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NUMERO EXTRAOR D 1 NARIO 20 C E N T S AÑO V 1 GESIMO) B) g QUINTO. ABC Bellezas del Pirineo. N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMO) g Q U I N T O -jg aislado del mundo durante la mayor parte del año, entre las altas montañas pirenaicas, el valle de Aran, ese rincón, de España ignorado de España, vive una existencia humilde, pero feliz y bella, llena de serenidad y de confianza en el propio destino. E n invierno, durante los meses crudos en ue la nieve cubre todo el Pirineo, ciega los caminos, cierra el paso de atajos y trochas y tiende sus velos albísimos sobre el verdor del valle, estos pueblecitos araneses, de blancas casitas cubiertas de pizarra, que el agua helada bruñe y abrillanta, son como un maravilloso país de nacimiento o el dibujo aprovecha el paréntesis de bonanza, que le estilizado de un paisaje ruso. Durante este parece fugaz como una sonrisa de amor, y tiempo, los araneses viven una vida de quie- se apresta al trabajo, cultiva sus campos, tud y de concentración en torno a la llama trafica con duplicada intensidad y vuelve encendida de sus hogares, sin noticias ape- a ensanchar el radio de su mundo con la nas del mundo, sintiendo que el universo lectura de los periódicos franceses y espaentero se limita al estrecho anfiteatro de ñoles que unos coches automóviles les traen montañas que les rodea. a través de las montañas. M a r a v i l l a pensar en cómo estos hombres, Pero en estío, cuando el sol funde las nieves y el agua baja formando torrenteras, sin más horizonte que las montuosidades p i cataratas impetuosas de irisadas espumas, renaicas, que en algunos lugares se estrevuelve al valle de Aran l a actividad y el chan tanto entre si que los minúsculos puemovimiento, renace t i verdor obscuro y sua- blecitos ya no están en el valle, sino en las ve, como de un suntuoso terciopelo, de la laderas mismas de las dos vertientes moncampiña, y hasta las altas montañas de inac- tañosas, y sin más que un trocito de cielo cesible cima pierden su gesto hosco, su blan- t que asoma tímidamente entre las altas cumca desolación imponente, y todo parece en j bres, han podido v i v i r al unísono del tiemellas más cordial v más humano. E l arañes 1 po en muchos momentos de la historia, y ERDIDO, P el valle Je A n i II cómo el genio prodigioso del arte- -del arte cristiano principalmente- -ha penetrado allí en épocas lejanas, dejando huellas a d m i rables de su paso. U n a de las cosas que más sorprenden a l viajero que por primera vez visita este hermoso y recóndito paraje del P i r i n e o más aún que el esplendor de sus bellezas naturales, más también oue la sensación de i m ponente grandeza del panorama, en el que los pueblecitos chiquitines y lindos ponen una nota de contraste con su miniatura, es la abundancia de iglesias bellísimas, de valor y mérito arquitectónico, y las obras de interés y belleza artística que en muchas de ellas se guardan y atesoran. Podría hacerse un libro con sólo hablar de estas pequeñas iglesias, de estos templos, que el fervor piadoso de los araneses elevó en el centro mismo de sus pueblos y que se alzan como vigilantes atalayas. L a iglesia de V i e l l a de arquitectura de transición de los siglos X I I y x m como la mayoría de las demás de Aran, es una maravilla de gracia artística. De una sobria y severa elegancia en sus orígenes, ahora está desfigurada por posteriores reformas y aditamentos, pero aún sigue conservando su aire de grácil gentileza. C o n su fachada gótica, de altos relieves admirables y su torre esbelta, es una de las más bellas que hemos visto. Se conserva en ella
 // Cambio Nodo4-Sevilla