Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
vencida la paríe más floja, que era la A l cázar. A l año siguiente alzóse la Ladvenant con l a autoría de uno de los dos teatros cortesanos, siguiendo en triunfo su carrera artística, sin que por un solo día dejara el público de mostraría su admiración en cuantas obras representaba, y eso que por el entonces casi todo el repertorio teatral estaba compuesto por verdaderos abortos del ingenio. Pero si María Ladvenant era en el mundillo de la farsa española la primera figura de su tiempo, cuentan que, en cambio, como persona dejó harto que desear; al fin mujer de poca o ninguna instrucción, la consideración en que el público la tenía subiósele a la cabeza como suele decirse, y la hizo ser soberbia, vana e insoportable, y para que el diablo no tuviese por donde desecharla, dio con su honra y la de su marido en cuantos galanes y cortejos le parecían bien. Los más de éstos pertenecían a la más encopetada nobleza, y la buena moza, para no dejar quejoso a ninguno trataba a todos con la misma liberalidad. Así podía cantar como suya esta letra con que la representaron en cierta fiesta organizada en su deshonor por las agraviadas esposas de sus maridos: ¡Mientras duren los bobos. nada apetezco, pues me sobran las joyas, salas, dinero. Pobres simplones! ¡Válgame Dios, y qu 6 tontos que son los hombres! fin marzo de 1763 fué autora de compañía en el teatro del Príncipe, y era tal su predicamento, que acaso fué la única actriz que- se atrevió a protestar contra las decisiones de la Junta de Espectáculos, que no menos que con la prisión solía castigar a los pobres cómicos cuando éstos andaban remisos en cumplir sus mandatos, y nunca hubiera tenido que sentir con tan indigesta institución si 110 hubiese florecido entre sus caprichos el de retirarse de la escena en pleno triunfo de su arte y de su belleza, y no siendo atendida por el áspero Tribunal fuese en súplica directa al Rey Carlos III. Ello parecióle al gobernador del Consejo una osadía imperdonable en un cómico, aunque éste fuese el mismo San Gínés, y sin más contemplaciones d i o con la Ladvenant en la cárcel. Otros testimonios dicen que la prisión más fué inspirada por las linajudas damas que estaban celosas de la cómica, y bien pudiera ser así, teniendo en cuenta cómo se h i laban éstas y otras cosas en aquel tiempo. Tanto arte, tanta lindeza y tanta vanidad acabaron en plena juventud, cuando aún podían esperarse grandes maravillas artísticas de la insigne comedianta. Faltóle de pronto el favor de sus protectores cansados de ser tantos a llevar la carga que podía sufrir uno solo; faltóle la condescendencia de los autores en hacerla más préstamos sobre sus sueldos, y faltóle, en fin, la salud, que era faltarle todo, y, acometida súbitamente de un ataque violento, que la ciencia de entonces no supo diagnosticar, murió el 1 de abril de 1767 Su entierro, verificado al día siguiente, fué presenciado por todo M a d r i d desde el de Lope de Vega no había tenido lugar otro que produjera tanta emoción en el pueblo. ¿Cómo sería, que, habiéndose verificado aquel día la expulsión de los Jesuítas, nadie se curó de este suceso y en parte a l guna hubo palabras y lamentaciones sino para la actriz, que ya no tornaría a ser reina en la fingi y deleitosa república de la farándula? E l cuerpo de María Ladvenant recibió sepultura en Ja capilla que los cómicos españoles tienen fundada en la iglesia de San Sebastián, bajo la advocación de la V i r g e n de la Novena. (DIEGO SAN JOSÉ j COMEDÍANTASJXE ANTAÑO Diego San José nos hace hoy una semblansa de la famosa María Ladvenant que mvió y triunfó en el siglo XVIII, junto a comediantas que escalaron la celebridad por su vida y por su arte. La segunda mitad de aquella centuria fue muy fecunda en mujeres de teatro y de rumbo, como esta desenfadada María Ladvenant, a quien el pueblo de Madrid veneraba. Reproducimos tres grabados de la época con las figuras de María Ladvenant (1) María Antonia Vallejo y Fernández, La Caramba (2) v Juana García (3) (Fetos Duque)
 // Cambio Nodo4-Sevilla