I O D E L I N T E R I O R D E L I C N E S U B S E C R E T A R I O D E M A R I N A ¡D E L M O N T S U B S E C R E T A R I O D E C O L O N I A S ROI. T IN, M A R I N A M E R C A N T E P O N C F T S U B S E C R E T A R I O D E B E L L A S A R T E S I I E R A U D S U B S E C R E T A R I O D E L A P R E S I D E N C I A MAG 1 NOT, C U K R R A V I B T K C O J O N I A S Y O H A M I E T I E R D E R I M E S S U H S K C R F T A R J O D E F I N A N Z A S (F O T O MARÍN política tuvo todo lo que se quiera menos alto sentido tradicional. Alcanzó el bien político- -y no fué poco- -en la conciliación híbrida v útil, como es útil el mulo, pero inepto para servir a (a reproducción de la especie nacional histórica y a su bella andadura, que se llama la nación a caballo Francia había sido el enorme remolino fantástico de la Revolución y del Imperio. Había padecido después, mucho m á s que nosotros, los magníficos encastil. amientos ideales de sus derechas, y las demagogias dominantes y arrolladoras de sus izquierda: -el iuego archisectario de los drapcaux- pero mucho más que nosotros había visto a salvo de fa doble injuria que esteriliza o guillotina su tradición ubre y auténtica, difusa y fértil en sus letras como en su cocina, en su Estado Mayor y en su vida local, en sus nanufacturas y en su política exterior, en su cortesía y en su codicia Honor a luana de A r c o y a Rabelais N o muy diversamente se desenvolvían Italia o Tñg- arerra. Frente a ellas, nuestra polínica pudo parecer la más desmemoriada de h stóricñ experiencia, ia más ignara ante la geografía v geología del país, ta más aislada de vivas corrientes populares, la más reaccionaria para ojos europeos y- -triste paradoja- -la menos virilmente tradicional v más femíneamente progresista. ¿Culpas a la Consti ución? C esi la favJe ñ VoHüire. La constitución staba a España como la tal i ana y francesa a sus países. Sostenerla primero ron las armas v luego con Gobiernos fué lo mejor en lo peor. ¿Proyectos de Administración local, cuchi- lladas quirúrgicas al centralismo exótico y ejecutivo? Remedio v palabrotas de Polichinela; si se piensa que todo nuestro verbo tradicional en ia vida política y en la solemnidad pública se había reducido a una bambolla patriotera, declamatoria y quejumbrosa, a una hida guería l i eraíesca, a un casticismo abigarrado y- edicho, a un sermón engolado de fray Gerundio o a una flor natural sobre carabelas, quijotes o escoriales. Alo hay centralismo ni anticentralis trio fecundos con este bagaje patriótico. No hay siembra regeneradora con tale? cascaras. Sólo hay, bajo irrisorios crope ¡es, hibridismo de acémila útil, mulo administrativo, denigrado y heroico, pero hibridismo, que es, ante todo, incapacidad de reproducir la tradición, o sea ia especie. N o sabemos dónde padeció y: e extravió más dolorosamente ¡a tradición de la gente española: en el ditirambo nacional o. en el potro extranjero. Entre nuestras izquierdas, que tanto vigor popular y libera! podían encontrar er ella, -fué abolida ante los monooolios enfáticos v seudoírad; dónales de enfrente. Q u é no pasaría, -ruando hoy hasta ciertas zonas de la extrema derecha parecen disgustadas de aquel falso tradicionalismo exclusivista- -que rechuparon y exprimieron hasta ía náusea- y hoy se revisten de una sociología belga o alemana, incolora V frígida, sobre todo por mal aco. nodada a la corriente histórica de nuestro país y a su grande v liana unidad religiosa. Sin embargo, cu ido el patriótico fervor quiere expresarse entre nosotros, tie- te que echar mano de aquel deplorable repertorio lleno de lagunas en su lado más caro, alegre v popular, y lleno de hinchadas falsificaciones en sus motivos más universales y simbólicos- -el Cid, el Quijote, la Reina Isabel- que acabarán por hacerse insoportables a la buena gente. Una de las desproporciones que más han permitido la turbia especu ación separatista o la clara y resignada indiferencia de otras partes de España ante ia cesa púbbca, era é s t a que m entras regiones, riberas de ríos, llanos y montanas se nutrían de viva tradición, más o me nos organizadas, las omparsas centrales y gohernanes eran, en cuanto al sentido tralicional. puramente ramplonas y grandi oTientes. palabreras y evocadoras, conceptuosas fp- i -t- aie v hn radescas. Tamá salieron ai tablero con las voces vitales, inmortales, populares v prácticas de una alta tradición, unificadora y sonriente, con toda su geográfica alegría. El tono constructivo- -seguro índice del tono político- -perpetró en la me rópoü sus horrores arquitectónicos, sólo parejos a los de. Barcelona cuando Barcelona se volvió con la ¡Jifia y el europeísme otra hinchazón rival de vano centralismo reaccionario rogresista otro descarno dj la naturalidad radxional que había florecido, lenta v maravillosa, del mar al Pirineo. U- n arlarme radiante de tradición hubiese bastado a Madrid para entender cuál era sr fresca y moderna conciencia dei volumen, desde Herrera, el geómetra, hasta los elegantes constructores ríe Carlos III. Buenavista es más claro y actual que ia Equitativa, los Correos y á Banco. Los ar-